Respuesta de emergencia

Crisis de alimentos en Níger

© UNICEF/HQ05-1044/Chalasani
Para gran parte de la población del Níger, la seguridad alimentaria es una condición poco frecuente en cualquier año. En 2005, la balanza se inclinó definitivamente del lado de la escasez, produciendo una auténtica explosión en el número de niños y niñas que precisaban asistencia médica y nutricional.

El hecho de que en este país la desnutrición sea más bien la norma que la excepción revela la verdadera crisis: la carencia permanente de alimentos, de servicios sociales básicos, de información fundamental para la vida y de asistencia infantil y nutricional, y todo ello con el telón de fondo de una pobreza desesperante. Lejos de que se la considere como normal y, por ende, aceptable, esta crisis perpetua debería interpretarse como un llamamiento para ayudar al Níger a reducir la pobreza y el hambre de forma realmente definitiva.

La escasez de alimentos que asoló el Níger no tomó al mundo por sorpresa. En 2004, la insuficiencia de lluvias y una plaga de langostas generó malas cosechas, de modo que la “temporada baja” llegó antes de tiempo y fue más prolongada. A principios de 2005, las existencias de las tiendas de alimentos se habían agotado, y para el mes de junio los bancos de cereales se hallaban vacíos. La crisis se vio agravada por un aumento del precio de los cereales en los mercados subregionales de África occidental. Con los productos de primera necesidad a precios exorbitantes, muchas personas no podían permitirse adquirir alimentos básicos en el mercado.

En los primeros meses de 2005, el número de ingresados con emaciación grave en los centros de alimentación terapéutica aumentó de forma drástica. Para mediados de julio, el número de ingresados era como mínimo el doble del registrado un año antes.

Respuesta progresiva

Hacia finales de 2004, UNICEF revisó su plan de emergencia e intensificó la vigilancia en los distritos de riesgo. En abril de 2005, realizó un llamamiento de emergencia para recaudar 1 millón de dólares, tras haber invertido una cantidad importante del presupuesto destinado a su programa en el Níger para responder a la crisis. En el mes de mayo, Naciones Unidas efectuó un llamamiento “urgente” con el objeto de recaudar 16 millones de dólares, importe en el que se incluía la solicitud de UNICEF, que actualmente asciende a 1,3 millones de dólares. A comienzos de agosto, Naciones Unidas aumentó su solicitud de fondos a 81 millones de dólares. UNICEF, por su parte, incrementó la suya a 14,6 millones de dólares.

La cobertura de los medios de comunicación en julio y agosto aceleró la respuesta de los donantes.

De los 19,7 millones de dólares al contado y en contribuciones en especie donados a UNICEF, un 92% ya se había invertido a finales de año, el 79% en suministros y el resto en formación, en ayudas económicas directas y otros servicios.

Como resultado del aumento de fondos aplicado a las necesidades más graves, el número de centros que administraban tratamiento a niños y niñas con emaciación aumentó, pasando de los 30 que existían a comienzos de año a 549 a principios de octubre. Para finales de año UNICEF había colaborado en la apertura de más de 860 centros, conjuntamente con el Programa Mundial de Alimentos y otras 24 ONG. Cerca de 325.000 niños y niñas recibieron asistencia médica y nutricional en 2005; el índice de recuperación de los pacientes que recibieron tratamiento nutricional –de un 90%– , así como el bajo índice de mortalidad –3%– denota el elevado nivel de calidad de las intervenciones por parte de todos los aliados.

La amplia encuesta sobre nutrición realizada en octubre por el Ministerio de Sanidad Pública, UNICEF y los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades determinó que el 15,3% de los niños y niñas de entre 6 y 59 meses sufren emaciación y que la mitad de todos los niños de esta misma edad padecen retraso en el crecimiento. Sobre la base de esta información reciente se calcula que 500.000 niños y niñas del Níger precisarán asistencia en 2006.