Historias de vida

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La historia de Selena

© UNICEF México/ ALópez
Selena y sus hermanas

Educación Indígena: Educar en la diversidad para combatir la desigualdad

Por Amaia López

Nuevo Yibeljoj, Chiapas, México – Desde muy temprano en la mañana, Selena, de diez años, y sus dos hermanas pequeñas comienzan a hacerse cargo de las tareas de la casa. Junto con algunas amigas del vecindario se dirigen después a la escuela, y en la tarde ayudan a cultivar maíz en el pequeño terreno que su familia tiene en su comunidad Tzotzil de Chiapas. Su mamá también trabaja muy duro en el campo, pero lo que obtienen del cultivo de la tierra no es suficiente porque no cuentan con las herramientas adecuadas y el terreno ya no es tan fértil como antes. Ante esta situación, el papá de Selena se preocupa y hace planes para salir de Chiapas y trabajar durante unos meses en el estado de Quintana Roo, en cuanto se recupere de la enfermedad que, de momento, no le permite hacer su trabajo como albañil.

Como el padre de Selena, muchos habitantes de Nuevo Yibeljoj, salen habitualmente hacia otros estados de México con la esperanza de hallar un trabajo que no encuentran en su comunidad. Los pueblos indígenas en México tienen un índice especialmente alto de migración desde los estados del sur hacia zonas del norte de México en busca de trabajo y mejores condiciones de vida. El papá de Selena trabaja en la construcción durante al menos seis meses y consigue así unos pequeños ahorros que le ayudan a mantener a su familia el resto del año. “Aunque para mí es muy duro dejar a mi mujer y a mis hijas,” afirma inquieto, “pienso volver a salir en cuanto me recupere de las molestias en la espalda, porque es la única forma que tengo de atender a mi familia y de mandar a la escuela a mis tres pequeñas”.

Esta comunidad Tzotzil, como la mayoría de las casi 25,000 comunidades indígenas en México, está ubicada en una zona de muy difícil acceso en la montaña, lo que a menudo repercute en el abandono escolar y en el bajo nivel de logros en la educación. “La escuela donde estudio la primaria está muy cerca de mi casa”, dice Selena, “pero para estudiar la secundaria tendré que tomar un autobús o salir a vivir fuera y esto es algo que preocupa mucho a mis padres”.
Se estima que la tasa de analfabetismo entre los pueblos indígenas es cuatro veces más alta (más de 40% de la población de 15 años y más) que el promedio nacional (8.5%). Además, según un estudio del Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI), el 36% de los niños indígenas entre 6 y 14 años de edad trabajan (el doble que el promedio nacional calculado en 15.7%).

“A mí me gusta mucho la escuela, y quiero seguir estudiando y empezar pronto la secundaria para dentro de unos años, tener un buen trabajo aquí en Chiapas, cerca de mi familia y mis amigos”, explica Selena con entusiasmo. UNICEF apoya en comunidades indígenas como Nuevo Yibeljoj para establecer una educación bilingüe de calidad, incentivando una mayor participación de toda la comunidad en la escuela, y a la enseñanza de los derechos de las niñas y los niños, para que el día de mañana éstos puedan acceder a un puesto de trabajo digno en sus comunidades de origen. “¡Claro que preferiría que mi papá no tuviese que irse tan lejos a trabajar y por tanto tiempo!” subraya Selena, “pero ahorita, como él dice, no hay otra posibilidad.”

 

© UNICEF México/ MMéndez

Retos de la educación indígena

“Entre los principales problemas de la educación indígena están la falta de capacitación de los docentes, la ausencia de material didáctico adecuado para cada una de las regiones indígenas y la falta de acceso a las tecnologías de información,” dice el Oficial de Educación Indígena de UNICEF en México, Marcelo Mazzoli. UNICEF trabaja para mejorar la calidad en la educación de los niños y niñas indígenas mediante la entrega de paquetes escolares con libros de texto en lenguas indígenas y otros materiales que toman en cuenta las necesidades particulares de estos niños. 

Las regiones con un alto porcentaje de población indígena en México son Chiapas, Oaxaca, Yucatán, Quintana Roo y el Distrito Federal. Según estudios realizados por UNICEF, estas entidades federativas tienen las puntuaciones más bajas en el cumplimiento de los derechos de las niñas y los niños, y se estima que los niños en estas regiones tienen hasta tres veces menos oportunidades de sobrevivir, crecer saludables y educarse que en los estados del norte de México.
 
Además, de acuerdo con las cifras que refleja el Informe sobre Desarrollo Humano de los Pueblos Indígenas de México 2006 del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), de los once municipios que presentan los menores índices de desarrollo humano de todo México, cinco son municipios chiapanecos. Los otros seis municipios con niveles de desarrollo humano muy bajos se encuentran repartidos en Oaxaca, Veracruz y Guerrero.

UNICEF trabaja en esos cinco municipios chiapanecos (Aldama, Santiago del Pinar, Sitalá, Mitontic y Chalchihuitán) para luchar contra el abandono y el retraso escolar. Al mismo tiempo apoya procesos relacionados con la calidad de la educación en las escuelas de comunidades indígenas como Nuevo Yibeljoj, para que niños y niñas como Selena y sus hermanas logren alcanzar su derecho a una educación de calidad en su lengua materna. De esta forma, dentro de un par de años Selena podrá empezar los estudios en la escuela secundaria, aunque sabe que no será fácil. “Sé que para mis papás será muy difícil mandarme a la escuela secundaria, por lo que tendré que esforzarme, estudiar mucho y conseguir ahora muy buenas calificaciones si quiero cumplir mi sueño de trabajar como enfermera.”

 

 

 

 
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