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"Ya Cristy existe"

© María E. del Pozo 2011
Cristina Suárez sostiene el acta de nacimiento de su hija Cristy.
Santo Domingo.- Cristina Suárez dice que ha esperado mucho la decisión del padre de su hija para declararla en una oficialía civil. A pesar de que está a tiempo para esperar algunas semanas más para registrar su nacimiento de forma oportuna, ella ha preferido acudir y declararla sola.

“Su papá se resiste, vacila demasiado”, precisa mientras se sienta rápidamente frente a la encargada del registro de la delegación de la oficialía de Registro Civil ubicada en la primera planta de la maternidad Nuestra Señora de la Altagracia, hospital donde hace 30 días nació su hija.

El nombre y la nacionalidad abre la puerta a todos los otros derechos humanos y en República Dominicana existen procedimientos que permiten el respeto a su cumplimiento, sin tener que invertir recursos económicos.

El proceso de registro a tiempo debe hacerse antes de los 60 días posteriores al nacimiento del niño o la niña, de lo contrario se contemplan las llamadas “Declaraciones tardías” que resultan doblemente complicadas, ya que suponen requisitos adicionales y gastos que no pueden ser cubiertos por una familia de escasos recursos económicos.   María Eugenia del Pozo
Septiembre 2011

© María E. del Pozo 2011

“Ella todavía no existe hasta que no me entreguen ese papel”, expresa Cristina al momento en que la encargada del registro le interrumpe: “Ya Cristy existe”, y le entrega el documento con el nombre y apellido de su hija.

En caso de que luego el padre de Cristy solicite que su hija lleve su primer apellido, él y la madre podrán acudir a la oficialía de la segunda circunscripción, que le corresponde por el lugar de nacimiento de la niña, y hacer un reconocimiento, con dos testigos y sus documentos de identidad. Este proceso también es gratuito.

“Lo más importante es que ella ya existe”, insistió Cristina a su salida de la oficialía de la maternidad.

Los artículos 7 y 8 de la Convención Internacional sobre los Derechos del Niño,  establecen la necesidad de la inscripción del recién nacido. El cumplimiento de este derecho debe asumirse en un compromiso tanto del padre como de la madre. A ningún niño o niña se le debe privar de su derecho a la identidad, al nombre, nacionalidad y  a la familia.

 

 
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