![]() |
| © UNICEF Peru |
Estoy dibujando mi casa y mi perro Renato…parece decir Ismael sentado muy cómodamente en su banquita del PRONOEI, el Centro de Educación Inicial No Escolarizada de la comunidad de Hanaq, donde él y su familia residen. Cruzando sus pequeñas manos y recorriendo con sus ojos vivaces las cuatro paredes del saloncito, Ismael quiere hablar de todo lo que sabe hacer. Sin timidez alguna y cual hábil conversador, se para de su asiento, mira a su profesora Jhony como pidiendo aprobación y muestra su obra de arte. Jhony lo mira con ternura y le pide que vuelva a su asiento. “Este niño me sorprende", comenta complacida, “aprende rápidamente, hace muchas preguntas, termina todos los ejercicios primero que sus compañeros y siempre quiere ayudar a los demás. Es muy juguetón, seguro de sí mismo y hace amistades con facilidad.”
Ismael tiene 3 años y 9 meses. Sus padres, Serapio y Cristina, cuentan que cuando el niño cumplió dos años ellos ya sabían que era diferente a su hermanita mayor cuando ella tenía su misma edad. Su curiosidad por todas las cosas nuevas que veía y su estilo conversador era quizás lo que más les sorprendía. Cuando su madre lo llevaba a la chacra observaba que, a diferencia de su hermana, el niño no se quedaba sentado donde lo dejaba mientras ella trabajaba; con saltos y sonrisas se divertía corriendo en busca de piedras y palitos para apilar y hacer figuritas en la tierra. Los juguetes que sus padres habían aprendido a hacer en el Centro de Vigilancia Comunitaria, apoyado por UNICEF, los manipulaba con mucha seguridad como dando la impresión de que ya era un experto en la materia, recuerda Cristina.
Por aquel tiempo sus padres no prestaban mucha atención a los frecuentes pedidos de Ismael por lápiz y papel para hacer dibujos. Era un día oscuro y lluvioso, recuerda su madre, cuando por las inclemencias del clima no pudo ir a la chacra y decidió quedarse en casa junto a Ismael. “Quiero un papel y un lápiz para escribir como mi hermana” dijo Ismael en tono casi demandante ante la mirada sorprendida de su madre quien no tuvo mas remedio que responder a su pedido... Entonces como un chico grande que sabe lo que hace se sentó junto a la cocina, se acomodó en el piso de tierra y empezó a hacer cosas…al rato tenía la hoja llena de garabatos y me hablaba sobre lo que había escrito…comenta su madre.
Preocupada por las constantes demandas para aprender más de lo que en casa podían enseñarle, Cristina decidió hablar con la profesora del PRONOEI para que aceptara a Ismael, pero se encontró con una negativa rotunda: “Ismael no tiene la edad reglamentaria para ingresar al centro,” respondió Jhony un tanto enfática. Sin temor a equivocarse de que, a pesar de su corta edad, su hijo necesitaba aprender más, Cristina no dudó en buscar las influencias necesarias y muy hábilmente logró su cometido: Ismael fue aceptado en el PRONOEI. Qué alegría y alivio sentí cuando me lo recibieron! total… decía yo... si me han ayudado a que Ismael sea mas inteligente porqué no me ayudan a que él siga aprendiendo?, comenta Cristina con cierta nostalgia.
Después de varios días de observar al niño en el centro educativo, la profesora sintió curiosidad de averiguar sobre la infancia de Ismael y sin pensarlo más se dispuso a conversar con la familia. Serapio y Cristina le explicaron con detalle todo lo que podían recordar de aquel momento en que tomaron la decisión de darle un hermanito a su hija. Todo parece indicar que el aprendizaje que habían recibido sobre cómo llevar un buen embarazo y cuidar al niño para que creciera sano e inteligente fueron motivos suficientes para querer vivir una experiencia diferente. Luzmila aún recuerda las palabras de Cristina: gracias a UNICEF tuve todos los controles en el establecimiento de salud, tomé mi vitamina de hierro y mi hijo nació con 3.100 gramos; le di solamente teta por los primeros 6 meses y la enfermera y el promotor de salud me enseñaron cómo alimentarlo, quererlo y cuidarlo; usted puede ver que mi hijo es sanito.
![]() |
| © UNICEF Peru |
Para Serapio y Cristina la vida de su hijo ha sido una experiencia feliz y gratificante. Cuando yo tuve a mi hija mayor nosotros no sabíamos nada… Aquí en Hanaq nadie nos decía nada y poco me gustaba ir a la posta porque la enfermera era muy seria… por eso mi hija que ya tiene 7 años es así…enfermiza y no aprende mucho en la escuela. Esta expresión se repite por doquier en las familias de Hanaq y de otras comunidades donde UNICEF-Perú tiene presencia. El incremento en el acceso y la calidad de los servicios de salud, complementado con el trabajo de vigilancia comunitaria apoyado por UNICEF, está logrando diferencias importantes en los niveles de crecimiento y desarrollo temprano de los niños incluidos en las intervenciones.
La comunidad de Hanaq se encuentra a 3.600 metros de altura en el distrito de Lamay del departamento de Cusco. A pesar de que la comunidad se encuentra a una distancia relativa corta de la ciudad de Cusco (hora y media) y de que la ONG tenía presencia en la comunidad por varios años, el acceso a servicios de calidad era muy bajo y Hanaq no tenía entre sus prioridades la atención y el cuidado de los niños y de las madres. Ahora Hanaq, como muchas otras comunidades, cuenta con un Centro de Vigilancia del crecimiento y desarrollo liderado por el promotor de salud, a través del cual los niños y las madres son referidos a los servicios de salud, las familias reciben conocimiento e información sobre crecimiento y desarrollo temprano, se realizan sesiones de estimulación del desarrollo, se movilizan recursos para apoyar los casos de mayor riesgo y se capacita a los padres en cómo mejorar las condiciones del ambiente familiar.
La articulación del PRONOEI con el Centro de Vigilancia es muy estrecha, a pesar de que el centro educativo no existía antes de la llegada de UNICEF. Fue entonces cuando los resultados de las intervenciones se hicieron mas evidentes que la demanda de los padres para darle continuidad al aprendizaje de los niños hizo que las autoridades comunales gestionaron su creación ante la Dirección Departamental de Educación. Este logro es importante si se tiene en cuenta que la cobertura de la educación inicial en el país es del 2% y que la mayoría de los centros están localizados en zonas periurbanas.
A diferencia de muchos otros niños, la asistencia de Ismael al PRONOEI se facilita por la localización del PRONOEI junto al Centro de Vigilancia. Esta cercanía ha permitido que ningún niño de Hanaq se quede por fuera de la educación inicial y que los padres tengan contacto permanente con la profesora para conocer el progreso de los niños y responder mejor a sus necesidades de desarrollo. Esta gestión está siendo promovida en otras comunidades rurales con muy buenos resultados. Así como Jhony, otras profesoras comentan: con estos niños así de inteligentes, sanos y despiertos nuestro trabajo se hace mucho mas fácil y llevadero…después de conocer el trabajo apoyado por UNICEF ya no me niego a recibir niños más pequeños si sus padres me lo piden.
Los resultados gratificantes que Serapio y Cristina han experimentado con Ismael los ha motivado a participar mas activamente en las actividades de vigilancia. Estamos muy agradecidos y queremos que todos los niños de Hanaq puedan ser como Ismael, comentan los orgullosos padres. En la actualidad, Cristina es consejera comunitaria y es responsable de ayudar a las familias que se encuentran en mayor riesgo. Serapio es promotor de salud y trabaja hombro a hombro con su esposa para hacer de Hanaq “la mejor comunidad de Lamay.”