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Urge poner un alto al maltrato

EDUCAR A LOS PADRES.
Por: Marcela Gómez de Antinori
Publicado en La Prensa -  Panamá, 17 de marzo de 2007

Enfrentar la delincuencia juvenil no resulta una labor simple sino compleja, y requiere de nuestros más grandes esfuerzos y profundos estudios al respecto. El destacado politólogo argentino Bernardo Kliksberg manifiesta que en los países latinoamericanos abunda la miseria y que hay que tener cuidado con la "mano dura" porque se ha llegado a extremos como el de una intolerancia selectiva, tipo limpieza social, en los casos de los sistemáticos exterminios de niños, con la excusa de que estos puedan transformarse a futuro en criminales; concepto que fue manejado también por el nazismo cuando se refería a las razas inferiores.

La "mano dura" que abogaba por encarcelar a los "maras", buscando una solución, produjo todo lo contrario. En las cárceles las pandillas se fortalecieron más, matándose entre sí, lo que confirma la postura de la ONU, a través de las "Reglas de Tokio" en la década de 1990, de que hay que tomar otras medidas más eficaces.

Humberto Maturana, doctor en Biología de Harvard, Premio Nacional de Ciencias en Chile, creó el Instituto Matríztico, que es un espacio de trabajo en torno a la matriz biológica de la existencia humana, determinado por un cambio de pregunta en el pensar científico y filosófico en torno al conocimiento del ser, como fórmula de disminuir la marginalización y contrarrestar la delincuencia, integrando al individuo. El proyecto se denomina "Amar Educa" y en el mismo ha incorporado a expertos con experiencias en niños maltratados y marginados. Él menciona que los niños del colegio que aparecen como inquietos, desatentos y molestosos no son niños enfermos, lo que ocurre es que son niños. Sostiene que la mayor parte de las enfermedades humanas tiene que ver con el desamor y que cuando le preguntaban cómo corregir, respondía "amando". Esto es difícil de entender, porque muchas personas pueden amar, pero actúan como quien odia. Entonces, con sus actos están negando ese amor, porque producen el maltrato. Aunque no quieran maltratar, lo hacen, porque no saben cómo llevar a efecto ese amor.

Esto trae a colación el tema de los estilos de crianza. En base a las investigaciones del doctor Gottman, quien explica los diversos tipos de crianza, primero están los padres que le quitan importancia a las cosas: despreocupados; segundo, los padres que desaprueban todo: desaprobador; tercero, los padres que lo toleran todo: tolerantes; y cuarto, los padres como entrenadores de las emociones: entrenador. Coincidimos con los estudiosos del tema en que el método más adecuado y equilibrado –que debe ser practicado tanto por los padres, como por las escuelas, por las instituciones gubernamentales y, a la vez, por la sociedad civil y los medios de comunicación como organismos de apoyo– es el método del entrenador de las emociones. Este involucra un concepto de disciplina y un concepto de amor, de forma que, a través de una estructura adecuada, el niño pueda crecer en armonía, comprendiendo que no solamente tiene derechos sino también deberes, pero que esos deberes le conllevan a la vez, derechos.

A través de esta nueva dinámica y un cambio de mentalidad, podemos lograr que nuestros jóvenes crezcan en una forma más integrada, con un mejor futuro, respetando su dignidad humana. Esto nos lleva a entender que una situación de libertad excesiva puede hacer tanto daño como una situación de rigidez; a la vez, que se requiere una contribución genuina de los medios de comunicación para mejorar el nivel cultural que transforme los puntos de vista de la niñez y de la juventud, respetando los derechos humanos, entendiendo, inclusive las desigualdades. Así coincidiríamos con lo que establece John Rawls, el moderno Rosseau, quien en su innovadora teoría de la justicia plantea un concepto más avanzado según el cual no se puede pretender que todo el mundo es igual, sino que a todos se les respete por sus derechos, de manera proporcional y justa, buscando así el mayor bienestar común. Esto supera la tesis preconizada por Jeremías Bentham, en su sentido utilitarista de proporcionar mayor dicha a todas las personas, pero sobre la base de una total igualdad, que no se ajusta a la realidad, ya que no podemos desconocer que los niños y adolescentes pertenecen a un grupo más vulnerable dentro de la sociedad.

Este concepto en Panamá es revolucionario, porque crea una conciencia nueva de cómo cambiar la mentalidad en los hogares y escuelas a través de la práctica de esa biología del amar. Pero para ello se requiere un alto grado de concienciación en el que los medios jugarán un lugar protagónico, como un método para enfrentar la delincuencia juvenil, que presupone enfrentar un cambio radical en las distintas concepciones, o sea, un cambio cultural significativo de mentalidad en los ámbitos académicos, familiares y sociales, porque desde allí empieza el problema de la crianza.

El tema no es trivial. Hay que cambiar muchas cosas, si lo entendemos podremos actuar conforme a ese pensamiento y entendimiento. Soy de la idea, y lo he manifestado así en múltiples foros, que se debe crear una "Escuela para Padres", de manera que toda persona que va a procrear un hijo sea instruida y sea preparada, para que adopte la conducta adecuada y evite las situaciones de maltrato familiar.

Recientemente las noticias nos informaron del lamentable caso de un padrastro implicado en el maltrato de una niña de cuatro años, hasta llevarla a un estado comático y, posteriormente, a la muerte; esto demuestra que hay un problema en la educación de nuestro pueblo. Estamos, por ignorancia, cercenando la dignidad humana desde las más tiernas edades y, con ello, creando seres que pueden cometer actos atroces por causas fútiles. Por ello, la propia Iglesia católica ha revelado una nueva lista de pecados anunciados por el Vaticano recientemente, en específico por el obispo Gianfranco Girotti, director del Penitenciario Apostólico, organismo que supervisa las confesiones y las indulgencias plenarias de la Iglesia católica, manifestándose como nuevas formas del pecado social todo aquello que ocasiona la pobreza, la injusticia y la desigualdad. Este tema va directamente vinculado con el problema de la situación que hemos analizado. Lo que debemos evitar, precisamente, es que nuestros niños sigan siendo víctimas del maltrato causado por la ignorancia y por los problemas de pobreza y miseria.

Como vemos, no es una cuestión aceptable por la Iglesia tradicional y tampoco debe ser aceptada por todos aquéllos que profesamos la fe cristiana, que estamos llamados a ser entes de cambio a favor del ser humano en general. Es necesario hacer un alto, una reflexión, por ello escribo sobre este tema con miras a mejorar nuestra sociedad y la condición de vida de cientos de miles de niños, que hoy sufren sin distingo de clase, sexo, raza y religión el flagelo del maltrato familiar y social en nuestro país.

La autora es magistrada vicepresidenta del Tribunal Superior de Niñez y Adolescencia

 

 
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