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HISTORIA DE VIDA DE CAROLYN PAULINO

Santo Domingo, República Dominicana.-
Carolyn sabe que hoy recibirá clases durante todo el día. Le pide a su madre que la prepare temprano, le ponga su mejor ropa y le arregle el cabello. Ella tiene listos sus materiales y sólo está a la espera de la llegada de su tía y madrina Cintia Núñez, quien desde los ocho años acompaña su educación.

Siendo muy niña, Carolyn Paulino fue diagnosticada con el Síndrome de huesos frágiles (osteogénesis imperfecta), una condición que empeoraría si ella se cae y se fractura alguna de sus extremidades. Pero eso no fue una excusa para que su madre, Jacqueline, y su tía, Cintia, buscaran todos los medios para garantizar su derecho a la educación.

Lo ideal, según su familia, es que Carolyn asista a un centro educativo, a uno que le permita recibir la docencia en un ambiente adecuado a sus necesidades. Pero la condición de la joven es delicada, pues debe recibir un trato especial a la hora de trasladarse de un lugar a otro.

 “Desde el tercer grado (de la primaria) intentamos que Carolyn fuera a la escuela, pero no era posible por su condición especial (…) me he encontrado con muchas mamás en la misma situación”, destaca Jacqueline al hablar de las limitaciones aún presentes en el país para garantizar la educación de su hija.

UNICEF ha planteado en sus metas del Programa de País 2012-2016, contribuir a la reducción del abandono escolar. Es por esto que trabaja junto al Ministerio de Educación para garantizar la culminación de los estudios básicos y secundarios, reduciendo las barreras y obstáculos que impiden que los niños, niñas y adolescentes más excluidos se integren y permanezcan en el sistema educativo.

Mediante el proyecto “Comunidad Educativa que aprende”, que desarrolla el Ministerio de Educación, con el apoyo de UNICEF y la empresa Orange, unos 220 mil niños, niñas y adolescentes de la zona fronteriza y marginal del país (Sato Domingo, Santiago, Elías Piña y San Juan de la Maguana) serán apoyados, junto a sus familias y docentes, en la mejora de la calidad de su aprendizaje, garantizando un entorno seguro, inclusivo y sin violencia, que permita su desarrollo.

Acceso a la educación
Cintia expresa que Carolyn es muy alegre, responsable y tiene una gran capacidad de trabajo. Dice que a ella no le importa haber tenido docencia todo el día, al concluir las clases continúa haciendo sus tareas y estudiando.

La joven que recién cumple sus 19 años, cursó el octavo grado en la tanda sabatina de la escuela Francisco Xavier Billini, en Santo Domingo, República Dominicana, sin embargo, ella narra que en ocasiones no podía prestar atención a lo que la maestra enseñaba, pues le tomaba más tiempo que a los demás escribir sus apuntes.

“Las personas con discapacidad puedan acceder a una educación primaria y secundaria inclusiva, de calidad y gratuita, en igualdad de condiciones con las demás, en la comunidad en que vivan”, señala la Convención en su artículo 24.

Carolyn asistía a las clases junto a personas adultas, incluso con mayores de 50 años, lo que su familia entiende ha sido una de las razones más importantes para que la joven prefiera recibir la docencia en su hogar, en lugar de asistir a un centro educativo. “Me gustaría poder compartir con los demás; con gente de mi edad”, expresa Carolyn.

En el 2006 la Asamblea de las Naciones Unidas aprobó la Convención sobre los derechos de las personas con discapacidad, y hasta la fecha 119 países la han ratificado. República Dominicana la ratificó en 2009. El documento obliga a los Estados a que a toda persona con discapacidad le sea garantizado el derecho a la educación, a no ser excluida del sistema por su condición especial.

Al ser incluidos en el sistema de enseñanza, a las personas con alguna discapacidad se le deben hacer los ajustes razonables en función de las necesidades individuales de cada una y prestar el apoyo necesario para facilitar su formación efectiva, según se explica en la Convención sobre los derechos de las personas con discapacidad.

Ya ha iniciado la temporada escolar y la familia de Carolyn hace las gestiones para que ella pueda asistir a un centro, por lo menos una vez a la semana, en una escuela donde pueda interactuar con personas de su edad y desarrollar aún más sus habilidades.

 

La familia ha insistido en encontrar una escuela donde Carolyn pueda recibir docencia, pero las opciones han sido muy limitadas. Es por eso que al contar su historia tienen la esperanza de que otros niños, niñas y adolescentes con condiciones especiales puedan gozar de una educación inclusiva y de calidad.

En cifras
En República Dominicana es necesaria la promoción de la educación inclusiva, para reducir la tasa de abandono escolar y aumentar la permanencia en el sistema educativo. Esta necesidad se refleja en las estadísticas con las que se cuenta, donde, a pesar de que la educación básica es casi universal en el país, el 48% de las mujeres y el 63% de los varones de 13 a 17 años no asiste a la secundaria, cifra que aumenta en la zona fronteriza, según se plantea en el estudio de la Situación de la Niñez en la República Dominicana, Cáceres y Morillo, 2008.

Un estudio del Consejo Nacional sobre Discapacidad (CONADIS), realizado en 2011 junto al Ministerio de Salud y la Oficina Panamericana de la Salud, plantea que alrededor del 15% de la población con discapacidades en la zona fronteriza es menor de 15 años.

Este estudio destaca, además, que el 50% de las personas en la zona fronteriza del país con discapacidad no sabe leer ni escribir y que apenas alrededor de un 30% tiene el nivel primario completo.

“Estos resultados reafirman el nivel de exclusión de esta población, muchas veces por factores actitudinales o del entorno físico, lo que reduce sus oportunidades para acceder al sistema educativo”, se precisa en el estudio.

Texto y fotos: María Eugenia del Pozo

 

 
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