Rwanda

Una salida para los niños y niñas que viven y trabajan en las calles de Rwanda

Imagen del UNICEF
© UNICEF Rwanda/2011/Sundaram
Elisa Kwizera, de 13 años, vivía en la calle. Ahora es uno de los mejores estudiantes de su clase en Kigali, Rwanda.

Por Jim Fohn

“Estado Mundial de la Infancia de 2012: Niñas y niños en un mundo urbano”, el informe principal de UNICEF, centra la atención en los niños y niñas vulnerables de las zonas urbanas. Mil millones de niños viven en las zonas urbanas, una cifra que aumenta rápidamente. Sin embargo, las disparidades dentro de las ciudades revelan que muchos de ellos carecen de acceso a las escuelas, la atención de la salud y el saneamiento, a pesar de vivir junto a estos servicios. Este artículo forma parte de una serie que destaca las necesidades de estos niños.

KIGALI, Rwanda, 21 de febrero de 2012 - Muchos niños que habían estado viviendo y trabajando en las calles de Kigali están ahora regresando a casa gracias a la ayuda de centros como Fidesco.

Nadie sabe cuántos niños trabajan y viven en las calles de Rwanda, pero las estimaciones van desde cientos hasta miles de ellos. Muchos viven en las calles de ciudades como Kigali, donde están expuestos al abuso de sustancias, la violencia y la explotación. También hacen frente a obstáculos a la educación básica y a la atención de la salud, a pesar de que muchos viven cerca de estos servicios.

Fidesco Rwanda fue establecida en 1994 para proporcionar un refugio seguro a estos y otros niños vulnerables. Hoy en día es un centro de tránsito apoyado por UNICEF que ofrece seguridad a los niños que viven en las calles antes de reunirlos con sus familias.

Reunir a las familias

Los trabajadores sociales de Fidesco buscan los niños en las calles y en los centros de tránsito de la policía. Los que están de acuerdo en acudir al centro Fidesco reciben comida, un lugar seguro para dormir y una oportunidad para regresar a la escuela. También se reúnen con un psicólogo para hablar de sus problemas y poder comenzar el proceso de reinserción en sus familias y comunidades.

“Empezamos el proceso de búsqueda de sus familias”, dijo el coordinador de Fidesco, José Bitega. “Sin embargo, muchos niños tienen recelos de ver a sus familias, ya que a menudo la relación se ha roto, por lo que hacemos visitas acompañadas y actuamos como garantes en caso de que algo suceda”.

También se necesita asistencia después de que los niños vuelven a casa.

“Cuando logramos reunir a un niño, no nos limitamos a dejarlo con su familia y a marcharnos”, dijo Bitega. “Hemos descubierto que las familias a menudo necesitan ayuda para cuidar adecuadamente a sus hijos, tanto económica como psicológica. La mayoría de estas familias viven en la pobreza y no pueden pagar por la comida y la educación… Tenemos que resolver los problemas de fondo para contribuir a que el niño pueda permanecer en la casa. De lo contrario, podría ocurrir que se vaya de nuevo”.

Imagen del UNICEF
© UNICEF Rwanda/2011/Sundaram
Elisa Kwizera, de 13 años, vivía en las calles de Kigali, Rwanda. Ahora vive en casa con sus padres y hermanos menores.

Cuando es posible, Fidesco vincula a las familias con los servicios, tales como la asistencia del gobierno o los programas financieros. También se suele alertar a la comunidad para que proporcione ayuda si es necesario.

Un futuro más brillante

Elisa Kwizera, de 13 años, vivió en las calles durante tres años. “No tenía sentido quedarse en casa”, dijo. “No teníamos comida. Había dejado la escuela, así que me escapé”.
Después de acabar en un centro de tránsito de la policía, se encontró con una trabajadora social de Fidesco, y decidió buscar una salida aceptando los servicios del centro.

Ahora, Elisa está de regreso con su familia y es el mejor estudiante de su clase. “Estudio mucho ahora. Por eso soy el primero de la clase y mi madre está orgullosa”.

“Solía llorar todos los días desde que se marchó”, dijo su madre. “Es una alegría tenerlo de vuelta. Fidesco me prestó 300 dólares para instalar un pequeño puesto de verduras. Mi marido gana un sueldo mínimo como guardia de seguridad, pero mi puesto es ahora la principal fuente de ingresos de la familia y la razón por la que Elisa haya decidido quedarse. Estoy muy feliz”.

“Eso no significa que todos nuestros problemas estén resueltos”, dijo Elisa. “Mi escuela me ha pedido que compre un conjunto de geometría y más cuadernos. ¿De dónde voy a conseguir el dinero? Y la escuela está lejos. Me lleva tres horas ir y volver todos los días”.

Los desafíos pendientes

“No podemos cambiarlo todo en la vida de estos niños”, dijo Bitega, “pero al menos podemos apoyarlos a ellos y a sus familias para que sus vidas sean un poco mejores. La clave, por supuesto, es que el niño tenga la voluntad de volver, que el niño y la familia se reconcilien, y que los padres se comportan de manera responsable”.

UNICEF ha apoyado a Fidesco desde 2006 mediante asistencia técnica y financiera, y ahora está trabajando para ampliar estos servicios a otros centros.

“Hemos estado trabajando con Fidesco y con otro centro parecido para establecer un modelo de reintegración que sea eficaz y sostenible para niños como Elisa”, dijo el especialista de Protección de la Infancia de UNICEF Maxime Germain. “Esperamos que los resultados que hemos sido capaces de lograr ahora se reproduzcan en todos los centros que atienden a los niños y niñas que viven en las calles de Rwanda”.


 

 

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