Educación comunitaria en Yucatán
Por Diana Goldberg Rosa Elena, una joven de 18 años que habla maya y castellano, es la instructora de la Escuela Amiga de Yodzonot-Hu, municipio de Yaxcaba, en el estado de Yucatán. Ésta es una de las 25 escuelas certificadas por UNICEF como “escuela amiga” en el estado, después de que la Comisión Nacional de Fomento Educativo (CONAFE) adoptara este programa impulsado por UNICEF, con el objetivo de ofrecer una educación de calidad a los niños de las comunidades con menos de 29 niños. En el aula, Rosa Elena atiende a siete niños de edades y niveles educativos diferentes, desde preescolar hasta sexto de primaria. “Al principio fue difícil atender a niños de niveles diferentes, pues todos querían mi atención. Pero ya me he adaptado, mientras les dejo tareas a unos atiendo a los otros y así es más sencillo para todos,” expresa sonriente. El programa Escuela Amiga, desarrollado por UNICEF, plantea, como su nombre lo indica, que la escuela sea un lugar amigable para el proceso de enseñanza-aprendizaje. Esto incluye la participación activa de la comunidad, educación bilingüe e intercultural, la enseñanza de los derechos de las niñas y niños desde una perspectiva ciudadana, así como integrar una perspectiva de higiene, salud y nutrición en los estudios. Además de impulsar el programa como tal, UNICEF ha cooperado en Yucatán con la provisión de material para la construcción de baños, pozos de agua y otros elementos de infraestructura escolar y comunitaria que constituyen elementos necesarios para hacer de las instalaciones escolares un ambiente propicio para las niñas y los niños. Para ser certificada como “escuela amiga”, la institución tiene que responder a una lista larga de requerimientos. “Las últimos 15 escuelas que forman parte del primer grupo de las escuelas CONAFE con las que colaboramos todavía no tienen las instalaciones sanitarias suficientes. Pero vamos a finalizar la instalación pronto”, explica Guillermo Alonso, a cargo del programa de UNICEF en Yucatán. Debido a sus resultados positivos en términos de la calidad de la enseñanza, UNICEF decidió extender el programa a todas las 500 escuelas de CONAFE en aquel estado. El reto inmediato será aplicar el programa Escuela Amiga en todo el estado en un plazo de dos años. Guillermo Alonso participa en las capacitaciones de los jóvenes coordinadores e instructores de CONAFE con el objetivo de formarlos en la metodología del programa Escuela amiga. Para prepararse, los instructores cursan un programa de capacitación intensivo de dos meses. Además, una vez al mes, CONAFE organiza encuentros con los instructores en los que se resuelven dudas, problemas y, en caso de algún problema, los coordinadores se trasladan a la comunidad para apoyarlos. Una vez que concluya su servicio en Yodzonot-Hu, que puede ser de un año o dos, Rosa Elena recibirá una beca para estudiar una carrera universitaria. Al igual que otros jóvenes instructores de CONAFE, cuyas edades oscilan entre los 15 y los 24 años de edad, de lunes a viernes vive en una casa de la comunidad y los fines de semana visita a su familia: “Comparto la habitación con dos de mis alumnas”, explica, “en la casa de Don Gregorio, el presidente de la Asociación escolar de la comunidad”. Lucina Gutiérrez, Delegada de CONAFE en Yucatán, afirma que el seguimiento y apoyo a los instructores constituye una prioridad para la institución: “Son muy jóvenes y a veces se enfrentan a situaciones difíciles si las comunidades son conflictivas. Por eso, la supervisión mensual es fundamental”. Participación de la comunidad Don Gregorio reconoce la importancia de mantener en buen estado la escuela: “Yo sólo estudié hasta el tercer grado de primaria”, dice, “porque antes todo era irregular. No había maestros o faltaban mucho. Antes, la escuela era de lámina”. Hoy la escuela es un aula construida con tabique y cemento, e incluye dos baños. El mantenimiento de las instalaciones corre a cargo de la comunidad. Rosa Elena agrega, “ya pedimos apoyo para construir un pequeño jardín al lado de la escuela para que los niños se queden a jugar aquí en el descanso. Ahora, muchos regresan a sus casas, pero sería mejor que se queden aquí hasta la hora de salida”. Como parte de sus actividades, los instructores de CONAFE organizan reuniones con los miembros de la comunidad para explicarles las necesidades de maestros y alumnos. Uno de los resultados de este programa, es que en el mantenimiento de la escuela, así como para proveer de alimentación a los instructores, participa toda la comunidad, aún si no tienen hijos en edad de estudiar. Mientras los niños pequeños leen a coro la numeración maya desplegada en las paredes del aula, “mix baal, cero; p’ee, uno; aap’e, dos; oxp’e, tres”, hasta llegar al diez, la madre de uno de los niños que ahora va a la secundaria relata: “Yo me casé y me vine a vivir aquí. Desde una semana después de que llegué me tocó darle de comer al maestro, y ni siquiera sabía si iba yo a tener hijos o no. Lo bueno es que ya después mis hijos han estudiado en esta escuela”, agrega. Norma, otra antigua alumna de la escuela comunitaria y que ahora estudia la secundaria, dice: “Extraño esta escuela. Allá somos muchos en el salón y no me dejan jugar. También extraño a mi maestra”, expresa con timidez. Aún así, todos los días recorre en bicicleta los 14 kilómetros que la llevan a la secundaria y quiere continuar sus estudios para llegar a ser enfermera. Las escuelas de CONAFE, en combinación con el programa Escuela Amiga, son una solución para brindar educación a los niños de comunidades con menos de 29 infantes. De ahí el interés de UNICEF por apoyar este proceso, ya que permite integrar al ámbito escolar a niñas y niños que, de otra manera, estarían excluidos.
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