Rachel: un ejemplo de que la educación inclusiva es posible en República Dominicana
Sus maestras aseguran que ha demostrado una gran capacidad de aprendizaje y, que a pesar de tener necesidades físicas especiales, se ha mantenido al mismo nivel de avance que sus otros 35 compañeros de aula. La niña no puede escuchar, pero poco a poco va mejorando el lenguaje verbal y de gestos. Desde pequeña, sus padres la estimularon y enseñaron a comunicarse. Nunca vieron su condición especial como un impedimento para desarrollarse e integrarse a la sociedad. Incluso sus compañeros y compañeras de clase no están conscientes de que ella es sorda, sólo saben que deben comunicare con ella de forma especial, pero esto no constituye una barrera para ello. “Para esto hay que seguir un método, hacer un esfuerzo consciente, trabajar un grupo de palabras nuevas por día, pero tal vez no todos los padres tenemos esa voluntad”, explica Segundo Marte, padre de Rachel al hablar de lo importante que ha sido el acompañamiento en la educación de su hija para su aprendizaje. La Escuela España, del Distrito educativo 15-02, en Santo Domingo, es uno de los pocos centros educativos del sector público que, con este caso, ha evidenciado que la meta de una educación inclusiva es posible en República Dominicana.
Mediante el proyecto “Comunidad Educativa que aprende”, que desarrolla el Ministerio de Educación, con el apoyo de UNICEF y la empresa Orange, unos 220 mil niños, niñas y adolescentes de la zona fronteriza y marginal del país (Sato Domingo, Santiago, Elías Piña y San Juan de la Maguana) serán apoyados, junto a sus familias y docentes, en la mejora de la calidad de su aprendizaje, garantizando un entorno seguro, inclusivo y sin violencia, que permita su desarrollo. Derecho a la educación “Las personas con discapacidad puedan acceder a una educación primaria y secundaria inclusiva, de calidad y gratuita, en igualdad de condiciones con las demás, en la comunidad en que vivan”, señala la Convención en su artículo 24. Gran parte del éxito del aprendizaje de Rachel se debe a que, desde su nacimiento, su padre se convirtió en facilitador de lenguaje de señas. En la actualidad, es instructor en una escuela vocacional donde ayuda al desarrollo de muchos jóvenes. Este aprendizaje lo obtuvo de su hermana, quien trabaja en terapias de niños y niñas con necesidades auditivas especiales. “Faltan materiales didácticos para los maestros y una preparación de acuerdo a la necesidad especial de cada niño. Nosotras buscamos estrategias, leemos cuentos, y yo, por ejemplo, busqué en internet información para saber cómo trabajar con Rachel, pero hace falta más preparación”, precisa María, profesora del primer grado de Rachel. Una niña con grandes capacidades “Al principio ella era tímida, pero al tercer día ya se comunicaba con todos los niños. Es muy cooperadora. Ella tenía una ventaja haciendo trazos y ayudaba a los demás a hacerlo bien”, cuenta Amelia Bonilla, maestra de preescolar de Rachel, al hablar del progreso que tuvo la niña desde su entrada a la escuela. Comenta que orientó al grupo de compañeros y compañeras sobre hablarle claro y de frente a Rachel, y que en todo momento se evitaron los prejuicios sobre su condición, sin palabras que refirieran a su condición u ofensivas. Eridelfi es el nombre de uno de los amigos de Rachel en la escuela, ella lo recuerda porque desde principios del año escolar pasado él se sentaba a su lado y se aseguraba de que ella prestara atención a la maestra durante las clases, si él veía que ella se distraía. “La senté siempre frente a mí para facilitar su aprendizaje”, explica la maestra al destacar una de las técnicas implementadas durante la clase.
La familia de Rachel y sus maestras reconocen que aunque existen políticas para una educación inclusiva, se debe avanzar en su implementación en las aulas de todo el país. Educación inclusiva Un estudio del Consejo Nacional sobre Discapacidad (CONADIS), realizado en 2011 junto al Ministerio de Salud y la Oficina Panamericana de la Salud, plantea que alrededor del 15% de la población con discapacidades en la zona fronteriza es menor de 15 años. Este estudio destaca, además, que el 50% de las personas en la zona fronteriza del país con discapacidad no sabe leer ni escribir y que apenas alrededor de un 30% tiene el nivel primario completo. “Estos resultados reafirman el nivel de exclusión de esta población, muchas veces por factores actitudinales o del entorno físico, lo que reduce sus oportunidades para acceder al sistema educativo”, se precisa en el estudio. Texto y fotos: María Eugenia del Pozo
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