Lograr la enseñanza primaria universal y promover la igualdad entre los géneros y la autonomía de la mujer (ODM 2 y 3)

¡Vamos a la escuela, niñas!

© UNICEF/Turkey/2004/Oral
En las escuelas, los hogares y las cafeterías de toda Turquía, los maestros, periodistas, activistas locales y líderes religiosos hacen la misma pregunta: “¿Qué hace falta para que mande a su hija a la escuela?”

El 11% de las niñas de Turquía en edad de asistir a la escuela primaria se hallan desescolarizadas. Pero gracias a una importante campaña educativa, más de 250.000 niños – de los cuales 177.000 son niñas – se han matriculado en las escuelas desde 2003. Solo en 2005, se matricularon 62.000 niñas.

La campaña se enmarca en el esfuerzo mundial que busca promover la igualdad entre los géneros y lograr la educación primaria universal para los 115 millones de niños y niñas que, pese a tener la edad de asistir a la escuela primaria, siguen ausentes de las aulas.

La campaña de Turquía, llamada “¡Vamos a la escuela, niñas!”, funciona mediante una amplia red de voluntarios que, puerta a puerta, explican a los progenitores por qué es importante que sus hijas se eduquen. Los voluntarios siguen llegando y el programa ha recibido apoyo de conocidos políticos, entre ellos el Primer Ministro y su esposa.

Esfuerzos locales

Cuando el voluntario de la campaña visitó la provincia de Diyarbakir, una niña de 12 años, Gülay Uslu, le contó una historia que se repite frecuentemente en su país: “Mis padres me sacaron de la escuela el año pasado porque el dinero no nos alcanza ni para terminar el mes. Ellos necesitan que yo les ayude, y para mí era muy difícil trabajar y, al mismo tiempo, estudiar. Yo no quería dejar la escuela, pero no tenía otra alternativa”.

En el sudoriente de Turquía, de donde Gülay es originaria, la pobreza y las tradiciones culturales han hecho que las niñas permanezcan en el hogar. Por lo general, la gente valora más lo que ellas pueden hacer por sus familias en el presente, que desarrollar su potencial para que tengan un futuro mejor.

“Aunque me dio mucha tristeza dejar de estudiar, no pensé que eso pudiera traerme problemas en el futuro”, dice Gülay. “Pensaba que pronto me casaría, como mi hermana mayor, y que tendría mi propia familia, confiando en Dios”.

El voluntario de la campaña explica a Gülay y a su madre, Hatice, que la educación es la mejor forma de superar la pobreza que ellas, y el resto de su familia, afrontan todos los días. “Ella podrá conseguir un trabajo mejor pagado. Además, estará mejor preparada para cuidarse y cuidarlos a usted y a su marido cuando sean ancianos”.

La campaña ha representado un gran paso adelante tanto para el gobierno de Turquía como para el país en general. En su primer año, 2003, se enfocó en las 10 provincias sudorientales con las tasas más bajas de escolarización femenina.

En 2004, la campaña se extendió a otras 23 provincias, incluyendo los principales centros urbanos de Ankara, Estambul e Izmir. En 2005, abarcó 20 provincias adicionales, para una cobertura total de 53 provincias, de las 81 que tiene Turquía.

Las historias de algunas niñas tienen un final feliz; por ejemplo, Gülay regresó a la escuela. El voluntario que visitó su hogar logró convencer a su madre, Hatice, indicándole cómo reclamar el pago mensual del programa Transferencia Condicional de Efectivo, que compensa los gastos de escolarización de los niños que están en condiciones similares a las de su hija. El Fondo de Seguridad Social del gobierno otorga este incentivo, que fue propuesto por UNICEF y recibe apoyo financiero del Banco Mundial.

Disponer de algún dinero para los gastos pudo haber ayudado a convencer a la madre de Gülay. Sin embargo, el hecho de que la niña haya regresado a la escuela podría indicar que cada vez hay más conciencia de la importancia de que todos los niños y las niñas accedan a la enseñanza.

Este cambio se percibe claramente en las palabras de Zozan Ozgokce, voluntario en la provincia oriental de Van, donde hasta la tercera parte de las niñas se encuentran desescolarizadas: “Cuando preguntamos a las mujeres cómo quieren que sea la vida de sus hijas, casi nunca dicen ‘como la mía’. Y cuando les preguntamos qué quisieran ser, dicen: ‘educadas’”.

Nota: Parte de la información específica de los países es suministrada por las oficinas de UNICEF en los distintos países, o extraída de los informes anuales que elaboran esas oficinas.