Tailandia

Los campamentos de terapia artística ofrecen confianza y esperanza a los niños y niñas tailandeses que viven con el VIH

Imagen del UNICEF
© UNICEF Thailand/2007/Few
En un campamento de terapia artística en Tailandia que cuenta con el respaldo de UNICEF, varios niños fabrican marionetas que usarán en una representación teatral.

Por Robert Few

SATTAHIP, Tailandia, 14 de junio de 2007 – Exactamente a las 5:50 de la tarde, medio centenar de niños y niñas de siete a 17 años de edad dejan de nadar y chapotear en el agua. A esa hora se escucha un silbato y los niños se alejan de las olas con rumbo a la playa. Entre bromas y risas, recogen sus toallas y su calzado y se alejan tierra adentro.

Aunque falta poco para la hora de la cena, hay una razón mucho más urgente aun para que el grupo regrese de la playa. Todos esos niños y niñas están infectados con el VIH y ésta es la hora en que tienen que tomar su segunda dosis diaria de medicamentos antirretrovirales, las píldoras que mantienen en funcionamiento sus sistemas inmunológicos y les permiten llevar vidas normales.

Se trata de los niños y niñas que asisten a un campamento de terapia artística en una base naval cerca de Pattaya, un centro turístico de la región. La gestión del campamento está a cago de una organización no gubernamental de la zona llamada “Grupo Comprendemos”, que recibe apoyo de UNICEF.

Entre los niños y niñas que asisten al campamento se encuentra Pen (no es su nombre real), una niña de 16 años que nació infectada con el VIH durante la epidemia que castigó a Tailandia a principios del decenio de 1990. En aquella época, en esta nación asiática se sabía poco sobre la prevención del VIH/SIDA, y las personas con el VIH disponían de muy pocos servicios médicos.

En la actualidad, si una mujer embarazada tailandesa sabe que está infectada con el VIH y recibe atención médica adecuada, las probabilidades de que le transmita el virus a su hijo pueden reducirse hasta el 2%.

Huérfanos e infectados con el VIH

Los padres de Pen murieron poco después de su nacimiento, y la niña quedó al cuidado de su familia ampliada.

Pen, despreciada y temida tanto en su hogar como en la escuela, tuvo una vida triste y solitaria hasta que se le exacerbó la infección. Al agravarse la infección, a Pen se le cubrieron los brazos y las piernas de lesiones dolorosas y contrajo tuberculosis, debido a lo cual fue necesario hospitalizarla.

Durante su internación, los médicos descubrieron que Pen tenía el VIH. Varios doctores que dirigían en ese hospital un proyecto patrocinado por UNICEF le recetaron medicamentos antirretrovirales y el estado de salud de la niña mejoró. Mediante una doble dosis diaria de esos medicamentos fue posible mantener a raya al virus.

Pese a la recuperación de su sistema inmunológico, la actitud de la familia, los compañeros de escuela y los maestros de Pen hacia la niña empeoró aun más. Al propagarse la noticia de que estaba infectada con el VIH, Pen fue condenada al ostracismo absoluto.

Imagen del UNICEF
© UNICEF Thailand/2007/Few
Al final de una entretenida jornada en un campamento orientado a las artes, una niña tailandesa tomará su segunda dosis diaria de medicamentos antirretrovirales.

La atención de un grupo de apoyo

Por recomendación de sus médicos, Pen se enroló en el programa del Grupo Comprendemos, que funciona bajo los auspicios de la Fundación de acceso a los servicios de tratamiento del SIDA. Las labores del Grupo están orientadas a lograr que los niños y niñas infectados reciban tratamiento y apoyo emocional. Mediante las actividades artísticas y teatrales, el proyecto combate los efectos psicológicos que conlleva el vivir con el VIH, como el dolor que causa el rechazo de los demás, el temor a la muerte o la soledad debida al abandono por parte de familiares y amigos.

El Grupo Comprendemos lleva a cabo durante todo el año los campamentos de terapia artística y otras actividades de ayuda a los niños y niñas que viven con el VIH, a quienes les enseña a aprender los unos de los otros y a prestarse apoyo entre ellos. Mediante esas actividades se ayuda a los niños y niñas infectados a adquirir una mayor autoestima y a recuperar la confianza en ellos mismos, y se les enseña que valen tanto como cualquier otro niño.

Se calcula que en Tailandia hay unos 20.000 niños y niñas infectados con el VIH. Sin embargo, el Grupo Comprendemos y sus otros aliados de la red de la Fundación de acceso a los servicios de tratamiento del SIDA sólo disponen de fondos suficientes para financiar actividades que benefician a unos 1.000 niños en esa situación.

Respuesta al apoyo emocional

Todos los niños y niñas que participan en el campamento de terapia artística han sufrido los efectos de la discriminación. También han debido confrontar problemas tales como el aislamiento social y la pérdida de sus progenitores debido al SIDA.  No es de extrañar, por lo tanto, que al llegar al hospital, muchos sufran de depresión.

Chutima Saisaengchan, cofundador del Grupo Comprendemos, comenta: “Los niños y niñas que vienen al campamento nos hacen notar que, siendo tan jóvenes, ya tienen que tomar medicamentos todos los días para poder mantener la salud”.

Sin embargo, se trata de niños y niñas muy valientes que responden de manera positiva y rápida ante el apoyo emocional que reciben en el campamento.

El arte vence a la depresión

“Cuando comenzaron a funcionar los campamentos, hace unos cuatro años, las pinturas y dibujos de los niños reflejaban su tristeza, su preocupación por la muerte y sus problemas con sus familias, y dominaban en ellos los tonos oscuros”, explica Nonglak Boonyabuddhi, Oficial de Proyectos sobre el VIH/SIDA de la Oficina de UNICEF.

“Ahora, los trabajos de esos niños y niñas son luminosos y reflejan felicidad. Esto demuestra que es posible restaurar el bienestar en las vidas de los niños si se les brinda el amor y la atención que merecen”.

“He aprendido que cuando nos sentimos tristes o inquietos”, comenta Pen, “deberíamos volcar nuestros sentimientos en dibujos y pinturas. Yo solía contener mis emociones, pero ahora las vuelco en mis pinturas”. Muchas de las obras más recientes de Pen muestran brillantes cielos azules.

“Cuando pienso que no sé cuánto tiempo me queda de vida”, explica la niña, “me recuerdo que al menos mañana podré ver una vez más la luz del sol”.


 

 

Campaña contra el Sida


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