Comunicación para el desarrollo

Un día en la vida de un "raedat reefiat"

Los agentes sanitarios comunitarios y la gripe aviaria en Egipto

Imagen del UNICEF
© UNICEF/Yousri Akl 2008
A community outreach worker during one of the house-to-house visits

Por Eva Dandrian and Jenny Douglas

FAYOUM, Egipto, 3 abril de 2009 - En Fayoum, una región fértil y productiva con cientos de aldeas y comunidades estrechamente vinculadas que se extiende a unos 80 kilómetros al sudoeste de El Cairo, la jornada de Hala (Ahmed Abdel Khalek) comienza muy temprano, como de costumbre.

Tras consultar con su supervisora, Hala pasa lista cuidadosamente a las familias que deberá visitar en las próximas horas, recoge el portafolio educativo y el registro donde asentará los detalles de sus visitas domiciliarias y se encamina por uno de los polvorientos caminos de Fayoum hacia la primera vivienda que visitará en esta jornada de trabajo.

Hala forma parte de un cuerpo de unos 13.000 agentes sanitarios comunitarios, o raedat reefiat, como se les conoce localmente, que comenzaron a trabajar en 2006, cuando la gripe aviaria llegó a Egipto. Hala y sus colegas, que cuentan con buena capacitación y el apoyo técnico que les brinda un riguroso sistema de vigilancia y supervisión, visitan entre 280 y 290 familias por mes. Debido a que son reclutados en las aldeas y comunidades en las que trabajan, los raedat reefiat cuentan con la aceptación de la población, y se ganan rápidamente la confianza de las familias.

Las labores que realizan los raedat reefiat constituyen un componente fundamental del programa de educación basado en la comunidad que el Ministerio de Salud y Población de Egipto puso en marcha en agosto de 2007 con la colaboración de UNICEF y el Gobierno de Japón. El programa tiene como objetivo prestar servicio a más de 4,8 millones de familias de las zonas rurales de las 17 gobernaciones más afectadas por la epidemia.

La avicultura es una actividad ampliamente practicada en las zonas rurales de Egipto, y se calcula que es la principal fuente de alimentación e ingresos de unos cinco millones de familias. Debido a que las aves de corral suelen vivir cerca de las viviendas, los seres humanos tienen contacto constante con pollos, gallinas, patos, gansos y pavos.

Por lo general, el cuidado y la alimentación de las aves, así como la limpieza de los corrales, es responsabilidad de los niños, niñas y mujeres.

Las estadísticas indican que un 60% de las personas infectadas hasta la fecha con la gripe aviaria han sido niños, y que el 68% de esos casos correspondieron a mujeres.

“Siempre trató de hablar con las mujeres y los niños, porque son quienes están más expuestos al virus”, explica Hala, entre cuyas tareas figura la de brindar orientación sobre la planificación de la familia y prestar apoyo en materia de atención de la salud en general.

Durante las visitas domiciliarias de los raedat reefiat, los integrantes de las familias que tienen a su cargo la cría de las aves aprenden acerca de las medidas que pueden tomar para protegerse y cómo evitar el contagio de la gripe aviaria tanto de las aves como de los seres humanos. El principal mensaje, en resumidas cuentas, es: “Laven; cúbranse la nariz y la boca; mantengan las aves separadas de la vivienda; informen”.

 “También les recuerdo a las familias que nunca deberían entrar a sus viviendas con la ropa y el calzado que usen en el corral de las aves”, explica Hala.

Desafíos en materia de comunicación

Para los habitantes de estas aldeas, matar y desplumar aves es una costumbre ancestral, y sólo es posible hacerles entender la importancia de modificar esa costumbre de manera lenta y gradual.

De allí la importancia de que los raedat reefiat realicen su trabajo con delicada insistencia, persuasión y decisión.

“Lo que hacemos es darle una mano a los pobladores”, afirma Hala.  “Pero debemos hacerlo con firmeza, ayudándoles a entender que todo esto es por su bien, y por el bien de sus familias, de sus aves y de la comunidad en general”.

Pese a que la campaña contra la gripe aviaria recién está comenzando, el trabajo de los agentes sanitarios comunitarios ya ha comenzado a rendir frutos.

Manga, una mujer de 41 años, reconoce que ha modificado alguno de sus comportamientos como resultado del trabajo de una raedat reefiat que visita diariamente su hogar.

Como siempre, Manga sigue levantándose temprano todas las mañanas para preparar el desayuno de su familia, y continúa subiendo al techo de su vivienda a alimentar a sus pollos y gallinas cuando los demás miembros de la familia se han alejado del hogar.

Sin embargo, Manga ahora mantiene limpia de plumas y excrementos de aves la escalera que lleva al techo de la casa, donde se encuentra el gallinero. Tras una puerta está colgada una gallabeya, el largo vestido que usan las campesinas de la región, y una bufanda, y en un rincón, los raídos pantalones de un pijama.

“Solamente uso esas prendas cuando entro el gallinero”, explica Manga, “y cuando termino de darle de comer a las aves y de limpiar el corral, me las quito y las dejo allí”.

Gracias a las claras explicaciones de la agente sanitaria comunitaria que le visita, Manga ha comprendido la necesidad de informar de inmediato al personal del puesto sanitario de la aldea sobre cualquier ave enferma, que debe ser sacrificada, colocada en una bolsa de plástico, rociada con cloro y colocada en un recipiente de desperdicios.

Las estadísticas indican que un 60% de las personas infectadas hasta la fecha con la gripe aviaria han sido niños, y que el 68% de esos casos correspondieron a mujeres.
 “Si tomamos todas esas precauciones y seguimos los consejos de los agentes sanitarios, nuestras aves estarán sanas, nuestros hijos también estarán sanos, y nadie se contagiará ninguna enfermedad”, afirma Manga con un tono de orgullo.

“Si tomamos todas esas precauciones y seguimos los consejos de los agentes sanitarios”, afirma con un tono de orgullo, “nuestras aves estarán sanas, nuestros hijos también estarán sanos, y nadie se contagiará ninguna enfermedad”.

En otra vivienda de Fayoum, Hala se dirige a Umm Hashem y le pregunta si se lava las manos después de alimentar a las aves y antes de volver a entrar a su hogar.

Umm Hashem asiente con la cabeza. “¿Cómo podría desobedecerte, Abla Hala?”, responde la mujer con una sonrisa pícara, pero dirigiéndose a Hala con el título de “maestra”, en árabe coloquial.

Luego le da un beso en la mejilla.

”Sé que al principio te ocasioné algunos problemas, Abla Hala”, continúa diciendo Umm Hashem, “pero gracias a ti ahora crío a mis gallinas como se debe y no estoy más a la merced de la traidora gripe aviaria. Te prometo que seguiré haciendo lo que me enseñaste”.

Hala no puede evitar que el rostro se le ilumine con una sonrisa. 

“¡Ah! ¡Como amo mi trabajo!”, comenta. “No lo cambiaría por nada en el mundo”.


 


 

 

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