El principal informe anual de UNICEF aboga por un proceso continuo de atención de la salud de las madres y los recién nacidos

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Mariama Coulibaly, de 16 años de edad, se sienta sobre una cama de la sala de maternidad del Centro Sanitario Vélingara, en la ciudad del mismo nombre, ubicada en la Región de Kolda, en el Sudán meridional.

Por Elizabeth Kiem

NUEVA YORK, Estados Unidos, 15 enero de 2009 – El Estado Mundial de la Infancia 2009, que es la principal publicación de UNICEF y que fue presentada hoy en Sudáfrica, está dedicada a la mortalidad materna, que constituye uno de los problemas más difíciles de las labores del desarrollo.

Dar a luz aún representa uno de los peligros más graves para la salud de las mujeres en todo el mundo. Unas 1.500 mujeres mueren diariamente durante el alumbramiento, lo que equivale a medio millón de madres por año.

“Se trata de un número desmesurado de muertes, una tragedia en escala gigantesca”, afirma el Dr. Peter Salama, Jefe de Salud de UNICEF.

La mayor desigualdad sanitaria

Pese a que en los últimos 10 años diversas intervenciones conjuntas han mejorado las tasas de supervivencia de los niños y niñas de corta edad, esos avances no se han reflejado en los indicadores de salud de las madres.

Se suele afirmar que la enorme diferencia entre el peligro que corren las mujeres embarazadas en los países en desarrollo y el riesgo que amenaza a sus contrapartes en el mundo industrializado constituyen la mayor desigualdad sanitaria del mundo.

En el Níger, por ejemplo, una mujer tiene 1 probabilidad entre 7 de morir en algún momento de su vida debido a complicaciones del embarazo o el alumbramiento. Para las madres de los Estados Unidos, entretanto, las probabilidades de perder la vida en esas circunstancias son 1 en 4.800, y en Irlanda, apenas 1 en 48.000.

La potenciación de las mujeres

Las altas tasas de mortalidad materna afectan de manera desproporcionadamente elevada a los países de África y Asia, especialmente aquellos donde se han producido conflictos armados más o menos recientes. También existe una estrecha correlación entre las altas tasas de mortalidad materna y las tasas elevadas de fecundidad.

Según Noreen Khan, Especialista en cuestiones de género de UNICEF, es en los países en los que se espera que las mujeres tengan muchos hijos donde corren mayores peligros durante el embarazo.

“A veces me escandalizo. ¿Cómo es posible tamaña contradicción?”, comenta. “No veo cómo se puede dar tanta importancia a mi papel de madre y a que dé a luz más hijos, y al mismo tiempo no se dé importancia a mi salud en lo que concierne a la asignación de recursos, y hasta a prestarle atención al tema”.
Intervenciones esenciales

Afirmando que la disparidad de género es un desafío multidisciplinario cuya superación demanda educación, recursos humanos, participación comunitaria y paridad social, el Estado Mundial de la Infancia 2009 afirma que las mujeres deben disponer, como mínimo, de atención de la salud prenatal, asistencia de personal capacitado durante el alumbramiento, servicios obstétricos de emergencia, nutrición adecuada y atención posparto.

Esos servicios esenciales sólo pueden ser garantizados en un marco de mayor igualdad entre los géneros y mediante la eliminación de la discriminación. Si se brindan más oportunidades en materia de educación a las niñas se les potenciará para que tomen decisiones más saludables en materia de salud reproductiva y comprendan mejor los peligros del embarazo.

La atención de las madres beneficia a los recién nacidos

La atención de la salud materna y obstétrica de las mujeres influye directamente en las tasas de supervivencia de los recién nacidos. Casi un 40% de las muertes de menores de cinco años ocurre en los primeros 28 días de vida.

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Varias mujeres frente al Hospital Malalai, en el Afganistán, país que tiene una de las tasas de mortalidad materna más elevadas del mundo.

“La salud de las madres está íntimamente vinculada con la salud de los recién nacidos”, explica el Dr. Salama. “Los embarazos que terminan en labor de parto prematuro representan un riesgo mucho más elevado de muerte de los recién nacidos”.

El Dr. Salama señala que mediante la vacunación y otras formas de protección de las mujeres durante el embarazo se han logrado también avances con respecto a la eliminación del tétanos y el paludismo de los recién nacidos. Además de ello, en las comunidades donde hay médicos que prestan servicios habituales de atención posparto, los bebés se benefician de los mismos.

Conciencia y educación

Las causas y las circunstancias de la mortalidad materna y de los recién nacidos son bien conocidas, al igual que muchos de los mecanismos para prevenir esas muertes.

Mediante el mejoramiento y aumento de la capacitación y los recursos humanos, por ejemplo, se pueden reducir los problemas de salud prenatal y las complicaciones obstétricas. Y mediante las labores de concienciación y, por supuesto, de educación, se pueden superar las tradiciones culturales que impiden que las mujeres den a luz asistidas por personal capacitado.

El nuevo informe de UNICEF aboga por que se emplee un “proceso continuo de atención de la salud” que potencie a las mujeres jóvenes y les brinde más oportunidades de tener embarazos e hijos saludables.


 

 

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Vídeo

Elizabeth Kiem, corresponsal de UNICEF, informa sobre la necesidad de invertir en la atención de la salud de las madres y los recién nacidos.
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Vídeos en inglés:

UNICEF Chief of Health Dr. Peter Salama discusses the medical issues behind maternal and neonatal mortality.
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UNICEF Gender Specialist Noreen Khan talks about the role of education in reducing maternal mortality.
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UNICEF Senior Editor David Anthony speaks about the human rights issues related to maternal mortality.
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El Estado Mundial de la Infancia 2009