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En el día del Niño, UNICEF hace un llamado a los derechos de los adolescentes y su participación en sociedad

PANAMÁ, 18 de julio de 2010.- La adolescencia es una de las etapas de la vida más fascinantes, pero a su vez más complejas. Una etapa donde los adolescentes adquieren responsabilidades nuevas y experimentan su independencia; ellos buscan su identidad, e implementan lo aprendido en la primera infancia.

Llenos de vida, curiosidad y espíritu, son estos adolescentes de hoy quienes tienen el potencial para que nuestra sociedad avance y nuestro mundo cambie; son el relevo generacional.

UNICEF trabaja con adolescentes para involucrarlos en actividades que refuercen las habilidades que necesitan. Cuando son apreciados como fuentes de energía, imaginación y opinión, cuando son tomados en cuenta, ellos crecen, maduran y se desarrollan, y así mismo sus comunidades y familias.

En este día del niño en Panamá, UNICEF hace un llamado a recordar que todos los niños, niñas y adolescentes tienen derechos, como se expresa en la Convención Sobre los Derechos del Niño. Todos los niños, niñas y adolescentes tienen derecho a recibir información, habilidades para la vida; acceso a servicios básicos como educación, salud, recreación y justicia; un ambiente que los apoye y brinde oportunidades para participar y que se escuchen sus voces, y a convivir en familia, protegidos de todas las formas de violencia y abuso.

En Panamá, la percepción acerca de los adolescentes atraviesa momentos complejos, y se juzga a todos por las acciones de unos pocos. Invitamos a reflexionar sobre las habilidades que inculcamos en nuestros adolescentes, que son el presente y el futuro cercano del país. A que se tomen en cuenta sus opiniones, a que sean parte activa en la sociedad y puedan educarse, clave para que los derechos humanos se cumplan y que todos nos podamos desarrollar a nuestro mayor potencial. La educación de calidad desarrolla ese pensamiento crítico y analítico que enseña los hábitos saludables y les da a los jóvenes la información para que ellos puedan tomar sus decisiones.

La educación, tanto formal como informal, debe encaminarse para que los adolescentes sepan y puedan ser parte de los factores que influencian su vida, a estar involucrados en familias y comunidades y a expresar libremente sus opiniones, teniendo en cuenta de no confundir libertad por libertinaje y respetando siempre los derechos de los demás.

Esa participación adolescente promueve el diálogo saludable entre adultos y jóvenes, con la responsabilidad de ambos de trabajar juntos. Cuando los adolescentes son tomados en cuenta, cuando pueden expresar sus opiniones y respaldar sus creencias, se promueve su autoestima y confianza en si mismos y, por ende, sus capacidades de liderazgo. Maduran en personas con habilidades para lidiar con situaciones difíciles en su entorno, y tomar las decisiones correctas que repercuten en un Panamá mejor. Al ser apoyados, protegidos y animados por los adultos -padres, familias, maestros, mentores- ellos prosperan y demuestran esa capacidad de establecer nuevos patrones de comportamientos que se apartan de las prácticas de violencia y discriminación que, en muchos, han sido pasadas de generación en generación.

"Una sociedad que relega a su juventud, corta una línea de vida; está condenada a sangrar hasta la muerte", dijo Kofi Annan, ex secretario general de las Naciones Unidas. Así, la sociedad tiene una obligación de apoyar y proteger los derechos de los adolescentes en esta etapa de sus vidas y tratarlos con respeto, dignidad y entendimiento. Cuando estas responsabilidades se asumen, los beneficios se multiplican y repercuten a todo el país.  

 

 
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