Respuesta de Emergencia

Conflicto en el Sudán

© UNICEF/HQ05-0985/Haviv
Si observamos el Sudán a través del prisma de la vida de su infancia, en 2005 el país reveló la esencia del optimismo, así como la amplitud de la urgencia de las perspectivas de desarrollo humano en todo el mundo. La firma en enero del Acuerdo General de Paz entre el gobierno del Sudán y el Ejército del Movimiento por la Liberación del Pueblo Sudanés supuso el fin de más de dos décadas de enfrentamientos entre norte y sur.

El cese de las hostilidades ofrece la oportunidad de mejorar las vidas de la infancia y las mujeres y de avanzar hacia los Objetivos de Desarrollo del Milenio en las regiones meridionales del país, desesperantemente pobres y subdesarrolladas. Ya han comenzado a surgir estructuras administrativas; cientos de miles de personas han regresado a sus hogares; la nueva constitución del Sudán meridional contempla los derechos de la infancia y las mujeres, y cada vez son más las mujeres que se benefician de servicios sanitarios tan importantes como la atención prenatal y la prevención de la transmisión materno-infantil del VIH/SIDA.

Persisten los riesgos en Darfur

Sin embargo, en la región de Dafur en el Sudán, los niños y niñas son víctimas de la escalada del bandidaje y el pillaje, y las niñas y mujeres viven aterrorizadas por la amenaza continua de la violación, a medida que se intensifica la violencia a pesar de las permanentes conversaciones de paz propiciadas por la Unión Africana. En tanto prosiga el conflicto de Darfur, seguirán vulnerándose los derechos de la infancia, y siempre pesará una constante amenaza sobre las actividades de recuperación y desarrollo realizadas en todo el país.

Al tiempo que se recibían nuevas aportaciones en 2005 para ayudar en la reconstrucción y recuperación en todo el país (en el mes de abril se recibieron de donantes 4.500 millones de dólares), se intensificaron asimismo las intervenciones de asistencia en Darfur. UNICEF prestó asistencia sanitaria básica a 2 millones de personas y colaboró con aliados para proveer agua salubre y saneamiento básico a los campamentos. Millones de niños y niñas recibieron la vacuna contra el sarampión y la poliomielitis, con lo que se logró interrumpir una transmisión incontrolada del virus de la polio tras el importante brote que tuvo lugar en 2004.

Entre la población que recibió ayuda humanitaria, las cifras netas de mortalidad –que constituyen acaso el mejor indicador del éxito de cualquier intervención humanitaria– descendieron desde un 2 por 10.000 en 2004 a un 0,8 por 10.000 en 2005, por debajo del umbral de emergencia del 1 por 10.000. La tasa de emaciación descendió del 21,8% en 2004 al 11,9% en 2005. Y más 380.000 estudiantes –de los cuales un 42% eran niñas– se matricularon en la escuela en 2005.

No obstante, a finales de año la situación continuaba siendo precaria. Aproximadamente 2 millones de personas continuaban desplazadas; 200.000 eran sudaneses que vivían como refugiados cerca de la frontera, cada vez más insegura, del Chad; en Darfur, más de 3 millones de personas, de los cuales 1,4 millones eran niños y niñas, dependían aún de la ayuda internacional para sobrevivir. Y conforme el año llegaba a su fin, la inseguridad rampante, las enormes limitaciones en materia de logística y las dificilísimas condiciones ambientales dejaron a otros 1,5 millones de personas en Darfur privadas de ayuda humanitaria y expuestas a la desnutrición, la enfermedad y la violencia.

A comienzos de 2006, las labores de asistencia de UNICEF en Darfur sufrieron además un importante recorte de financiación, de modo que los fondos disponibles alcanzaban únicamente para prestar servicios a la población durante unos meses. Alentados por los resultados concretos obtenidos y conscientes del peligro que amenazaba con anularlos, los responsables de UNICEF efectuaron un llamamiento de emergencia para el Sudán por 331 millones de dólares, una suma que refleja la urgencia de los objetivos: continuar prestando ayuda humanitaria a la gente de Darfur, así como intensificar y ampliar el alcance de las labores de asistencia y recuperación en el sur del país.