Madagascar

El Día internacional de la mujer en Madagascar

Patrocinar becas para las niñas más vulnerables

Imagen del UNICEF
© UNICEF Madagascar/2010/Kibesaki
Bako, de 12 años de edad, asiste al centro de enseñanza secundaria de Vangaindrano, (Madagascar) con una beca financiada por la organización internacional Inner Wheel Denmark y el Comité Nacional de Dinamarca pro UNICEF.

Por Aya Kibesaki

VANGAINDRANO, Madagascar, 8 de marzo de 2011. El Día internacional de la mujer cumple hoy su primer centenario. El tema de este año –“Igualdad de acceso a la educación, a la capacitación, la ciencia y la tecnología: Un camino hacia el trabajo decente para la mujer”– hace especial hincapié en la promoción de la educación de las mujeres y niñas de todo el mundo.

“Aunque las diferencias de género en materia de educación se están acortando, las desigualdades siguen siendo grandes dentro de un mismo país y entre países distintos”, expuso el Secretario General de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon, “y todavía hay demasiadas niñas a las que se les niega el acceso a las escuelas, abandonan los estudios prematuramente o los acaban con escasas aptitudes y aún menos oportunidades”.

La oportunidad de estudiar

Como parte de los esfuerzos para combatir esta situación, el Comité Nacional de Denmark pro UNICEF y la organización internacional Inner Wheel Denmark están patrocinando becas para las niñas más vulnerables de la escuela del distrito Vangaindrano de Madagascar, donde las diferencias por motivos género en la educación son de las más elevadas del país.

Bako es una niña de 12 años de Ambohimidy, un pueblo apartado al sudeste de Madagascar, y una de sus beneficiarias. Sus padres no podían pagar la escuela de todos sus hijos y, puesto que Bako sufría una lesión en una de sus piernas, “decidieron invertir en mí porque pensaron que los otros gozaban de más salud para poder utilizar sus cuerpos para trabajar”, dice Bako.

El último año académico, los padres de Bako tuvieron que pedir dinero prestado para pagar la cuota escolar en el centro de enseñanza secundaria Tsiately, y para comprar cuadernos y lápices. Si Bako no hubiera recibido la beca habría abandonado la escuela. “Soy la única de mis hermanos que ha podido estudiar”, dice la joven.

Invertir en el futuro

Cuando comenzó el proyecto “Educación secundaria para las niñas” en el distrito de Vangaindrano en 2008, sólo había matriculadas en el nivel más bajo de secundaria 53 niñas por cada 100 niños.

La matriculación y los honorarios de los profesores limitan el acceso a la educación en la región y muchas niñas y niños no terminan sus estudios primarios. En el nivel de secundaria, las disparidades de género se hacen más evidentes, ya que la adolescencia y las creencias culturales se convierten en un obstáculo para que las niñas sigan con su escolarización.

“Empezamos este proyecto porque creemos que invertir en la educación de las niñas, especialmente tras finalizar la primaria, es una de las claves para conseguir la igualdad de género y el desarrollo”, dijo la Jefa de Educación de UNICEF en Madagascar, Margarita Focas Licht.

El año pasado Bako caminaba dos horas diarias para llegar a la escuela. Perdió algunos días de clase porque se le hinchaba la pierna y le dolía demasiado para realizar todo el recorrido, de manera que ahora tiene que repetir el curso. Este año se queda durante la semana en casa de una tía que vive cerca de la escuela para poder avanzar en sus estudios. Bako tiene también un mentor que la ayuda a planificar la financiación de la beca, la anima y aconseja.

“A veces, me fastidia cuando los niños se ríen de mí por mi manera de andar cuando salgo a la pizarra”, dice Bako. “La verdad es que da gusto tener a alguien, además de a mi madre, que se ocupe de mí”.

Cambiar las percepciones

Léoncine, otra adolescente de 13 años de edad que estudia séptimo grado en el centro de enseñanza secundaria Mahabe, también está ahora en camino hacia un futuro mejor. Criada por su abuela, Mahabe pasó desde las últimas vacaciones de verano hasta noviembre trabajando para poder pagar las cuotas escolares.

No volvió a la escuela hasta el mes siguiente, cuando por fin pudo costeárselas. Este año, las cuotas han subido 50.000 ariary (unos 25 dólares estadounidenses). “De no ser por la beca, no habría podido continuar mis estudios”, dice Léoncine.

Para Fabiola, otra joven de 14 años que también estudia séptimo grado en la misma escuela, la beca ha ayudado a que sus padres cambiaran su actitud hacia las niñas. Fabiola, perteneciente a una progenie de 11 integrantes, iba a abandonar este año sus estudios para dejar que su hermano menor pudiera entrar en la secundaria. Sin embargo, como Fabiola iba muy bien en la escuela, su madre trató de negociar con su padre que la hija continuara pero el padre dijo que era prioritaria que el hijo estudiase.

“Así que me comunicaron que si no podían permitirse pagarme los estudios este año me iban a casar. Me puse muy triste porque no me veía preparada para eso”, recuerda Fabiola.

“Cuando me enteré de que podía conseguir la beca me sentí tan feliz que corrí a contárselo a mi madre. Mi padre y mi madre se pusieron muy contentos y me dijeron que tenía que continuar estudiando en la mayor medida posible”, dijo Fabiola.

La oportunidad de estudiar ya ha dado un gran resultado. Ahora Fabiola quiere hacerse profesora de secundaria: “Me gustaría ser un modelo para otros, igual que mi profesor lo es para mí”.


 

 

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