Historias de vida

Vidas reales

 

Salud y protección para reconstruir vidas y devolver la esperanza

UNICEF Peru

Margarita es una madre de 25 años que tiene dos niñas, Myrian de cuatro y Ana Cristina de uno. Ella y sus hijas llegaron desde la frontera de Llaquerana hace un par de años y se acomodaron en una pequeña vivienda que Rosa, la madre de Margarita, tiene en Iquitos. A falta de espacio tuvieron que desarmar la cocina y se instalaron a vivir. Su vida no ha sido ni es fácil. Su madre, sufre de un proceso depresivo desde que su hijo de 18 años murió a causa de la malaria. Por ello, Margarita debe salir a trabajar, llevando siempre a sus hijas. Lava ropa y camina a todo lugar, independientemente de la distancia, porque no tiene dinero.

Su ex pareja tiene 48 años y aunque es padre de ambas niñas, sólo ha reconocido a Myrian. La más pequeña ha sido inscrita sólo por Margarita porque el padre dice que ella no es su hija. Afirma no tener miedo a que lo denuncien pues él sabe que nada malo le va a suceder y si llega a estar en la cárcel, de igual manera va a tener para comer. No apoya con la manutención de las niñas y por el contrario las maltrata. Margarita cuenta: “Ayer fui a buscarlo para pedirle que me dé algo de plata para alimentar a las niñas, y la más grandecita agarró una botella de gaseosa, porque él tiene una bodega, y él la empujó y le quitó la botella diciendo en voz alta como para hacerme sentir miedo: Si tú me denuncias yo también te voy a denunciar por ratera, porque tu hija me está robando la gaseosa. ¿Cómo es posible señorita que diga eso, acaso no son sus hijas?, “Él es un hombre machista, tiene mujer por acá y por allá, deja hijos regados por todo lugar y no se hace cargo de ninguno, ya tiene como 6”, replica Margarita, mientras sujeta en brazos a Ana Cristina quien parece no darse cuenta de lo que sucede a su alrededor.

Margarita nos enseña la tarjeta de control de Ana Cristina quien tuvo un peso al nacer de 2.796 Kg y midió 46 cm. En la Tarjeta de Control se evidenciaba que no le había puesto todas las vacunas y no acudía al Establecimiento de Salud para el control de la niña. Nos cuenta que en plena inundación y viviendo en su casa afectada, Ana Cristina presentó diarrea, fiebre y vómitos y por eso la llevó al Hospital de Iquitos. Los médicos la internaron y le dijeron que la pequeña estaba muy grave, casi al borde de la muerte. La niña permaneció doce días en el hospital hasta que lograron estabilizarla y le dieron de alta. Sin embargo, la delgadez que presentaba al ser internada se vio mucho más reflejada cuando salió de esta crisis.

Margarita recibió entonces, un comunicado por parte de los dirigentes de la zona en la que vive, anunciándole que se realizaría una evaluación nutricional. Esta sería realizada por el personal de Salud con apoyo de UNICEF y Plan Internacional.

Lo que más nos llamó la atención al ver aparecer a Ana Cristina fue el aspecto físico que presentaba. Con 15 meses, tenía un peso de 6 Kg, una talla de 69.4 cm y una hemoglobina de 8.4 g/dl. Después de escuchar atentamente el relato de Margarita hicimos inmediatamente las gestiones con la Municipalidad de Punchana, quienes acudieron de inmediato a través de la Defensora Conciliadora. Con ella y la enfermera del Centro de Salud de Bellavista Nanay acompañamos a Margarita a su vivienda para conocer sus condiciones de vida. Estando allí, se le pidió juntar todos los documentos que tuviera para que la DEMUNA de la Municipalidad de Punchana se haga cargo del caso y notifiquen a su ex pareja para que se responsabilice de la manutención de las niñas. Además ofrecieron brindarle víveres que ayuden en su recuperación y se comprometieron en buscar al Médico Gerente del Centro de Salud de Bellavista Nanay para que la ingresen al Programa Integral de Nutrición y reciba también el tratamiento requerido para el grado de anemia severa que padecía y se logre su recuperación lo más pronto posible.

Durante toda la conversación, Margarita tenía un rostro donde se notaba que los problemas la agobiaban, sin embargo, al salir de su vivienda nos despidió con una gran sonrisa, una mirada esperanzadora y un fuerte apretón de manos que produjo en todos nosotros una gran alegría.

Casos como el de Margarita, son uno más de la larga lista que hay en cada rincón del Perú y que gracias al esfuerzo y trabajo coordinado sirven hoy de motivación para todos aquellos que creemos que al final del túnel siempre habrá una luz.

Carol Piscoya Magallanes

Consultora en nutrición - Emergencia Loreto

UNICEF Perú

 

 
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