Panorama: Paraguay

En medio de la pobreza extrema, los centros comunitarios ayudan a las familias en Paraguay

Imagen del UNICEF
© UNICEF Paraguay/2010/Cabrera
Una madre y sus cinco hijas en Bañado Sur, Paraguay.

Por Ami Cabrera

BAÑADO SUR, Paraguay, 21 de octubre de 2010 – El vertedero de Cateura, en la zona del bañado Sur del río Paraguay, es el lugar de disposición final de de 1.500 toneladas de residuos sólidos a diario. El deficiente sistema de separación de basuras es el causante de que la principal fuente de suministro de agua del país se haya contaminado peligrosamente.

La pobreza y el trabajo infantil

Siete barrios que rodean el vertedero de Cateura albergan a unas 2.500 familias. La mayoría de estas familias ganan el sustento diario con el reciclado de basura, los niños y niñas se afanan en la pesada y ponzoñosa tarea de recolectar residuos o realizar la venta ambulante de mercaderías.

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© UNICEF Paraguay/2010/Cabrera
Un niño camina en medio de un vertedero en la zona de Bañado Sur, en Paraguay.

La pobreza obliga a trabajar a estos niños desde muy temprana edad. El analfabetismo y una educación insuficiente constituyen el problema.

El Programa Abrazo, que cuenta con el apoyo de UNICEF, dio comienzo gracias a la Secretaría Nacional de la Niñez y la Adolescencia de Paraguay para la disminución progresiva del trabajo infantil en las calles y busca el fortalecimiento de los servicios de atención a la niñez existentes en estos barrios.

Un servicio de comidas

En el barrio San Blas funciona hace tres años un comedor comunitario y ofrece comidas a más de 90 niños de lunes a viernes.

Imagen del UNICEF
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Una mujer paraguaya prepara la comida.

Elodia Vera es considerada la “abuela del barrio”. Ella encabeza el grupo de madres que se encargan de la preparación cotidiana de los alimentos suministrados por el Instituto de Bienestar Social del Ministerio de Salud Pública.

“Muchas veces los niños se van a la escuela y al regresar a sus casas no encuentran qué comer”, dice Vera. “Sus papás están trabajando y tienen hambre, pero no tienen nada en la mesa, aquí al menos pueden comer un plato saludable”.

Un desafío que ya se plantea este grupo comunitario son las inundaciones en los días lluviosos. “Cuando llueve los niños tienen que caminar con el agua a veces hasta las rodillas”, explicó Vera.

Otro tema por solucionar es la escasez de agua potable.

El apoyo de la comunidad

El Centro Comunitario, Cultural y Recreativo-Cateura también forma parte del Programa Abrazo. El centro ofrece clases educativas de refuerzo y un lugar seguro para los niños.

Cristina Martínez dejó de enviar a la escuela a sus hijas Rocío y Brisa, de 7 y 4 años respectivamente, después de que la más pequeña sufriera un abuso sexual. Como no sabe ni leer ni escribir, Martínez buscó la ayuda de un trabajador social del centro. La familia recibió orientación psicosocial y apoyo emocional. Los trabajadores sociales del Programa Abrazo la animaron a que enviara de nuevo a sus niñas a la escuela.

Después de las clases matinales, ambas niñas van al centro social mientras su madre trabaja como asistente doméstica.

UNICEF y sus aliados rellenaron y nivelaron el piso del patio del centro social para evitar inundaciones e instalaron una nueva bomba eléctrica y un depósito de agua, así como una alambrada para que el lugar fuese más seguro para los niños.

Atender a una familia

Evelyn tiene 6 años y asiste a la sesión matinal de refuerzo educativo en el Centro Comunitario, Cultural y Recreativo-Cateura. Su madre, Gladys Nayeli, mantiene a cinco de sus ocho hijas que todavía viven en casa gracias a su trabajo en una pequeña cafetería. Gana dos dólares diarios.

Las niñas van al centro mientras su madre trabaja y comen el almuerzo en la cocina de la comunidad. Vanessa tiene 13 años, asiste a la escuela por la tarde y después vende hilo y agujas en la calle para ayudar a su familia.

La crianza de ocho hijas no ha sido fácil, según comenta Nayeli. “Vivía en Capiatá con su padre, pero me separé de él hace siete años”, dijo. “Él no me ayudó en absoluto y se escapó con otra mujer. Tiene a otros tres niños con ella”.

Hoy, una de las preocupaciones principales de Nayeli es mantenerse sana y poder atender a sus hijas. “Todavía tengo hijas jóvenes que dependen de mí” explica.


 

 

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