Historias de vida

Vidas reales

 

Dilver

© UNICEF Peru

Era un verano de 1998 cuando Diana y Evaristo se conocieron en Lima. Ella tenía 16 años y Evaristo 18. Desde muy pequeña Diana trabajó pastando ganado en la parcela de sus padres y un buen día decidió dejar su hogar en la comunidad de Lamay, distrito de Cascabamba (Andahuaylas) para buscar nuevos horizontes. Como el resto de su familia, Diana practicaba la religión Evangélica y creció con muchos temores infundados por sus creencias. Estos temores y su timidez no le permitieron encontrar trabajo en Lima por lo cual decidió regresar a su comunidad de origen.

Muy pronto después de su regreso y sin entenderlo muy bien, Diana se dio cuenta que estaba embarazada y decidió ocultarle el embarazo a su familia. Sus abultadas polleras y su delgadez fueron cómplices de su secreto y nadie a su alrededor sospechó lo que estaba sucediendo. Fue entonces cuando Evaristo, de regreso a Lamay,  volvió a ver a Diana y se enteró que ya tenía 7 meses de embarazo.  Esta fue una razón suficiente para que la pareja decidiera unirse y difundir la noticia del hijo que esperaban.

Pero irónicamente Evaristo supo del embarazo, cuando en su encuentro con Diana la vio muy deteriorada y sospechó que algo raro le estaba ocurriendo. Como era de esperarse en un embarazo secreto, la vida de Diana había transcurrido sin ningún cuidado especial y por aquel entonces no era común que las madres asistieran al control prenatal. Dos meses después nació John quien ahora tiene 5 años. Aunque los padres no supieron el peso al nacer, ellos recuerdan que el bebé era muy pequeño, solía llorar mucho y permanecía enfermo. “Seguramente tuvo desnutrición desde que nació”, comentan ahora con un tono de seguridad y de lamento.

“Qué diferente fue la situación de Dilver!” exclama Evaristo ávido de interés por contar su  historia. “Cuando Buen Inicio entró a la comunidad, no fue fácil para nosotros aceptar ciertas recomendaciones del promotor porque chocaban con nuestras prácticas religiosas; pero pronto las autoridades y todos nosotros entendimos la importancia del cerebro…”

© UNICEF Peru

La desnutrición de John hizo que antes del segundo embarazo de Diana, ella y Evaristo aprendieran sobre los cuidados que se debían tener en el embarazo. Evaristo se involucró rápidamente en las actividades de vigilancia y pronto fue nombrado promotor de salud. Para Diana fue más difícil, pues creía que las sesiones educativas en el centro de vigilancia eran un pretexto para llevarse a los niños al extranjero. Sin embargo, la paciencia y persistencia de Evaristo vencieron sus temores y su embarazo transcurrió en medio de los mayores cuidados y consideraciones.  Como resultado, Dilver  vino al mundo con 3,600 gramos y una estatura de 52.7 cm.  A sus escasos tres meses Dilver tiene una viveza inusitada que sorprende a todo el mundo. “Este pronto va a enseñarle a su hermanito”, comenta Evaristo.

Actualmente con el apoyo de la Municipalidad de Cascabamba, la comunidad cuenta ahora con mayores recursos en el centro de vigilancia y el alcalde está atento para informarse del progreso y cómo compartirlo con otros colegas.

La historia de Dilver es sólo un ejemplo de los resultados que pueden ser logrados para mejorar el futuro de los niños por nacer. Como padre que ha vivido dos experiencias,  Evaristo está muy conciente de sus responsabilidades en el cargo de promotor y realiza sus labores con gran entusiasmo y dedicación.

 

 

 

 

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