Rachel: un ejemplo de que la educación inclusiva es posible en República Dominicana

Santo Domingo, República Dominicana.- Rachel se siente feliz de estar en la escuela. Es una niña de 7 años muy alegre, sociable, curiosa, colaboradora y sobre todo aplicada. Es la menor de tres hermanos y vive con sus padres en la ciudad de Santo Domingo.

Sus maestras aseguran que ha demostrado una gran capacidad de aprendizaje y, que a pesar de tener necesidades físicas especiales, se ha mantenido al mismo nivel de avance que sus otros 35 compañeros de aula.

La niña no puede escuchar, pero poco a poco va mejorando el lenguaje verbal y de gestos. Desde pequeña, sus padres la estimularon y enseñaron a comunicarse. Nunca vieron su condición especial como un impedimento para desarrollarse e integrarse a la sociedad. Incluso sus compañeros y compañeras de clase no están conscientes de que ella es sorda, sólo saben que deben comunicare con ella de forma especial, pero esto no constituye una barrera para ello.

“Para esto hay que seguir un método, hacer un esfuerzo consciente, trabajar un grupo de palabras nuevas por día, pero tal vez no todos los padres tenemos esa voluntad”, explica Segundo Marte, padre de Rachel al hablar de lo importante que ha sido el acompañamiento en la educación de su hija para su aprendizaje.

La Escuela España, del Distrito educativo 15-02, en Santo Domingo, es uno de los pocos centros educativos del sector público que, con este caso, ha evidenciado que la meta de una educación inclusiva es posible en República Dominicana.

UNICEF ha planteado en sus metas del Programa de País 2012-2016, contribuir a la reducción del abandono escolar. Es por esto que trabaja junto al Ministerio de Educación en garantizar la culminación de los estudios básicos y secundarios, reduciendo las barreras y obstáculos que impiden que los niños, niñas y adolescentes más excluidos se integren y permanezcan en el sistema educativo.

Mediante el proyecto “Comunidad Educativa que aprende”, que desarrolla el Ministerio de Educación, con el apoyo de UNICEF y la empresa Orange, unos 220 mil niños, niñas y adolescentes de la zona fronteriza y marginal del país (Sato Domingo, Santiago, Elías Piña y San Juan de la Maguana) serán apoyados, junto a sus familias y docentes, en la mejora de la calidad de su aprendizaje, garantizando un entorno seguro, inclusivo y sin violencia, que permita su desarrollo.

Derecho a la educación
En el 2006 la Asamblea de las Naciones Unidas aprobó la Convención sobre los derechos de las personas con discapacidad, hasta la fecha 119 países la han ratificado. República Dominicana la ratificó en 2009. El documento obliga a los Estados a que a toda persona con discapacidad le sea garantizado el derecho a la educación, y a no ser excluido del sistema por su condición especial.

“Las personas con discapacidad puedan acceder a una educación primaria y secundaria inclusiva, de calidad y gratuita, en igualdad de condiciones con las demás, en la comunidad en que vivan”, señala la Convención en su artículo 24.

Gran parte del éxito del aprendizaje de Rachel se debe a que, desde su nacimiento, su padre se convirtió en facilitador de lenguaje de señas. En la actualidad, es instructor en una escuela vocacional donde ayuda al desarrollo de muchos jóvenes. Este aprendizaje lo obtuvo de su hermana, quien trabaja en terapias de niños y niñas con necesidades auditivas especiales.

Algunos retos
Lamentablemente, Rachel deberá regresar a una escuela diferenciada, de atención a niños y niñas con su misma condición, pues sus padres y maestras han ido notando poco avance en el desarrollo de su lenguaje con el método regular utilizado durante estos dos últimos años.

“Faltan materiales didácticos para los maestros y una preparación de acuerdo a la necesidad especial de cada niño. Nosotras buscamos estrategias, leemos cuentos, y yo, por ejemplo, busqué en internet información para  saber cómo trabajar con Rachel, pero hace falta más preparación”, precisa María, profesora del primer grado de Rachel.

Una niña con grandes capacidades
Durante una visita a su escuela, Rachel se reencontró con sus maestras de preescolar y primer grado, quienes al verla no dejaban de hablar de las habilidades y capacidades de la niña, así como de los retos que significó su integración en el aula.

“Al principio ella era tímida, pero al tercer día ya se comunicaba con todos los niños. Es muy cooperadora. Ella tenía una ventaja haciendo trazos y ayudaba a los demás a hacerlo bien”, cuenta Amelia Bonilla, maestra de preescolar de Rachel, al hablar del progreso que tuvo la niña desde su entrada a la escuela.

Comenta que  orientó al grupo de compañeros y compañeras sobre hablarle claro y de frente a Rachel, y que en todo momento se evitaron los prejuicios sobre su condición, sin palabras que refirieran a su condición u ofensivas.

Eridelfi es el nombre de uno de los amigos de Rachel en la escuela, ella lo recuerda porque desde principios del año escolar pasado él se sentaba a su lado y se aseguraba de que ella prestara atención a la maestra durante las clases, si él veía que ella se distraía.

“La senté siempre frente a mí para facilitar su aprendizaje”, explica la maestra al destacar una de las técnicas implementadas durante la clase.

Leer cuentos ha sido otro método utilizado tanto por las maestras como por los padres de la niña, para que ésta fuera ampliando su lenguaje. Durante la visita a la escuela, su padre le preguntó: ¿Rachel, te acuerdas de Pinocho?, a lo que ella asintió con la cabeza y señaló con un dedo su nariz demostrando con esto que recordaba la historia, que en varias ocasiones hizo que su padre le repitiera.

La familia de Rachel y sus maestras reconocen que aunque existen políticas para una educación inclusiva, se debe avanzar en su implementación en las aulas de todo el país.

Educación inclusiva
En República Dominicana es necesaria la promoción de la educación inclusiva, para reducir la tasa de abandono escolar y aumentar la permanencia en el sistema educativo. Esta necesidad se refleja en que a pesar de que la educación básica es casi universal en el país, el 48% de las mujeres y el 63% de los varones de 13 a 17 años no asiste a la secundaria, cifra que aumenta en la zona fronteriza, según se plantea en el estudio de la Situación de la Niñez en la República Dominicana, Cáceres y Morillo, 2008.

Un estudio del Consejo Nacional sobre Discapacidad (CONADIS), realizado en 2011 junto al Ministerio de Salud y la Oficina Panamericana de la Salud, plantea que alrededor del 15% de la población con discapacidades en la zona fronteriza es menor de 15 años.

Este estudio destaca, además, que el 50% de las personas en la zona fronteriza del país con discapacidad no sabe leer ni escribir y que apenas alrededor de un 30% tiene el nivel primario completo.

“Estos resultados reafirman el nivel de exclusión de esta población, muchas veces por factores actitudinales o del entorno físico, lo que reduce sus oportunidades para acceder al sistema educativo”, se precisa en el estudio.

Texto y fotos: María Eugenia del Pozo

 

 

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