Indonesia

UNICEF brinda apoyo a una madre primeriza de Indonesia que vive con VIH

Imagen del UNICEF
© UNICEF Indonesia/2008
Umi y su pequeña hija, Keisya, se benefician del programa de tratamiento contra la transmisión del VIH de madre a hijo que se lleva a cabo en Indonesia con apoyo de UNICEF.

Por Daniel Ziv

GRESIK, Indonesia, 25 de agosto de 2008 – Hasta la noche en que varios amigos varones de más edad la invitaron a una fiesta y le mostraron diversas jeringas y agujas de apariencia extraña, Umi había sido una niña como cualquier otra de Gresik, una ciudad portuaria en la calurosa región oriental de Java.

“No sabía qué era todo eso”, recuerda Umi, “aunque ahora estoy bastante segura de que se trataba de shabu-shabu (metanfetamina cristalina)”.

Lo que sucedió inmediatamente después cambió para siempre su vida.

“Unas 10 personas compartimos dos agujas que usamos y volvimos a usar. Yo tenía apenas 17 años e ignoraba totalmente el peligro que corría. Ni siquiera sabía realmente quiénes eran todas esas personas”, añade.

Umi se enteró de las consecuencias de aquella reunión cuatro años más tarde, cuando una persona que había participado en la fiesta murió de complicaciones del SIDA. Umi se hizo la prueba del VIH y recibió la apabullante noticia de que estaba infectada.

Primero negación, luego esperanza

Umi abandonó su empleo en una fábrica y pasó los siete meses siguientes recluida en su hogar, sin recibir tratamiento ni ir al médico, y en completo estado de negación. Hasta que un día se presentó a la puerta de su casa una enfermera del departamento de salud local llamada Yohana.

“Yohana me localizó debido a que revisó mi historia clínica. Ella fue quien me salvó la vida”, comenta Umi. “Fuimos a tomar un café y me explico todo lo que necesitaba saber sobre mi estado de salud. También me dio asesoramiento clínico, los nombres y las direcciones de varios contactos y, aunque parecía increíble, un poco de esperanza”.

Una de las esperanzas que había tenido hasta entonces Umi era la de tener familia, lo que había dejado de parecerle posible cuando se enteró de que había contraído el VIH. Cuando Yohana le explicó que a pesar de todo tenía posibilidades de ser madre, Umi se sintió enormemente feliz.

“Comencé a salir de nuevo y conseguí empleo en un puesto de venta de teléfonos móviles cerca de un centro comercial de la zona”, rememora. “Allí conocí a quien sería mi marido”.

Una cesárea prematura

Cuando Umi quedó embarazada, fue remitida a un programa de prevención de la transmisión del VIH de la madre al hijo que funciona con apoyo de UNICEF en el Hospital Dr. Soetomo, en Surabaya. Allí recibió medicamentos antirretrovirales y orientación psicológica.

Cuando Umi llevaba ocho meses y medio de embarazo, un examen de ultrasonido detectó que los latidos del corazón de la criatura por nacer eran débiles, y los médicos decidieron someter a Umi a una operación cesárea.

Inmediatamente después del alumbramiento, la pequeña Keisya y su madre recibieron medicamentos anterretrovirales durante una semana. Cuando ambas tuvieron conteos de CD4 satisfactorios, los médicos interrumpieron el tratamiento con esos medicamentos. El conteo de CD4 se basa en un análisis de sangre que mide la potencia del sistema inmunológico de las personas infectadas con el VIH. Sin embargo, Umi no se enterará si su hija está o no infectada con el virus hasta que cumpla 18 meses.

Ahora me siento optimista

UNICEF colabora con diversos aliados locales para ampliar los programas de prevención de la transmisión del VIH de la madre al hijo a todo el territorio de Indonesia, a fin de que todas las mujeres embarazadas del país cuenten con acceso a tratamiento y orientación similares a los que recibió Umi. UNICEF también está ampliando las labores de prevención del VIH entre los jóvenes, de manera que ese sector de la población esté al tanto de los peligros que representa el consumo ilícito de drogas y las relaciones sexuales sin protección.

La necesidad de tales intervenciones es clara. Según ONUSIDA, 54.000 chicas indonesas y mujeres mayores de 15 años vivían con el VIH en 2007, comparado con las 10.000 en 2001.

Umi, que ahora tiene 23 años, consiguió empleo vendiendo cosméticos. Le encanta estar con su hija Keisya y aprovecha su experiencia personal para ayudar a Via, una joven embarazada infectada con el VIH.

“Ha sido una larga batalla emocional”, comenta Umi, “pero ahora me siento optimista”.


 

 

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