Uzbekistán

Las guarderías ofrecen esperanzas a los niños y niñas que viven con el VIH en Uzbekistán

Imagen del UNICEF
© UNICEF Uzbekistan/2009/Fatihova
Unos niños con el VIH en la guardería “Boychechak” en Namangan disfrutan con los coloridos juguetes que les proporciona la guardería.

Por Kamila Fatihova y Maksim Fazlitdinov

TASHKENT, Uzbekistan, 10 de diciembre de 2010 - Azim, de 12 años, que vive con el VIH asiste actualmente a la guardería Boychechak, que presta servicios para las personas afectadas por el VIH/SIDA en la provincia de Namangan, al este de Uzbekistán. Desde junio de 2010 y al igual que Azim, más de 550 niños que sufren el estigma social y la discriminación por su condición de portadores del VIH, han encontrado consuelo en estos centros. Asimismo han descubierto la oportunidad de disfrutar de su infancia una vez más.

“He aprendido que soy seropositivo hace dos años”, dice Azim. “Mi mamá estaba muy disgustada pero no pudo explicarme mucho. Durante el último año y medio he estado tomando pastillas todos los días. Esto me hace sentir mejor. Tengo un calendario especial con imágenes llamativas que me ayuda a no perder de vista mi rutina con las medicinas. Mi mamá y yo venimos a menudo a la guardería Boychechak, que abrió sus puertas en nuestra ciudad este año. Yo dibujo y juego con mis amigos mientras mi mamá habla con los padres y madres de otros niños o va de compras”. 

Un entorno libre del estigma social

Actualmente, en la ciudad de Tashkent funcionan cuatro guarderías para niños y sus familias que reciben apoyo de UNICEF (inauguradas en 2008), así como en las provincias de Andijan, Namangan y Fergana (inaugurados en 2010); se trata de las zonas más afectadas por el VIH y el SIDA en Uzbekistán. En estos centros, los niños y los adultos cuyas vidas se ven afectadas por el VIH tienen acceso a apoyo psicosocial, asesoramiento médico y jurídico y, lo más importante, a un medio ambiente libre del estigma social y la discriminación.

Imagen del UNICEF
© UNICEF Uzbekistan/2009/Fatihova
Una obra de arte realizada con plastilina por una niña de siete años portadora del VIH en la guardería “Kaldirgoch”, en Tashkent.

“Aprendí sobre la guardería de Kaldirgoch para niños afectados por el VIH cuando traje a mi hijo”, dice Muborak, una trabajadora social en el centro de Kaldirgoch en Tashkent. “Cuando llegamos al centro, era la primera vez que veía a madres como yo y niños como mi hijo. Estaban jugando, hablando y pasando un buen rato. He recibido asesoramiento y hablé abiertamente sobre mis problemas con otros padres y madres fue un gran alivio para mí. Dejé de sentirme sola. Esta experiencia cambió completamente mi vida y hoy estoy empleada a tiempo completo en el centro”.

Con pocos recursos, los centros ayudan a las familias mediante el aprendizaje básico ofrecido a los niños que combina la diversión, las actividades recreativas y mucho juego. Asimismo, ayuda con otras necesidades de las comunidades, incluidos los programas de VIH/SIDA, la atención y el tratamiento para niños huérfanos y vulnerables, y la asistencia para la creación de grupos de apoyo para las familias.

El regalo de la esperanza

Otra función importante que realizan los centros es la de representar los intereses sociales de las familias en los centros de salud y los organismos de protección social. Esto contribuye a garantizar que los niños que viven con el VIH obtienen servicios médicos de calidad y reciben prestaciones adecuadas por parte del Estado.   

Los centros de día en Andijan, Namangan y Fergana se encuentran en los locales de los centros de SIDA y el de Tashkent funciona fuera del Instituto Nacional de Pediatría. Cen cada centro trabajan un director, uno o dos trabajadores sociales, un psicólogo, un pediatra y un número de voluntarios, por lo general los padres y madres de niños que viven con el VIH.

“Las personas que trabajan en el Centro me lo han contado todo sobre el VIH y ahora no tengo miedo de la enfermedad" afrima Azim, en el centro de Boychechak. "Sé que voy a crecer y voy a poder mantener a mi mamá”. El personal del centro le ha dado el regalo más maravilloso de todos: la esperanza.


 

 

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