Carta de Ann M.Veneman, Directora Ejecutiva de UNICEF

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En 2005, numerosos dirigentes mundiales se reunieron en Nueva York y recomendaron el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo del Milenio. Al hacerlo, reafirmaron su compromiso con la infancia. UNICEF se ha hecho eco de esta decisión, al renovar su dedicación para conseguir mejores resultados en favor de la infancia y conseguirlos más eficazmente, más sistemáticamente y más eficientemente. Esto se debe, en parte, a la reforma de las Naciones Unidas –y UNICEF desempeña un papel fundamental en esta tarea– que consiste en armonizar las actividades de todos los organismos y permitir una suma de trabajo que sea mayor que todas sus partes.

Nuestra tarea ha avanzado también gracias a la gestión cada vez mejor que se hace de unos fondos que han aumentado considerablemente: en comparación con el año 2004, la organización gestionó en 2005 casi un 40% más de ingresos y gastos, al mismo tiempo que mantuvo en solamente un 7% el aumento de los costos de gestión y apoyo.

Durante el año, UNICEF llevó cabo programas para los niños, las niñas y sus familias en 157 países, zonas y territorios. Estas actividades se llevaron a cabo en cooperación con aliados que tienen los mismos objetivos y que se han puesto de acuerdo en torno a los Objetivos de Desarrollo del Milenio, y a la Declaración del Milenio donde se describen.

En 2005 se formaron nuevas alianzas y se reforzaron otras, todas ellas en torno a los objetivos comunes de salvar las vidas de los niños y niñas, prestar asistencia a las madres y las familias, matricular a los niños y niñas en la escuela y ayudarles a mantenerse en ella, combatir enfermedades como el VIH/SIDA y el paludismo, y reducir el hambre y la pobreza.

Estos esfuerzos están siendo muy efectivos y producen resultados alentadores que demuestran su potencial al acercar a los países a los Objetivos, y garantizar a los niños, las niñas y sus familias una vida más sana y más segura. Pero es preciso fomentar el interés y mantenerlo, y es la urgencia de esta situación lo que nos impulsa a hacerlo.

Debemos utilizar el año 2005 como una razón para el optimismo, y un recuerdo diario de que todavía hay muchos niños y niñas que necesitan nuestra ayuda y nuestro compromiso con las cuestiones que les afectan.


Ann M. Veneman
Directora Ejecutiva