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Transportando la llave de la inclusión

Claudio Sangama

CLAUDIO SANGAMA, TRANSPORTANDO LA LLAVE DE LA INCLUSIÓN

Cuando a los 17 años de edad el pucallpino Claudio Sangama empezó a trabajar en una de las lanchas que recorren el Ucayali no imaginó que se convertiría en testigo y forjador de importantes cambios en las comunidades  que habitan la hoya amazónica.

A él, lo encontramos en las oficinas de RENIEC en Pucallpa. Pero a pocos minutos de iniciado el diálogo,  sus historias logran desconectarnos  de la ciudad y  trasladarnos a pueblos ribereños donde las comunidades shipibas  viven de la recolección y la pesca, o selva adentro donde asháninkas se dedican a la agricultura y la caza.

Claudio, recuerda que como integrante de AIDESEP desde muy joven conoció cada una de las comunidades de Atalaya. Eran tiempos en que expresiones como “organización”, “derechos de los pueblos indígenas, de las mujeres y de los niños” ni se conocían. En la amazonía imperaban los intereses de los grandes madereros y ganaderos.

La mirada de Claudio parece fijarse en una pantalla  imaginaria sobre la que se proyectan sus recuerdos. “Cada maderero tenía a su cargo 20 ó 30 familias asháninkas que trabajaban a cambio de algo de ropa y alimentos. Eran días en que estos grandes señores abusaban de las niñas y las mujeres y nadie reclamaba”, comenta con notable tristeza.

Viajes como aquel han contribuido a que en las últimas décadas los indígenas de esas zonas empiecen a conocer y ejercer sus derechos. Él lo sabe y lo comenta con orgullo. “Con AIDESEP visitamos comunidad por comunidad para saber cuántos eran, cómo vivían; se realizó inventarios forestales y se estudió el manejo de bosques. Esto sirvió para impulsar que las comunidades se organizaran y se defendieran de ganaderos y madereros. Ahora al indígena se le respeta, antes no era así, nadie les daba importancia”, dice.

IDENTIDAD PARA LA INCLUSIÓN

Hoy, Claudio espera  con ansias los 5 ó 6 viajes que realizará entre mayo y diciembre. En cada destino los esperan cientos  de niños, niñas y adultos que desean obtener su DNI  para no vivir excluidos de la protección del Estado.

Aunque su cargo en el equipo es motorista de la lancha, en la práctica  también es quien toma las fotografías que se lucirán en cada nuevo documento de identidad. Esa doble actividad lejos de molestarlo, lo entusiasma.

“Me siento contento realizando este trabajo para RENIEC  porque he llegado a sitios muy lejanos como el Bajo Arulla donde las personas a pesar de tener nombre se identificaban entre si como “el loro”, “la tortuga”. etc. Ahora que ya tienen DNI empiezan a llamarse por sus nombres”, señala.

GARANTIZAR DERECHOS DESDE LA INFANCIA

“Acaso el bebito va a sufragar”, “Cuando sea grande él mismo sacará sus documentos” son expresiones que ha escuchado continuamente durante las campañas gratuitas de entrega del DNI para los niños y niñas.

Pero el desinterés que encuentra en muchos padres no lo desanima, porque también es testigo de cómo otros llegan, incluso al sacrificio de caminar largas horas o invierten su tiempo y dinero en movilizarse en lancha con la finalidad de ir al encuentro del Registrador de RENIEC.

Atesora en su memoria  el caso de Samuelito y Jimmy, hermanitos de 5 y 6 años respectivamente, cuyos padres fueron tragados por el río. Ellos, acompañados de su abuelita han viajado desde Santa Velita hasta Ipahia para poder obtener su DNI. “Hoy los niños están estudiando” nos dice Claudio con el orgullo de un abuelo que ve los progresos de sus nietos.

Claudio conoce de cerca cómo marcha el proceso de documentación de las poblaciones indígenas amazónicas. Sabe de los aciertos y las barreras y no duda en  hacer comentarios y sugerencias.

“Desde que el colegio y el centro de salud lo exigen  para la matricula y la atención, los padres se están preocupando por documentar a sus niños y niñas”, nos dice convencido de  que esas medidas han sido acertadas para motivar la tenencia del DNI.

Cuando le preguntamos porque  hay tantas partidas mal escritas o tantas personas sin partida nos explica que los registradores civiles son elegidos por la comunidad. y capacitados por RENIEC. Sin embargo, por ser un trabajo voluntario, suele ser interrumpido por la necesidad de salir de la comunidad para ir a trabajar. “Cuando él no está muchos nacimientos y fallecimientos quedan sin registrarse”, comenta Claudio.

El otro gran problema que ha detectado es que no pueden cumplir con el requisito de presentar una copia de la partida de nacimiento porque en sus comunidades carecen de electricidad. “Si lleváramos un pequeño generador de electricidad y una fotocopiadora en cada expedición podríamos documentar a más personas”, dice a modo de sugerencia.

Dejamos a Claudio a la espera de poder volver a encender el motor de su lancha y salir a desafiar las aguas del bravo Ucayali. Dejamos a uno de esos héroes anónimos que hacen patria día a día, exponiendo en cada viaje su vida a cambio de la ilusión de ver que otros niños como Samuelito y Jimmy puedan ejercer sus derechos.

 

 

 
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