Historias de vida

Vidas reales

 

La historia de Danny

A Carlos y Filomena la llegada de su quinto hijo los encontró en las peores de las situaciones. El no tenía trabajo y continuamente debía viajar al Cuzco para conseguir ocupaciones eventuales que le permitieran sostener a su familia. Así y todo la situación se volvía cada vez más difícil. En la comunidad donde viven, llamada “Rebelde Huayrana” en el distrito de Santa María de Chicmo en el departamento de Apurímac las condiciones de supervivencia para ellos y sus hijos se hacían cada vez más duras.

Los primeros meses del embarazo de Filomena fueron muy complicados. Sentía que la cabeza se le partía en dos y que las náuseas y los mareos terminarían por derrumbarla. Tenía fatiga, agotamiento y las piernas parecían no responderle. Ella y sus cuatro hijos se alimentaban con pan, maíz tostado y algún mate para calentarse del frío. Eso era todo lo que recibía su cuerpo. Sin embargo, mientras más transcurría el tiempo, mayores eran los dolores y las molestias de Filomena. Aquejada por  aquel malestar que la agobiaba de día y de noche, decidió consultarle al promotor de salud de su comunidad. Juan, que así se llama, es coordinador del Centro de Vigilancia de Rebelde Huayrana a través del cual UNICEF en alianza con la Asociación Kusi Warma apoya el desarrollo de iniciativas de vigilancia comunitaria como parte del proyecto de Crecimiento y Desarrollo Temprano. Él, luego de verla, decidió enviarla al Centro de Salud de Chicmo, con una nota donde explicaba su situación.

Una vez allí, Filomena inició su primer control prenatal. Allí recibió suplemento de hierro durante todo su embarazo y gracias al trabajo de vigilancia que los promotores hicieron con ella y a la ayuda que recibió de la propia comunidad, su alimentación mejoró sustancialmente. Filomena asistió a cada sesión educativa, a cada consulta, y escuchó atentamente cómo era que su hijo se formaba en su vientre y todo lo que en ese momento necesitaba para que su cerebro se desarrolle completamente. Nunca antes había tenido esa información. Nunca antes, había estado tan conciente de que el ser que estaba en su vientre, la necesitaba a ella y a todos para poder llegar en la mejor de las condiciones a este mundo.

Al poco tiempo, alertado por su esposa, Carlos regresó a su pueblo. Inició su participación en las sesiones y controles pre natales de Filomena y decidió hacer el intento de quedarse junto a ella y sus hijos para ayudar en todo lo que hiciera falta. Pronto encontró trabajo como jornalero y aunque la paga era poca, la calidad de vida que su presencia y su amor le dieron a su familia, fue invalorable.

En junio del 2004, nació Danny. Era el quinto hijo de Filomena y Carlos y ni bien lo vieron tan sano, tan grande, tan feliz, entendieron que el trabajo no había sido en vano. El pequeño creció como ninguno de sus hijos anteriores lo había hecho: risueño, despierto, comunicativo. “Esto es increíble”, repiten ambos cuando lo ven correr, y lo escuchan explicarles las cientos de ideas que se le agolpan en la cabecita. Agradecidos por aquel milagro, Filomena y Carlos decidieron compartir con otras familias su experiencia. Hoy, después de haber trabajado como consejera comunitaria, Filomena es líder en la promoción del crecimiento y desarrollo temprano en las comunidades vecinas. Y Carlos es su gran apoyo en el trabajo con otros promotores y consejeras.

La vida para todos ellos cambió radicalmente desde que Danny anunció su llegada a este mundo. El Buen Inicio de esa vida, les cambió el destino para siempre.

 

 

 

 

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