Sudán

A unas semanas de la independencia del Sudán meridional, UNICEF brinda apoyo a los niños de las zonas fronterizas problemáticas

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© UNICEF Sudan/2011/Ingram
Unas madres y sus niños en el hospital pediátrico de Malakal, en el Sudán meridional.

Por Simon Ingram

MALAKAL, Sudán meridional, 19 de mayo de 2011. El agujero de bala luce alto en la pared encalada de lo que es, por lo demás, una sala de conferencias perfectamente normal, del estilo que podría verse en cualquier oficina de UNICEF en el mundo. Sin embargo, para el personal de UNICEF de la oficina de Malakal, el enlucido descascarillado -y el marco de un mapa dañado por el rebote de bala situado en la pared opuesta- es un crudo recordatorio de los retos que afronta.

Venga por aquí el 9 de julio, cuando el Sudán meridional obtenga la independencia, el personal estará próximo a una frontera internacional completamente nueva entre Sudán y su reciente nuevo vecino.

Hace un mes, las trifulcas de la milicia armada mataron a más de 40 personas aquí y dejaron su huella en la oficina de UNICEF. Por ahora, una calma tensa ha regresado a Malakal. Malakal, capital del estado del Alto Niño, se asienta a aproximadamente medio camino entre Jartum (unos 700 km al norte) y Juba, la capital in péctore del futuro estado del Sudán meridional.

La zona sufrió duramente las décadas de guerra civil intermitente que concluyó con el acuerdo general de paz de 2005. Seis años más tarde, el Alto Niño sigue aislado y subdesarrollado. Los indicadores de mortalidad materna e infantil, la matriculación escolar y el saneamiento se cuentan entre los más bajos de Sudán.

El nuevo pabellón pediátrico brinda esperanza

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Fatina tiene 18 años y su hijo Manjok, que padece desnutrición, han pasado numerosas semanas en un hospital de Malakal, Sudán meridional.

Se trata de una situación con implicaciones sombrías para las jóvenes madres como Fatina, que tiene 18 años. Hace cuatro semanas trajo a su hijo Manjok, que padece desnutrición grave, al hospital pediátrico de Malakal pues temía por la vida del niño.

Hoy, Manjok y su madre ocupan una cama del edificio hospitalario principal, que se desmorona, y las condiciones del niño han mejorado mucho. Algunos de los demás niños del pabellón presentan un aspecto débil, entubados por la nariz para su alimentación y en los ojos una mirada vacía. Los ventiladores del techo del pabellón cuelgan despreocupadamente en medio del opresivo calor del mediodía, sin electricidad alguna para hacerlos funcionar.

Sin embargo, al cruzar el patio, hay un atibso de un futuro más esperanzador para la infancia de Malakal. Un nuevo ala pediátrico de dos pisos está en construcción, parte de cuyos fondos proceden de UNICEF. S. E. Stephen Lor Nyak, Ministro de Estado para la Salud afirma que estará listo para su inauguración el 9 de julio.

“Agradecemos de veras el apoyo de UNICEF para la mejora de la infraestructura del hospital", expuso Lor Nyak a Louis-George Arsenault, Director de las Operaciones de emergencia de UNICEF, que estaba de visita. "Esperamos que UNICEF continúe colaborando con el gobierno para mejorar la prestación de servicios de salud a los niños", añadió.

La planificación a largo plazo

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Un nuevo ala pediátrico está en construcción en el hospital de Malakal (Sudán meridional), parte de cuyos fondos proceden de UNICEF.

A los funcionarios estatales les preocupa que la presión a la que se ha visto sometido el frágil sistema de atención médica pueda aumentar dentro de poco. Desde enero, cuando la población del Sudán meridional votó abrumadoramente a favor de escindirse del resto del país, unas 45.000 personas han regresado al Alto Nilo desde Jartum y el norte, según Anderia Maya, Vicegobernador del Estado. Puede que pronto estén de camino muchos más.

“Todos los años tenemos que hacer frente a las emergencias", señaló Maya, "pero no contamos con enfermeras, maestros y otros servicios para cubrir las necesidades básicas".

UNICEF ha dirigido operaciones en Malakal desde 1994. Su personal colabora con el Gobierno y otros aliados en tres estados –Alto Nilo, Unity y Jonglei– mediante una completa gama de programas sobre nutrición, protección infantil, VIH/SIDA, educación y agua y saneamiento.

No obstante, los obstáculos son inmensos. La naturaleza de la violencia y la inseguridad que ha descendido sobre Malakal en numerosas ocasiones durante 2011 torna a menudo imposible el traslado de suministros y servicios a las comunidades más inaccesibles. La tarea es todavía más difícil en la temporada de lluvias, cuando las carreteras no pavimentadas se convierten en un lodazal durante meses. Además, la región depende mucho de las importaciones desde el norte de alimentos y otros bienes esenciales.

“Es un momento emocionante para estar en Sudán, pero no se debe subestimar los desafíos", dijo Arsenault, mientras señalaba que la presencia de UNICEF en el país es de larga data. "Necesitamos establecer qué actividades son prioritarias, garantizar que disponemos de suministors donde los necesitamos y planificar a largo plazo".


 

 

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