Arte y expresión en el remoto Darién
Más de 600 niños y niñas reciben una mochila repleta de herramientas de arte, o “útiles de expresión”. Los niños que cursan el kinder en la remota comunidad de El Real, en la provincia de Darién, sonreían. Apenas recibían su “mochila”, la abrían con cara de incredulidad, y exploraban su contenido: lápices de colores, pinceles, témpera, tijeras, papel, sacapunta… todo lo necesario para convertirse en un pequeño artista. Casi 650 niños de pre escolar a tercer grado de cuatro comunidades de Darién están recibiendo una mochila de arte como parte del programa “Art in a Bag”, o “Arte en una bolsa”, organizado por UNICEF, que busca, entre otras cosas, utilizar el arte para reducir la alta tasa de deserción escolar que sucede en los primeros años escolares en ésta remota provincia panameña. “Buscamos reforzar y facilitar la transición de la casa a la escuela, especialmente para los niños indígenas que llegan a un mundo desconocido donde se habla otro idioma y los maestros no los entienden”, explica Mark Connolly, representante a.i. de UNICEF en Panamá. En la primera fase del proyecto se está trabajando, junto con Casa Taller -la ONG que implementa del programa-, en cuatro comunidades: El Real/Mercadeo, Unión Chocó, Boca de Cupe y Capetí, todas ricas en mezcla de étnias, como la emberá, wounáan y afro. Para Connolly, este programa, que fue utilizado por UNICEF anteriormente en Indonesia, es una manera de que los niños y niñas “expresen sus sentimientos; la cultura y el universo de creatividad que lleva cada niño dentro”. Cabe destacar que no son clases de arte; los maestros utilizarán el arte como herramienta de apoyo para enseñar a los niños, con el arte como el medio y no el fin, explica Connolly. Los niños exploran el arte tanto en la escuela como en la comunidad, donde tanto docentes como voluntarios han sido capacitados para trabajar con los niños talleres, y que ellos puedan “ver más allá del objeto y artículo, que vean la mochila como un puente a todo lo que ellos pueden crear y acumular”, explica Anamari Eskildsen, consultora del proyecto. Adicionalmente, voluntarios de las comunidades dictarán talleres después de clases, como parte de una red comunidad – escuela, explica Eskildsen. Y mientras los niños de El Real reciben sus mochilas y sonríen, los de Boca de Cupe, Capetí y Unión Chocó esperan ansiosos. Ya saben que viene, y están listos para expresarse utilizando un medio que le es familiar. Y quieren ir a la escuela.
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