Malawi

En Malawi, los asistentes de vigilancia de la salud son un vínculo vital entre las comunidades y el sistema de salud

Por Victor Chinyama

En todo el mundo, la mortalidad de menores de cinco años ha descendido en más de 12 millones de muertes en 1990 a 7,6 millones en 2010 y sin embargo, miles de niños todavía mueren cada día por enfermedades prevenibles. El 14 y 15 de junio de 2012, los gobiernos de Etiopía, la India y los Estados Unidos, junto con UNICEF, convocan el Llamado a la acción sobre la supervivencia infantil, una reunión para movilizar al mundo hacia un objetivo ambicioso pero sencillo: acabar con las muertes prevenibles de los niños. Este artículo pertenece a una serie que pone de relieve los esfuerzos mundiales para mejorar la supervivencia infantil.

POBLADO DE CHIMPHANGA, Malawi, 11 de junio de 2012. Blessings Makono está en pie desde las ocho de la mañana y dirige la “clínica del poblado” que hay al salir de su casa. Diez mujeres se encuentran sentadas en el piso polvoriento, sus bebés bien envueltos a sus espaldas con el paño tradicional denominado chitenje.

VÍDEO (en inglés): Yamikani Maganga, corresponsal de UNICEF, informa sobre las funciones cruciales que desempeñan las clínicas de los poblados: salvar las vidas de los niños de Malawi.  Véalo en RealPlayer

 

“¿Que le pasa a tu hija?” pregunta a una de las madres, mientras anota la información en la cartilla de salud del niño. “Hace dos días tuvo una fiebre muy alta y empezó a vomitar”, dice Mwanaisha Lubaini. “También se queja de tener dolor de estómago”.

Awesha (4 años) muestra signos de desnutrición. Makono pone su mano sobre la frente de la niña y verifica si tiene fiebre. Utilizando el cronómetro de su teléfono móvil, mide el ritmo cardíaco del niño. Presionando sus pies con el pulgar, el Makono comprueba si sufre edema y a continuación observa el interior de sus párpados. Si está pálido, explica luego, significa que la niña tiene anemia.

El diagnóstico de Makono es que Awesha sufre paludismo y le administra la primera dosis del medicamento antipalúdico. Asimismo proporciona a Lubaini medicinas para que se las lleve a casa, así como instrucciones estrictas sobre cómo utilizarlas. Si nada cambia en tres días, dice, tiene que volver a traer a Awesha para una nueva evaluación.

“Como promedio, trato de 15 a 20 niños al día”, dice. “Las enfermedades más frecuentes son el paludismo, la diarrea, la neumonía y las infecciones oculares. Si el niño no muestra signos de mejora en tres días, lo remito a un centro de salud para que reciba tratamiento”.

Imagen del UNICEF
© UNICEF video
Unos aldeanos acuden a ver a Blessings Makono, un asistente de vigilancia de la salud local del poblado de Chimphanga (Malawi).

Llevar la atención médica a la población

Makono es uno de los dos auxiliares de vigilancia de la salud del poblado de Chimphanga, en Salima, un distrito pesquero en las costas del lago Malawi. Junto a su colega, Makono dirige una clínica diaria con el empleo de un botiquín suministrado por UNICEF. El botiquín contiene antibióticos, pastillas antipalúdicas, sales de rehidratación oral y zinc. En la campaña de Malawi para combatir las enfermedades más frecuentes de la infancia, estos auxiliares han desempeñado una función fundamental al acercar la atención de la salud a la población y salvar por tanto sus vidas.

“Si esta clínica no estuviese aquí, habríamos tenido que alquilar una bicicleta para llevar a Awesha a Khombedza”, comenta Lubaini. “Cada viaje cuesta 600 kwachas de Malawi (2,40 dólares estadounidenses), una cifra que no podemos pagar”.

Khombedza, el centro de salud más cercano, está a 14 km de Chimphanga. En un país donde casi la mitad de la población vive con menos de un dólar al día, 600 kwachas es más de lo que la mayoría de los hogares pobres pueden permitirse. Lubaini tardaría horas en llegar al centro de salud y el esfuerzo y el tiempo que requiere significa que los progenitores se muestren reacios a buscar asistencia médica cuando sus hijos se ponen enfermos. La clínica del poblado de Makono garantiza el tratamiento a sólo unos cuantos minutos a pie.

“Me gusta mi trabajo porque salvo vidas”, dice con una amplia sonrisa. “Desde que comencé a trabajar aquí hace 15 años, ningún niño ha muerto en este poblado de una enfermedad que yo pudiese curar”.

Cuando no trata a los niños, Makono realiza visitas domiciliarias en las que enseña a la comunidad prácticas positivas para el cuidado de los niños, incluida la lactancia materna exclusiva, el uso mosquiteros tratados con insecticidas de larga duración, el lavado de manos en momentos clave, el agua potable tratada con cloro, así como la importancia de asegurar un entorno limpio. Además, todos los meses, las enfermeras del centro de salud Khombedza realizan labores de divulgación, con varias actividades esenciales de salud, como vacunación, medición del peso, eliminación de parásitos y la distribución de mosquiteros, micronutrientes, hierro, vitamina A, ácido fólico y yodo.

Imagen del UNICEF
© UNICEF video
Una mujer lleva a su hija para que la examine Blessings Makono, un asistente de vigilancia de la salud local en el poblado de Chimphanga (Malawi).

Reducir la mortalidad infantil

En 2011, Malawi disponía de cerca de 12.000 asistentes de vigilancia de la salud. Estos trabajadores de la salud son el vínculo vital que existe entre los poblados y el sistema de salud. La mayoría solamente dispone de un certificado de escuela secundaria y no han participado en ninguna capacitación médica oficial, pero el curso de 11 semanas que han recibido sobre la gestión integrada de las enfermedades de la infancia es suficiente para permitirles diagnosticar y tratar las enfermedades más comunes de los niños.

El programa de asistentes de Malawi ha contribuido considerablemente a reducir las tasas de mortalidad infantil en el país. Las tasas de mortalidad de menores de 5 años han disminuido de 222 por cada 1.000 nacidos vivos en 1990 al 92 por cada 1.000 nacidos vivos en 2010. Las peores enfermedades infantiles –el paludismo, la diarrea y la neumonía– no solamente se pueden evitar, sino que es posible curarlas con tratamientos simples como los que el Sr. Makono administra en su clínica del poblado.

El Comité de salud del poblado supervisa minuciosamente la labor de los asistentes. Este comité está compuesto por un número igual de hombres y mujeres y actúa durante tres años. Makono dice que los comités han sido decisivos para instar a la comunidad a respaldar la clínica.

Makono dice que recibe a sus pacientes en su propia casa en cualquier momento del día o de la noche. “Primero acuden al presidente del Comité de salud y éste me trae el paciente a casa. Mientras haya un niño enfermo yo lo trataré”.


 

 

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