Adolescencia y juventud

El enfoque basado en el desarrollo

Imagen del UNICEF
© UNICEF/HQ99-0339/Horner
Una adolescente del Movimiento de los Niños por la Paz, que luce una camiseta con el logotipo del UNICEF, se sienta en el suelo con un grupo de niños durante un taller del proyecto “Retorno a la Felicidad”. (Colombia)

En la actualidad, hay un conjunto considerable de investigaciones que indican que un enfoque basado en el desarrollo es la forma más efectiva para abordar los problemas de la adolescencia y al mismo tiempo la más vigorosa para garantizar el crecimiento y bienestar de los adolescentes.

Las investigaciones indican que las conductas problemáticas de los adolescentes están interrelacionadas y tiene orígenes similares. Centrarse en estos antecedentes comunes más que en los problemas mismos tiene más posibilidades de causar una impresión honda y duradera y de abordar al mismo tiempo una multitud de problemas.

Una tarea fundamental al vincular la prevención del VIH/SIDA con el desarrollo es ampliar la definición de las habilidades deseadas y esperadas. Estas van más allá del éxito académico y laboral, e incluyen habilidades profesionales, físicas, emocionales, cívicas, sociales y culturales.

Debe haber también una aceptación de un segundo conjunto de resultados igualmente importantes para los adolescentes: es necesario que estén interrelacionados y que sean solidarios y comprometidos. Además de habilidades, los adolescentes deben tener una sensación sólida de seguridad y de encontrarse en el marco de una estructura, de pertenecer a algo, de pericia y propósito, de responsabilidad y conciencia de su valía.

Qué necesitan los adolescentes para obtener estos resultados

Conseguir unos resultados positivos en los adolescentes no resulta posible sin entender sus contextos, lo que incluye su entorno social, sus relaciones y oportunidades. Entre los “factores protectores” más importantes están los lugares. Los adolescentes necesitan un lugar estable, que sea suyo y donde se sientan seguros.

Investigaciones recientes han demostrado el efecto positivo sobre la salud de las conductas de la “conexión” entre la escuela y el hogar. La calidad de unas relaciones sostenidas entre el progenitor y el adolescente y de unos maestros que muestren interés está entre los “factores de protección” fundamentales. Los jóvenes necesitan también acceso a unos cuidados y servicios básicos apropiados, asequibles y, si es necesario, confidenciales. La alta calidad de la instrucción y la formación es esencial.

Los adolescentes necesitan experiencias que constituyan un reto y sean variadas y lo bastante intensas. Necesitan oportunidades para una participación y una implicación reales en una variedad de aspectos de la vida en comunidad. Todos los jóvenes, dentro o fuera de la escuela, tengan unos ingresos bajos o sean personas acomodadas, necesitan para mantener su compromiso una mezcla de servicios, apoyo y oportunidades.

Lugares, servicios e instrucción son algunos de los recursos que las familias y comunidades pueden ofrecer a los adolescentes para ayudarlos a satisfacer su potencial.


 

 

Adolescentes

Encuestas realizadas en nueve países del Caribe entre jóvenes en edad escolar revelaron que un 88% de los adolescentes dicen sentirse “bien o felices” con su aspecto. Cerca del 93% dicen que les gusta la escuela.

Una encuesta que representa las opiniones de unos 103 millones de adolescentes de entre 9 y 18 años de toda América Latina y el Caribe reveló que un 76% piensa que su vida va a ser mejor que la de sus padres y madres.

Un estudio intercultural realizado entre jóvenes de 14 años de los Estados Unidos, Australia, Colombia, la India, los Territorios Ocupados Palestinos y Sudáfrica reveló que los adolescentes que tienen una buena relación con sus progenitores (que se sienten entendidos y atendidos, y que se llevan bien con ellos) tienen más iniciativa social y menos pensamientos negativos.

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