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La historia de Claudio

© UNICEF México/ACarlomagno
Claudio es uno de los cientos de niños que han dejado de trabajar en los campos de cosecha y se han integrado a la escuela gracias al proyecto gubernamental de becas “Monarca”, que ha sido apoyado por UNICEF.


De los campos agrícolas a las aulas

Por Blanca Robleda

Las Brisas, Baja California.- Son las 7:50 a.m. En la cancha de futbol de tierra del campamento donde vive con sus tres hermanos y su mamá, Claudio, descalzo, juega con sus amigos. Pero está atento, quiere ver al maestro cuando llegue pues las clases ya van a comenzar.

Por falta de trabajo, la mamá de Claudio decidió salir de Oaxaca hace unos años con sus cuatro hijos. Estuvieron en varios campos agrícolas y, para ayudar a su mamá, Claudio, de 11 años, incluso trabajó en algunos de ellos. “Le ayudé a mi mamá en el corte de tomate… los amontonaba y ella los juntaba en la cubeta”, dice.

Él ya no trabaja, cursa el 3er. grado de primaria y obtiene las mejores calificaciones de su clase. Sin embargo, sus hermanos no van a la escuela: su hermana de 16 años dejó los estudios a los 8 porque “la escuela me enfadó”, hoy trabaja en los campos agrícolas y vive con su pareja. El de 21 años no pasó de 2º. de primaria, “no aprendió nada y por eso dejó la escuela”, dice su mamá. Y el menor, de seis años, no puede asistir a clases porque no tiene acta de nacimiento.

La madre de Claudio habla poco español, su lengua materna es el “mixteco”. Conmovida comenta que se siente orgullosa de que Claudio sea el mejor alumno de su clase. “Le gusta mucho leer y llega siempre a la casa a hacer su tarea, es un niño dedicado”, comenta. “Me gustaría que no dejara la escuela para ponerse a trabajar como yo, pero la situación no está fácil”, subraya.

“La mayor parte de los niños hijos de jornaleros agrícolas migrantes no ha concluido la primaria”, comenta María Méndez, Asistente del Programa de Protección a la Infancia de UNICEF en México.

Por trabajar en los campos o debido a que los ciclos escolares no siempre coinciden con los ciclos agrícolas, los hijos de jornaleros que migran dentro del país en búsqueda de mejores oportunidades económicas, abandonan sus estudios.

UNICEF apoya un proyecto coordinado por la Coordinación General de Educación Bilingüe e Intercultural de la Secretaría de Educación Pública, y por la Organización de Estados Iberoamericanos, con el cual se realiza un diagnóstico de la situación educativa de los hijos de jornaleros agrícolas migrantes en Baja California y Sinaloa. Debido a que el 40 por ciento de estos niños y niñas son indígenas, se trabaja en la elaboración de material educativo para el aprendizaje del español como segunda lengua.

Como parte de este proyecto, se estimula a las instituciones educativas relacionadas con niños migrantes, hijos de jornaleros, a contar con un sistema único de boletas que facilite el acceso a los grados que les corresponde. De ese modo, se espera evitar el abandono de estudios que se registra cuando los niños son colocados en grados que no les corresponde, señala Méndez.

© UNICEF México/ACarlomagno
Claudio saca las mejores calificaciones de su clase. “Le gusta mucho leer y llega siempre a la casa a hacer su tarea, es un niño dedicado”, comenta su madre. “Me gustaría que no dejara la escuela para ponerse a trabajar como yo”, agrega.

UNICEF también apoya el programa “Monarca” que, coordinado por el Programa de Atención a Jornaleros Agrícolas de la Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol), tiene la finalidad de evitar el trabajo infantil en los campos y de estimular a los niños a asistir a la escuela.

El Monarca es un programa piloto que se implementó en los estados de Baja California, Baja California Sur e Hidalgo y consiste en dar becas a niños y niñas entre seis y 14 años, como Claudio. Las becas se complementan con un apoyo en especie, es decir, útiles o uniformes, y uno alimenticio que consiste en despensas o los alimentos que ofrecen algunas escuelas, explica Jorge García, director del PAJA. Los padres de familia son quienes reciben las becas que son financiadas con recursos federales. Es importante mencionar que la tercera parte de las becas para los niños es aportada por el productor dueño de los campamentos, agrega.

“Estos tres apoyos siempre se deben dar juntos para lograr un buen desempeño (de los niños) en la escuela”, dice García y añade que se ofrecen pláticas de salud e higiene, en las que diferentes instituciones sanitarias colaboran en el proyecto y asisten a los campamentos a dar las pláticas.

En  2003, el PAJA registró a 30,553 niños y niñas de seis a 14 años, hijos de jornaleros agrícolas migrantes, en los 433 campamentos que atiende en 13 estados del país. De estos niños, 18,628 no asistían a la primaria y 11,925 asistían a escuelas ubicadas en los propios albergues.

“Con el dinero de la beca mi mamá me manda a la escuela” explica Claudio seriamente, “Si no yo tendría que ayudarla y trabajar en el corte del tomate”, agrega.

Con el fin de analizar la situación de estos niños y niñas, UNICEF realizó un diagnóstico antes de que diera inicio el Programa Monarca, al que se inscribieron 525 niños y niñas hijos de jornaleros agícolas en campamentos que cuentan con servicios escolares del Programa de Educación Primaria para Ninos y Niñas Migrantes (Pronim) y del Consejo Nacional para el Fomento Educativo (Conafe). Ambas instituciones controlan el cumplimiento del Monarca y han instalado escuelas en los albergues para jornaleros, donde las clases coinciden con los ciclos agrícolas. La no coincidencia del ciclo escolar con el ciclo agrícola era una de las principales causas por la que los niños abandonaban sus estudios, afirma García.

Para garantizar el buen funcionamiento del Programa Monarca, se han organizado Comités en los que participan de forma activa los propios niños y niñas los padres de familia, o responsables de los niños, los maestros y las instituciones educativas y coordinadoras del programa.

Uno de los objetivos de estos Comités es garantizar que las becas  verdaderamente sean utilizadas en beneficio de los niños o niñas, por lo que dentro de las tareas del Comité se lleva un control de la asistencia de los niños y niñas a la escuela y si dejan de acudir, investigar las causas y lograr que estos niños se reintegren.

Estos Comités también tienen actividades para los niños en donde aprenden sobre sus derechos, los riesgos del trabajo infantil temprano, y reciben pláticas sobre salud e higiene.

“Cuando los niños no tienen los documentos para ser inscritos en la escuela, como acta de nacimiento o los papeles de las escuelas en donde habían estado anteriormente, les ayudamos a hacer el trámite", comenta María del Rosario Valdéz Coordinadora del Monarca en Las Brisas, Baja California para el PAJA.

A UNICEF le corresponde sistematizar el impacto del programa y elaborar un documento que sirva como manual de operación para su implementación en los 13 estados en los que el PAJA tiene cobertura, dice García.

Con esto se contará con una herramienta sistematizada para lograr el buen funcionamiento de este modelo de atención y así garantizar la entrega de becas a los más de 30 mil niños registrados por PAJA.

“El gran reto es que los niños no trabajen y lograr que la educación sea compatible independientemente del lugar al que vaya el niño y así se convierta en una mejor opción de vida para ellos”, comenta Jorge García, el Director de PAJA.

 

 
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