República Democrática del Congo

En la República Democrática del Congo, UNICEF presta su apoyo a iniciativas orientadas a que los menores de edad que trabajan regresen a la escuela

Por Cornelia Walther

KIPUSHI, República Democrática del Congo, 13 de junio de 2012. Con la frente cubierta de sudor, Bitshilwalwa Bukula (16 años) intenta picar una piedra en fragmentos más pequeños. La pequeña cubierta de plástico ofrece cierta protección frente al ardiente sol de mediodía pero el trabajo es arduo.

VÍDEO (en inglés): La corresponsal de UNICEF Suzanne Beukes informa acerca de iniciativas orientadas a interrumpir el ciclo del trabajo infantil en las minas de la República Democrática del Congo.  Véalo en RealPlayer

 

Bitshilwalwa tuvo que abandonar la escuela hace dos años porque sus pogenitores no podían afrontar los gastos de escolarización. Junto con sus dos hermanas y su madre, todos los días acude a la mina de Kipushi, donde su trabajo consiste en picar piedras que después se venden como material de construcción.

Todos los días realiza el mismo trabajo, de la mañana a la noche, de lunes a domingo. El trabajo de hoy no le reportará más que 3.000 francos CFA, el equivalente a 3,30 dólares; suficiente para comprar arroz y verduras para su familia.

“Veo a mis amigos que van a la escuela, y me apena”, dice. “Quisiera dejar este trabajo y regresar a la escuela”.

Una salida de la vida en las minas

Lejos de las minas, Sarah Mapoye (19 años) hace los últimos retoques en una camisa que confecciona para una joven. “Mi cliente me pagará 3.500 francos por esta camisa”, dice orgullosa.

Sarah es modista. Hasta hace cuatro años trabajaba en las minas de Kipushi como picapedrera, al igual que Bitshilwalwa. “La gente de Group One fue a buscarme a la mina. Ellos me enseñaron a coser para poder ganarme mejor la vida”, relató Sarah.

Imagen del UNICEF
© UNICEF DRC/2012/Walther
Un trabajador social de la ONG Group One, aliada de UNICEF, conversa con un niño que trabaja en una mina de Kipushi, República Democrática del Congo.

La organización no gubernamental Group One, que cuenta con el apoyo de UNICEF, tiene como propósito sacar a los niños y niñas de las minas. A los más jóvenes se les integra en la escuela primaria, mientras que a los adolescentes mayores de 16 años se les forma en destrezas profesionales como la confección, la carpintería o la mecánica para que puedan ganarse la vida de otra manera. “Nuestro objetivo es ofrecerles una alternativa que sea sostenible. Estos niños y niñas y sus familias saben que no es bueno para ellos estar en las minas, pero no les queda otro remedio. Los materiales para la generación de ingresos son parte del programa que constituye el punto de partida para una nueva vida”.

Se registran avances

En la República Democrática del Congo conviven a un tiempo las fortunas enormes y la pobreza extrema. En la provincia de Katanga, un territorio del tamaño de Francia, se encuentran algunos de los yacimientos más ricos de cobre y cobalto del mundo, pero también se registran las cifras más elevadas de niños y niñas en edad escolar que no han tenido nunca acceso a una educación.

Según la encuesta de indicadores múltiples por conglomerados de 2010, practicada con apoyo de UNICEF y aliados, aproximadamente el 25% de los niños y niñas no asisten a la escuela primaria y el 42% de los niños y niñas de entre 5 y 14 años participan en alguna forma de trabajo infantil. No obstante, se registran avances: el país ha adoptado políticas que promueven la educación primaria gratuita y que prohíben el empleo de niños y niñas en trabajos peligrosos. El gobernador de Katanga, Moïse Katumbi Chapwe, afirma que “en la actualidad hay menos niños y niñas en las minas que hace una década. Los progenitores saben que es ilegal que estén ahí”.

Imagen del UNICEF
© UNICEF DRC/2012/Walther
Sarah Mapoye (19 años) se gana la vida confeccionando ropa en Kipushi, República Democrática del Congo. Con la ayuda de la ONG Group One, aliada de UNICEF, pudo abandonar las minas.

Así todo, el trabajo infantil sigue siendo frecuente en todo el país, en especial en las zonas mineras. De hecho, se estima que el número de niños y niñas que trabajan en las minas del sur de Katanga asciende a 40.000, lo que supone casi una tercera parte del total de trabajadores. Tal como explicaba Maxime Germain, especialista en protección infantil de la oficina de zona del sur de la República Democrática del Congo: “los niños y niñas que trabajan en las minas corren el riesgo de padecer diversos abusos físicos y psicológicos así como maltrato. Si bien las cuestiones relacionadas con la salud y la falta de educación tienen una importancia prioritaria, es necesario que los niños y niñas puedan disfrutar de su condición.”.

Respetar los derechos de la infancia

Pese a que la escuela primaria es oficialmente gratuita, los estudiantes deben abonar otros importes con los que contribuyen a la gestión básica de la escuela y que sirven de complemento a las exiguas aportaciones que las escuelas reciben del gobierno para costear los salarios de los profesores. Estos gastos pueden suponer una carga importante para las familias, lo que en consecuencia fomenta el trabajo infantil.

Con el fin de crear un entorno en el que se respeten los derechos de los niños y niñas a la educación, el agua salubre, el alimento, la protección y la atención sanitaria, es necesario el trabajo conjunto de numerosos aliados.

“UNICEF brinda su apoyo al gobierno para la instauración a escala nacional de un sistema de protección social para la infancia mediante la aplicación de un criterio de “protección de las comunidades”, con el que se busca potenciar la capacidad de las comunidades para cuidar de sus niños y niñas”, enfatizó el Sr. Germain. Más allá del gobierno y las comunidades concretas, UNICEF y sus aliados, en especial el Banco Mundial y USAID, abogan por la participación del sector privado como actuantes del cambio social en las zonas mineras.


 

 

Búsqueda