Sobre el UNICEF: Informe Anual
Dan Toole
Dan Toole, Director de programas de emergencia, habla sobre las "emergencias olvidadas" y sobre los aspectos más destacados del trabajo humanitario realizado por UNICEF en 2006.
P: ¿Qué significa la expresión "emergencias olvidadas" en el contexto de los programas y del trabajo humanitario de UNICEF?
R: En realidad, emergencias olvidadas es un eufemismo. Lo que quiere decir es que existen algunos lugares de los que nos olvidamos. Un término más adecuado sería "emergencias ignoradas", puesto que los donantes y otros colaboradores deciden aportar fondos para ciertas emergencias, mientras que olvidan o ignoran otras. Cada año hay unas cuantas emergencias de máxima urgencia que reciben enormes cantidades de dinero, y luego hay una gran cantidad de emergencias más pequeñas pero importantes que apenas reciben ayudas y otros pocos lugares que casi no reciben nada. En realidad nos referimos a aquellos países que son olvidados, o incluso ignorados, por la comunidad que financia las operaciones humanitarias.
P: ¿Qué es lo que hace UNICEF para que este tipo de "emergencias", que siguen existiendo pero que no aparecen en las portadas, permanezcan vivas en la conciencia del público y continúen recibiendo fondos?
R: En primer lugar, quiero señalar que existe un vínculo muy estrecho entre prensa y financiación. En el caso de las emergencias "atendidas", por así decirlo, nos referimos al factor CNN, que quiere decir que una vez que las grandes agencias como CNN o BBC comienzan a hablar de ellas, el público cobra conciencia de que existen. De modo que los medios de comunicación desempeñan un papel importantísimo a la hora de concienciar, de despertar el interés del público y, en consecuencia, también de movilizar los fondos para abordar las emergencias. Colaboramos muy estrechamente con la prensa. Todos los años publicamos nuestro Informe de acción humanitaria conjuntamente con los medios. Nuestras oficinas de los distintos países intentan siempre presentar historias de interés humano, ya sea directamente a la prensa -por ejemplo, si están en lugares como Myanmar o Madagascar- o a través de nuestros Comités Nacionales. Los propios Comités Nacionales mantienen relaciones muy cercanas con la prensa. Lo que se precisa es que la colaboración con los núcleos mediáticos sea aun más estrecha a fin de garantizar no sólo que comprendan que existe un problema, puesto que hay muchos problemas en el mundo, sino que sepan además que las repercusiones que tiene para la infancia son enormes; y que todos los niños y niñas del mundo poseen los mismos derechos y por eso debemos intervenir.
P: Se lee y se dice mucho acerca de los conflictos que existen en numerosos países, pero nunca sobre cómo afectan a la población civil, en especial a la infancia. ¿Por qué no se oye la voz de los niños y niñas, y cómo actúa UNICEF para defenderles en este tipo de situaciones?
R: Nos enfrentamos a dos cuestiones. ¿Cómo lograr que se oiga la voz de personas que están siendo explotadas, maltratadas y cuyos derechos básicos a la salud y a la alimentación están siendo vulnerados o ignorados, sea en el Congo, en el Sudán, en Liberia o en cualquier otro lugar...? Lo primero es sacar el problema a la luz. En mi opinión, uno de los acontecimientos más emocionantes de la actualidad es el movimiento para la protección del medio ambiente, en el que de pronto tenemos a jóvenes, personalidades célebres y otras personas que han tomado la delantera y están comenzando a lograr cambios importantes. En el caso de las situaciones de emergencias, de los lugares olvidados o ignorados y de los derechos de la infancia sería necesario que se generaran movimientos similares. Mecanismos como La Juventud Opina -el medio de intercambio interactivo que UNICEF ha creado en su sitio web- constituyen oportunidades estupendas para poner en contacto, por ejemplo, a jóvenes de los países desarrollados con adultos, niños y niñas que viven en países del hemisferio sur.
P: ¿Cuáles son los criterios que sea aplican, o qué es lo que debe ocurrir en un país para que deje de ser considerado un país en fase de emergencia?
R: Por desgracia las situaciones de emergencia no siempre terminan de forma agradable y ordenada. Cuando hace aproximadamente dos años realizamos un estudio sobre países que estaban saliendo de situaciones de emergencia -conflictos o desastres naturales-, [vimos que] al principio la mayor parte de los países comienzan a progresar muy rápido, pero después cerca de un 60% recaen. Esto es especialmente problemático en el caso de los países que están saliendo de un conflicto, porque a menudo recaen en el mismo. Así que parte del trabajo de la Sección de Programas de Emergencia, y más importante aún, parte del trabajo que realizan nuestras oficinas en los distintos países, consiste en supervisar la situación y en garantizar que no se abandona un país de pronto sólo porque la situación parece haber vuelto a la normalidad, sino que seguimos preparados para intervenir de nuevo si nos necesitan.
De lo que nos hemos dado cuenta es que los avances en la fase inicial son sumamente importantes. Pongamos por caso los recientes acuerdos de paz de Nepal y el Sudán de hace dos años. La gente ve que hay un acuerdo de paz, oyen hablar de él, y el público aquí en EEUU o en el Reino Unido o en Singapur piensa, bueno, se acabó el problema. Pero no se ha terminado en absoluto; eso no es más que el comienzo. Las personas del lugar, los que viven allí en el país, quieren ver avances concretos. Ciertamente un acuerdo de paz o un proceso electoral son parte del avance, pero si los niños y niñas no pueden ir a la escuela o si en los centros de atención sanitaria no hay medicamentos -es decir, si no se producen avances en el sector social- la población se sentirá frustrada y comenzará a recurrir a otros medios para solucionar sus problemas como las armas, manifestaciones, etc.
P: Háblenos del proyecto "La infancia en peligro", que UNICEF puso en marcha a finales de 2005. ¿Qué factores determinan la elaboración de uno de estos informes para un país concreto? ¿Y cuál es su finalidad? ¿Ha percibido la organización cambios importantes en lo que se refiere a la financiación destinada a estos países o regiones como resultado de estos informes?
R: La idea era compartir algo más que comunicados de prensa, algo más que fotografías; era ayudar a que personas de todo el mundo comprendan más a fondo lo que ocurre en un país concreto. El primero que hicimos fue sobre Darfur (en inglés) [el Sudán]. Por la respuesta que obtuvimos en la página web nos dimos cuenta de que la cantidad de información que podíamos proporcionar era enorme: en "La infancia en peligro" había sonido, fotografías, historia, análisis muy detallados de los problemas y de los aspectos complejos. Sabemos por el número de visitantes en Internet que la gente estaba realmente muy interesada.
Nuestra intención es concitar ayuda adicional, además de financiación. Uno de mis principales intereses es garantizar que los jóvenes -y personas de todo el mundo- participan de verdad en el trabajo de UNICEF, y que ellos mismos emplean todos los medios a su alcance para luchar por los derechos de la infancia en todo el mundo. Soy consciente de que eso implica que tienen que saber más, que tienen que comprender las situaciones. Es bastante sencillo como para que puedan dar ese primer paso.
También sabemos que hay gobiernos que los miran, aunque el verdadero... [propósito] es despertar el interés del público general, interesar a la juventud. En la página web hay un vínculo a un foro de debate en el que la gente puede formular preguntas, obtener respuestas y conversar entre sí.
P: En 2006, UNICEF recibió la mayor donación procedente de un único donante (200 millones dólares a lo largo de cuatro años), destinada a labores de educación en emergencias y a países en situación de post-crisis. ¿Cómo cree que esta donación puede ayudar a los niños, niñas y familias de esos países que actualmente se consideran "olvidados"?
R: Esta aportación de 200 millones de dólares realizada por el gobierno de los Países Bajos fue para nosotros un regalo maravilloso. Desde que fui representante en Rwanda en 1995, nos resultaba difícil lograr que la gente comprendiera que la educación constituye una forma válida de intervención humanitaria. La gente tiende a pensar: bueno, de la educación ya nos ocuparemos después; lo primero es salvar vidas. Y lo que hemos aprendido a lo largo de tantas y tantas décadas de trabajo en situaciones de emergencia es que la educación es lo que más contribuye a recobrar la normalidad, a recuperar esas pautas regulares de vida tan importantes para las familias, los niños, las niñas, para la supervivencia. En segundo lugar, la educación es en realidad también protección física. En algunas de las peores situaciones de emergencia, el tiempo que un niño o niña pasa en la escuela es el único tiempo en que se encuentra a salvo del maltrato y protegido de los soldados, etc. De modo que en realidad la escuela es una institución capaz de generar una protección que salva vidas. Y además se trata del derecho a aprender y a recibir una educación, y eso va más allá del hecho de salvar vidas.
El que el gobierno de los Países Bajos reconociera mediante una donación de 200 millones USD la importancia de este aspecto en cualquier intervención humanitaria, implica también que su validez en tanto que intervención humanitaria es reconocida en el seno de la comunidad internacional.
Esta generosísima donación traerá consigo dos consecuencias positivas. En primer lugar esperamos poder escolarizar al menos 10 millones de niños y niñas más. Pues aunque las situaciones de emergencia son terribles, también dan lugar a oportunidades excelentes. Por ejemplo, en Darfur tenemos 300.000 niños y niñas escolarizados que antes de la crisis no lo estaban. Y en el Afganistán, actualmente hay más niños y niñas escolarizados que nunca. En este sentido, las emergencias representan una oportunidad para comenzar de nuevo, para ampliar las oportunidades educativas a todos los niños y niñas.
Además, nos ayudará a mejorar la situación de los niños y niñas que ya están escolarizados. Es una buenísima oportunidad para escolarizar a más niños y niñas, para mejorar la calidad educativa y garantizar que podemos mantenerla en un nivel de desarrollo suficiente hasta que los gobiernos correspondientes puedan hacerse cargo de nuevo.
P: ¿Cuáles han sido los aspectos más destacados del trabajo realizado por UNICEF en situaciones de emergencia en 2006?
R: La principal innovación en 2006 fue la ampliación de nuestras reservas internas. Por primera vez, la reserva interna para situaciones de emergencia [fondos procedentes de los recursos ordinarios afectados para fines específicos] de UNICEF pasó de 25 a 75 millones USD, y gastamos cerca de 40 millones. Comenzamos a darnos cuenta de que no teníamos fondos suficientes en nuestra reserva interna -sin duda, el tsunami contribuyó a ello en gran medida, al igual que Darfur y los problemas de sequía y malnutrición en el Níger y otros lugares- para hacer frente a unas emergencias cada vez más numerosas. Los desastres naturales van en aumento, y cabe pensar que con el calentamiento global sean incluso más frecuentes. Y lo que también sabemos es que los pobres son los que más sufren.
Aunque la movilización de fondos por parte de los donantes está aumentando, la rapidez en las respuestas continúa sin ser suficiente. Así pues, la Junta Ejecutiva determinó que la mejor forma de poder responder ante las emergencias era aumentando la dotación de nuestra reserva para estas situaciones.
Ello significaba que podíamos utilizar los fondos internos de UNICEF como el mecanismo más rápido de respuesta ante una emergencia, para abordar bien problemas relativos a la educación, a la salud, a la nutrición o al abastecimiento de agua y saneamiento. Los fondos iniciales son los más importantes, porque son los primeros en salvar vidas.
Audio (en inglés)
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- Prefacio (por Ann M. Veneman, Directora Ejecutiva, UNICEF)
- Capítulo 1: La infancia y los Objetivos de Desarrollo del Milenio
- Capítulo 2: Muchos caminos, un sólo destino
- Capítulo 3: El poder de las alianzas
- Capítulo 4: Gestión de operaciones y recursos
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