Historias de vida

Vidas reales

 

Christian Albert

© UNICEF Peru

Christian Albert nació el Día de Todos los Santos en el hospital de Andahuaylas, dos privilegios que auguraban el calificativo de “especial” con que pisó este mundo. Quizá de allí su nombre cortesano –mezcla de alcurnias europeas- y la familia de distinción espiritual que le regaló la vida: una madre dulce y dedicada, un padre responsable y recio y cinco hermanos unidos y bellos que han llenado de amor sus dos cortos años de vida.

Andahuaylas es una provincia del departamento de Apurímac, localizada al sur del Perú a una altura de 3.500 metros. La población, -rural en su mayor parte-, está marcada por la pobreza y la cultura heredada de los “chankas,”  una etnia aguerrida y luchadora que ha  librado consecutivas batallas políticas y sociales. Allí, como en muchas provincias excluidas, UNICEF en cooperación con USAID y el MINSA vienen promoviendo el crecimiento y el desarrollo temprano (desde la gestación), a través de la Iniciativa Buen Inicio que busca mejorar la atención y el cuidado integrado del niño  en condiciones de igualdad y justicia social.

Christian nació con síndrome de down, lo que eufemísticamente llaman un “niño especial”.  Es el último de los hijos de Susana quien dió a luz a los 42 años, hecho al que se atribuye la alteración cromosómica del niño. Pero esto último no es muy claro para los padres, campesinos humildes sin más instrucción que dos o tres años de primaria en la escuela de la Comunidad de Chychucancha, donde se conocieron y se amaron desde niños. “Tenía pantalón parchadito pero limpiecito”, dice Susana  al recordar la  primera vez que vio a su marido sentado en un banco de la escuela.

El  malentendido cultural, (bajo la interpretación de que ser “especial” es un privilegio para un ser humano) le fue propicio a Christian Albert, quien venía predestinado para ser feliz, rompiendo con los valores tradicionales y las barreras de los dictámenes científicos. Con las limitaciones propias de la pobreza y la exclusión, Susana recibió una buena atención prenatal en el Centro de Salud de Nueva Esperanza y contó con el seguimiento en el centro de vigilancia comunitaria apoyado por la Asociación Kusi Warma. Tras una semana en la incubadora, el bebé llegó a la casa coronado de ventura como correspondía a los seres propios de su condición. Las enfermeras recomendaron cuidarlo mucho y así sería: la cuna sencilla –de palitos de madera local-, fue colocada en el salón principal de la casa, cerca del fuego para que estuviera siempre calentito. Nunca le dejaron llorar y la lactancia materna exclusiva se cumplió con rigor hasta los seis meses. Luego, vino la dieta complementaria con queso, huevos, carne de cuy y los granos propios de la zona. Las manifestaciones de cariño y el mimo formaron parte del cuidado diario: maracas y sonajas fabricadas con piedras, semillas y latas vacías, sillita para comer mandada a hacer “muy especialmente” en la carpintería local y ropa de abrigo tejida por la madre. Un riguroso seguimiento de su crecimiento y desarrollo en el establecimiento de salud y sesiones semanales de estimulación en el Centro de Vigilancia Comunitaria constituyeron la rutina de cuidado del pequeño.

Los rumores de la gente que calificaban al niño de “mongolito” les eran indiferentes pero el tiempo probaría que los rumores tenían algún fundamento: el sangrado de la lengua era constante cada vez que el niño lactaba, los rasgos físicos eran distintos y se demoraba en caminar más que sus hermanos. La familia entonces redobló sus esfuerzos: más cuidado, más mimos, más estimulación y consultas al centro de vigilancia comunitaria y el niño empezó a responder. Ahora, Christian habla y entiende todo, camina lento pero seguro, y canta al ponerse el sol cuando todos vuelven de la faena en la chacra. Imita a sus hermanos sin dificultad, pide que lo sienten a la mesa para comer acompañado, juega con los animales, identifica las voces y los sonidos que revientan en la lejanía, y señala al horizonte buscando su curso.... pero sobre todo, le gusta que le acaricien las orejitas antes de dormir.

¡Arriba pequeño! ¡Lo vas a lograr! parecen decir todos los miembros de la familia cada vez que Christian los sorprende con un aprendizaje diferente.

 

 

 

 

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