Supervivencia y desarrollo de los niños

Early Development

Anemia

Mortalidad infantil

Desnutrición crónica en menores de 5 años

Desarrollo temprano

 

Entrevista al Dr. Mario Tavera, Oficial de Salud de UNICEF Peru

“El 70% de las muertes maternas se concentran en comunidades rurales”

¿Es segura la maternidad en el Perú?

El Perú es uno de los países de la región de las Américas con mayores tasas de mortalidad materna. Esto está asociado fundamentalmente al hecho de que muchas mujeres, especialmente las madres rurales, no acceden a la atención del parto profesional, lo que ocasiona que el 70% de las muertes maternas se concentren en comunidades rurales, indígenas.

¿Estas muertes se producen antes o después del parto?

El 60% de las muertes se producen alrededor del parto y las principales causas son el sangrado, la toxemia, las infecciones, el parto obstruido y las hemorragias. Ciertamente todos estos factores están condicionados a la condición previa de la mujer.

¿Cuáles son estas condiciones?

Una mujer que tiene hijos seguidos, sin cuidados, muchas veces desnutrida, con anemia crónica, que es analfabeta y no tiene capacidad de decidir por ella misma, que vive en una comunidad rural alejada de un servicio de salud donde se puedan resolver problemas. Esas son las condiciones que originan los problemas en la maternidad.

¿Y por qué no se pueden resolver esos problemas sólo con los servicios de salud?

Cuando UNICEF inició su trabajo en este tema hace cinco años, nos dimos cuenta que no bastaba con que existieran los servicios. Nosotros encontrábamos que habían centros de salud con obstetrices, médicos y las mujeres no iban sino que preferían dar a luz en sus casas. Pronto encontramos que existen algunas barreras que truncan el acceso a esos servicios.

¿Cómo cuáles?

Primero las distancias. Hay mujeres que quieren atender su parto en un centro médico pero no pueden porque están muy lejos. Muchas veces están a un día de camino, el parto empieza en la noche y no hay movilidad. Había que empezar por desarrollar estrategias para acortar las distancias.  La otra es la barrera cultural, porque en los servicios de salud, nosotros los médicos, las enfermeras, las obstetrices, estamos formados de una manera y la gente en estas poblaciones tiene una visión diferente. Por ejemplo, a las mujeres les gusta dar a luz sentadas o paradas, abrigadas, tomando sus líquidos, con un familiar al lado,  en cambio en los centros de salud ocurre exactamente todo lo contrario. Por eso es que nosotros planteamos que para mejorar el nivel de acceso hacia estos establecimientos debíamos hacer algunas modificaciones en el servicio que permitieran crear mayor confianza.

¿El tema económico es otro factor?

Así es. Se ha trabajado mucho en el impulso del Seguro Integral de Salud y se ha logrado, a pesar que no llega de la mejor manera a todas partes. Sin embargo, es un avance porque el estado reconoce que el parto tiene que ser gratuito. Eso es un derecho. Ahora, hay otra barrera que también es muy importante y se refiere a la falta de apoyo a la mujer, empezando por el marido. Ellos son los que deciden si la mujer que está sangrando va al servicio o no. Es por eso que hubo que hacer todo un trabajo con la pareja, con la comunidad para generar una conciencia a favor de la maternidad. Este es un estado no sólo de la mujer, es un tema de la pareja y debe ser un valor para la comunidad. La única forma de proteger el futuro es empezando por una buena maternidad.

¿Y cómo se trabaja el tema de la maternidad segura en zonas donde el machismo forma parte de la cultura?

Acá debemos empezar por reconocer que los servicios de salud se han encargado de separar a la mujer de su pareja al momento de dar a luz. En la sierra peruana, sobre todo en el sur, los maridos eran quienes atendían el parto. Esta es una cuestión cultural que viene desde la época preincaica y de pronto llegan foráneos a pretender aislar al hombre de esta participación. Fomentamos la separación y eso ha motivado que muchas familias no consideren la posibilidad de atenderse en centros de salud. Es por eso que nosotros hemos estimulado, por un lado, que los servicios de salud permitan que el marido ingrese al momento del parto, que vaya al control pre natal, y de otro lado, que ellos entiendan la importancia de participar en todo el proceso del embarazo y en la invalorable ayuda que brindan cuando junto a su pareja toman las mejores decisiones.

¿Dónde ha centrado UNICEF su trabajo en este tema?

En cuatro departamentos: Apurímac, Cusco, Cajamarca y Amazonas. Todos en zonas rurales con culturas diferentes donde se presentan barreras diferentes y hay que aplicar una estrategia para cada caso. Es un tema de calidad, y de derechos humanos. Es un tema elemental de acceso y de presencia de servicios donde se concentran las poblaciones más necesitadas. Allí sí tenemos una experiencia bien interesante, porque en las zonas donde se ha trabajado se incrementó el parto, se ha reducido la mortalidad de la mamá, se ha reducido la mortalidad de los recién nacidos, que es la principal causa de mortalidad en los niños.  El 40% de las muertes infantiles en el Perú están asociadas al primer período del recién nacido y se debe a que cuando la criatura nace no recibe una atención inmediata.

El parto siempre es un riesgo

Es un riesgo no sólo para la madre sino para el recién nacido. Si el niño es muy grande o está en una posición equivocada, inadecuada, no tendrá la fuerza suficiente para poder salir  y ese siempre es un  riesgo que puede determinar que un parto se complique.

¿De qué manera concreta se ha empezado a trabajar, por ejemplo, en el tema de las distancias que hay entre las comunidades y los centros de salud?

Nosotros hemos ayudado con una estrategia bien concreta: las casas maternas, que son hogares comunitarios en donde las mujeres pueden venir días antes del parto y alojarse ahí. Hemos implementado estos lugares en la medida que las comunidades querían tenerlas y difundirlas.

¿Y tuvo acogida esta propuesta?

Claro que sí. En estos momentos funcionan 130. Nosotros hemos apoyado con 30 pero luego éstas han ido creciendo por iniciativa de las propias comunidades y del Ministerio. 

¿Y en relación a las costumbres en la forma de dar a luz?

Hemos desarrollado estrategias muy concretas para que el servicio se adecuara a las costumbres de las comunidades. Por ejemplo, hemos trabajado para que los servidores de salud cuidaran el pudor de las mujeres, para que mantuvieran la temperatura de la sala de partos, les permitan dar a luz en posición vertical. En verdad, son cosas sencillas, que son básicamente de adaptación y que no significan un deterioro de la tecnología o de la ciencia.

¿Y cuál ha sido el mayor rechazo que han tenido?

El mayor rechazo lo recibimos del personal médico de salud formado en universidades, que no aceptaba estos cambios.

¿Este programa de maternidad segura va hasta que nace el niño o se amplia?

Este tema está articulado a otro proyecto que es Crecimiento y Desarrollo Temprano del Niño. Nuestro nicho fue reducción de la mortalidad materna, perinatal e incremento al acceso de los servicios de salud. Lo interesante de esto es que la experiencia que se ha desarrollado le ha servido al Ministerio para desarrollar una política. Todo esto ha contribuido a que haya una conciencia mayor de que en el Perú hay realidades diferentes. El tema del parto es un tema cultural muy sensible que ha tocado al ser humano desde que está en la faz de la tierra.

Sobre todo en un país pluricultural como este.

En un país con tanta diversidad cultural como el Perú, donde los problemas se concentran en las zonas que tienen una cultura diferente a la nuestra, occidental. Es la experiencia más avanzada de interculturalidad  que debe, ojalá, impregnar a otras áreas.

¿Y en las zonas de la selva, en Amazonas por ejemplo, donde existe el trabajo de UNICEF, cómo se han logrado objetivos en estas comunidades?

Allí es mucho más complejo. Nosotros trabajamos con las comunidades aguaruna y huambisa y es mucho más difícil porque es más precaria la presencia del Estado, el machismo es mayor, el acceso es más difícil, pero aún así se han conseguido los logros. La situación ahí es extrema. Nosotros hemos encontrado 6% de las madres atendiendo su parto en un centro de salud. O sea, de cada cien, seis. En dos años de trabajo y con un gran esfuerzo se ha subido esa proporción a 25.

¿Y esto por qué ocurre?

Primero porque no hay servicios, esa es la razón más importante, y segundo porque tienen desconfianza.

¿Y el tema del idioma, cómo se maneja?

Ese es un punto bien interesante. En esas zonas hay técnicos sanitarios locales que hablan el idioma. También ha sucedido que cuando se empieza a sensibilizar sobre el tema, el personal de salud, las obstetrices, desarrollan una capacidad especial y veloz para aprender el idioma. Nosotros estamos impulsando el tener, por lo menos, un vademécum básico de palabras en el idioma local, desde el hola hasta las enfermedades más frecuentes. También estamos trabajando con parteras. Es básico trabajar con gente de la comunidad para poder llegar a ellos.

¿Además de los awajum y wampis con quienes más se trabaja?

El año pasado empezamos con los Candoshi y los Shapras del Alto Amazonas. Estamos produciendo material para ellos en el idioma local. Eso fue a propósito del tema de la Hepatitis B pero que lo hemos articulado con el tema materno.

Este programa termina en el 2005 ¿existe la posibilidad que continúe a través de otro proyecto que complemente lo que ya se avanzó?

Vamos a proponer algunas cosas. Estamos sistematizando la experiencia. Y vamos a seguir trabajando en otros proyectos.

 

 
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