La infancia y el VIH y SIDA
Prevenir la infección entre los adolescentes y los jóvenes
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| © UNICEF/ HQ06-1500/Pirozzi |
| Unos jóvenes dirigentes forman un círculo mientras se dan la mano para ilustrar el lema "Juntos podemos hacerlo" en una guardería que se ocupa de niños y niñas afectados por el SIDA en Manila, Filipinas. |
La situación
En 2007, se calculó en más de 5,4 millones el número de jóvenes de 15 a 24 años con VIH. Las principales tasas de prevalencia se registran en África subsahariana, una región en la que hay más mujeres jóvenes con VIH que hombres jóvenes. Un nivel elevado de prevalencia del VIH en un país sugiere que la probabilidad de que un individuo contraiga el virus si tiene un comportamiento de riesgo es mayor que en un país donde la prevalencia es débil. Independientemente del número de personas que viven con VIH en determinado país, hay algunos subgrupos específicos de la población que, debido a diversos factores, "corren mayores riesgos" de contraer la infección. Los programas de prevención del VIH deberán concentrarse en determinar cuáles son estos grupos, en comprender por qué "corren los mayores riesgos" o son los más "vulnerables", y a concebir las correspondientes intervenciones.
La probabilidad de que los adolescentes los jóvenes contraigan el VIH depende de numerosos factores. Entre ellos se puede citar el hecho de que presentan comportamientos arriesgados, por ejemplo, al practicar relaciones sexuales sin protección con un compañero infectado o utilizando inyecciones no esterilizadas. Los encuentros sexuales forzados o violentos sin preservativos aumentan asimismo la probabilidad de transmisión del VIH, al igual que la frecuencia de las relaciones no protegidas, el número de compañeros, sobre todo si son simultáneos, y cualquier infección relacionada con las enfermedades transmitidas sexualmente. Pero es importante no confundir comportamiento con comportamiento de riesgo. Por ejemplo, los adolescentes que consumen drogas pero que utilizan jeringuillas esterilizadas no corren el riesgo de contraer el VIH durante esta operación. Pero sí comparten sus jeringuillas con otros, es este comportamiento arriesgado el que aumenta considerablemente la posibilidad de que ellos mismos se infecten con el virus.
Los problemas
Numerosos adolescentes presentan múltiples comportamientos de riesgo. Quienes se inyectan drogas, por ejemplo, pueden dedicarse a la prostitución o tener relaciones sexuales a cambio de estos productos. Esta reciprocidad entre el consumo de drogas y las relaciones sexuales no protegidas, la mayor parte de las cuales son puramente comerciales, es la causa principal de numerosas epidemias de VIH. Sin embargo, las estrategias de prevención solamente se concentran en un grupo o un comportamiento de riesgo, y pocas veces consideran una combinación de distintos riesgos.
Las pruebas muestran que hay más posibilidades de que los jóvenes del mundo entero eviten comportamientos de riesgo cuando disponen de informaciones, conocimientos prácticos y servicios adecuados, en un entorno en el que se les ofrezca aliento y protección. Los jóvenes necesitan una educación basada en los conocimientos necesarios para la vida práctica que les ofrezca informaciones exactas sobre la transmisión del VIH, y que promueva actitudes compasivas hacia las personas afectadas por el VIH o expuestas a sus riesgos.
También se necesitan programas completos para ayudar a los adolescentes que trabajan en la industria del sexo, que consumen drogas inyectables y que tienen relaciones sexuales de riesgo con otros hombres. Un estudio realizado en Guatemala y en El Salvador, por ejemplo, reveló que las tasas de infección por VIH entre las mujeres y las niñas que practican el comercio sexual en la calle era cuatro veces más elevada que la de aquellas que, en la misma comunidad, trabajaban en lugares fijos.
Las actividades de prevención deben tener en cuenta las complejidades que generan estas variaciones, especialmente la correlación entre los comportamientos que implican asumir riesgos y su contexto, para garantizar que se llega a los adolescentes que "corren los mayores riesgos". Los adolescentes pueden ser vulnerables a la infección por VIH, pero no corren necesariamente el riesgo de contraerla.
La función de UNICEF
UNICEF está aliado con instituciones coordinadoras como el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA), la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito y la Organización Mundial de la Salud (OMS) para evitar la infección por VIH entre los adolescentes y los jóvenes, haciendo especial hincapié en los menores de 18 años, sobre todo los adolescentes, que son quienes corren los mayores riesgos.
Para garantizar la eficacia de las medidas de prevención primaria, UNICEF y sus asociados de las Naciones Unidas apoyan programas nacionales de adquisición de conocimientos prácticos en la escuela y en la comunidad, la educación entre pares, los servicios para los adolescentes, la orientación y las pruebas de detección, y la comunicación interpersonal y en los medios de comunicación. Además, enseñar a los adolescentes y a los jóvenes a reducir los riesgos que corren -a tomar decisiones con conocimiento de causa, a resolver sus problemas, a demostrar un espíritu crítico, a superar sus emociones y sus tensiones y a negociar- puede ayudarles a salir de situaciones difíciles, a adoptar comportamientos sanos y a actuar como consecuencia de sus propias decisiones.
Estos programas centrados en una reducción de riesgos tratan de alentar la abstinencia; la fidelidad; la reducción en el número de compañeros; la utilización de preservativos en cada ocasión; el acceso a informaciones completas y pertinentes sobre la sexualidad, la salud de la procreación y el consumo de drogas; la adquisición de aptitudes que permitan reducir el riesgo y la vulnerabilidad a la infección por VIH en función de la edad; y vínculos con servicios de salud adaptados a los jóvenes que ofrecen orientación y tratamiento en materia de infecciones transmitidas sexualmente. Para los jóvenes más marginados, como aquellos que se inyectan droga, también son esenciales los servicios especializados de prevención.
Para prevenir el VIH entre los adolescentes y los jóvenes es necesario establecer un conjunto de intervenciones, entre ellas la oportunidad de inculcar las aptitudes propias para disminuir los riesgos que corren. En más de 70 países en desarrollo, en los planes nacionales de educación debería figurar la adquisición de aptitudes para la vida práctica, con un componente consagrado al VIH. Desde 2005 se han elaborado o actualizado 19 programas de este tipo.
UNICEF y la UNESCO se han asociado a los gobiernos regionales para ofrecer una educación basada en la adquisición de conocimientos para la vida práctica, que abarca la prevención del VIH. Este importante enfoque permite abordar temas como la sexualidad, las relaciones sexuales y el consumo de drogas. De una forma u otra, casi todos los países de África occidental y de África central han integrado la adquisición de conocimientos para la vida práctica en sus planes de estudio, incluidos los elementos sobre el VIH y la igualdad entre los géneros. La inclusión obligatoria de estos conocimientos en los planes de estudio se ha realizado en el Camerún, el Chad, Gambia, Ghana, Mauritania, Nigeria, la República Centroafricana, el Senegal y el Togo. Los países de esta región han adoptado también enfoques integrales de la educación, como en Nigeria, en el marco de una política nacional de salud en la escuela, y planes sectoriales de educación sobre el VIH/SIDA, como en Benin, Gabón, Ghana, la República Democrática del Congo y Senegal. Sin embargo, debido a que en esta región se dan las tasas más reducidas de participación en la escuela primaria, y las tasas más reducidas después de África oriental y de África meridional de participación en la secundaria, es evidente que será necesario adoptar medidas adicionales para impartir estas enseñanzas entre los adolescentes y los jóvenes que no van a la escuela.
Publicaciones (en inglés)
Adolescentes especialmente vulnerables
















