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UNICEF El Estado Mundial de la Infancia
2002 © UNICEF

Liderazgo

 

 

RESUMEN DE PRENSA

I.Promesas rotas

Era el mes de septiembre de 1990, una época de extraordinario optimismo en el mundo. La Guerra Fría había concluido y reinaba la esperanza generalizada de que el dinero que se había gastado hasta entonces en armamentos pudiera dedicarse en adelante al desarrollo humano para obtener un “dividendo de la paz”. Un número inusitado de presidentes y líderes nacionales se reunían en Nueva York con motivo de la Cumbre Mundial en favor de la Infancia.

La Cumbre Mundial reflejaba las esperanzas del mundo con respecto a los niños. Los dirigentes prometieron que ratificarían la Convención sobre los Derechos del Niño, que había sido aprobada por unanimidad apenas un año antes por la Asamblea General de las Naciones Unidas, y fijaron metas ambiciosas para la reducción de la mortalidad infantil, el aumento de la cobertura de inmunización, la prestación de servicios de educación básica y otros muchos objetivos que se debían alcanzar para el año 2000. La Declaración Mundial que rubricaron los lideres mundiales era audaz y clara: “Para velar por el bienestar de los niños se deben adoptar medidas políticas al más alto nivel”. Por primera vez en la historia de la humanidad, la causa de los niños ocupaba probablemente el primer lugar en el temario mundial.

Once años después de la Cumbre Mundial en favor de la Infancia, los dirigentes mundiales se reunirán de nuevo en septiembre de 2001 en la Sesión Especial en favor de la Infancia de las Naciones Unidas. En este encuentro examinarán los avances logrados en los diez años transcurridos desde la Declaración. Los datos que se recibirán demostrarán que el progreso ha sido desigual y que el balance es una mezcla de triunfos encomiables y de fracasos desalentadores.

El Estado Mundial de la Infancia 2002 trata sobre la capacidad de liderazgo: una capacidad que transformó los compromisos alcanzados en la Cumbre de 1990 en realidades que sirvieron para mejorar las vidas de la niñez y de las familias. El informe se refiere también a la capacidad de liderazgo que aún hace falta para asegurar el derecho de todos los niños a vivir en paz, con buena salud y dignidad. Al presentar modelos de dirección entre individuos, organismos, organizaciones y alianzas, el informe destaca también la campaña “Decir sí por los niños” y la Sesión Especial en favor de la Infancia de las Naciones Unidas.

La conquista de las metas …y los fracasos

La primera meta de la Cumbre Mundial consistió en reducir en una tercera parte las tasas de mortalidad infantil y de los menores de cinco años entre 1990 y 2000. La reducción general fue del 14%, lo que implica una importante mejora, ya que significa que en diez años, tres millones más de niños superan con vida su quinto año de vida. Más de 60 países conquistaron el objetivo de reducir en una tercera parte esas tasas, entre ellos la mayoría de los países de la Unión Europea y África Septentrional, y muchos otros de Asia Oriental, Oceanía, las Américas y Oriente Medio.

En lo que concierne a la nutrición, la meta principal consistía en reducir a la mitad las tasas de desnutrición de los niños menores de cinco años. Aunque ese objetivo se ha logrado con creces en América del Sur, el declive de los países en desarrollo ha sido sólo de un 17%. En Asia, donde habitan más de dos terceras partes de los niños desnutridos, la disminución de las tasas de desnutrición ha sido relativamente modesta, ya que bajaron del 36% al 29%, mientras que en África al sur del Sahara, el número absoluto de niños desnutridos ha aumentado.

Las metas de la Cumbre Mundial de acceso universal al agua potable y a los medios sanitarios de eliminación de los excrementos para 2000 distaron mucho de haber sido conquistadas en el decenio de 1990. El porcentaje de personas que disponen de esos servicios ha aumentado; del 79% al 82% en el caso de acceso al agua, y del 55% al 60% en el del acceso al saneamiento ambiental. Sin embargo, unos 1.100 millones de personas carecen aún de agua potable y 2.400 millones no tienen saneamiento ambiental adecuado. La mayor parte de estos últimos se encuentran en Asia.

La meta del acceso universal a la educación básica también está lejos de haber sido conquistada. Aunque las tasas netas de matriculación primaria aumentaron en todas las regiones, todavía hay más de 100 millones de niños que no van a la escuela y muchos más que reciben una instrucción de mala calidad. La brecha entre los géneros – la diferencia entre la matriculación y terminación de los estudios escolares de los niños y las niñas – sigue siendo demasiado profunda, aunque en términos generales haya disminuido levemente, y en la mayoría de los países de Oriente Medio y África Septentrional se haya reducido de manera significativa. En la esfera de la salud de las mujeres, la meta consistía en reducir la mortalidad materna a la mitad, pero no hay indicio de que se haya producido una disminución importante de esa tasa.

Progresos casi nulos

El UNICEF está decidido a llamar la atención sobre la empresa inconclusa de la Cumbre Mundial en favor de la Infancia, y sobre los niños que aún no reciben la ayuda a la que tienen derecho. Todos los niños son un ser humano con nombre e historia. Cada uno tiene derecho a la salud, al aprendizaje y a la protección, así como derecho a desarrollar al máximo sus posibilidades y a participar en la construcción de su mundo. Se trata de derechos que en demasiados casos han sido violados.

La capacidad de liderazgo

Tanto los gobiernos como las instituciones internacionales deben rendir cuentas por su capacidad de liderazgo a la hora de dar prioridad a los derechos y el bienestar de los niños y colocarlos por encima de cualquier otra cuestión. Y quienes no obren de esa manera, también deben rendir cuentas.

La vigencia de los derechos de los niños, así como su bienestar, resulta fundamental para el desarrollo sostenido de los países y para la paz y la seguridad del mundo. El cumplimiento de esa responsabilidad a cualquier costo y de manera plena y consecuente representa la esencia de la capacidad de liderazgo. Aunque el grueso de la responsabilidad recaiga sobre los Jefes de Estado y Gobierno, a todos nos corresponde comprometernos y tomar medidas en ese sentido: a los activistas comunitarios, a los empresarios, a los artistas, a los científicos, a los dirigentes religiosos y a los periodistas; y hasta a los propios niños y adolescentes.

Problemas para la apacidad de liderazgo ante el VIH/SIDA

Las repercusiones del VIH/SIDA están frustrando los esfuerzos de los países de todo el mundo por dar prioridad al desarrollo humano y a los derechos de las mujeres y los niños. En América Latina y el Caribe, por ejemplo, unos 210.000 niños y adultos se contagiaron con el virus en 2000, lo que elevó a 1,8 millones el número de las personas con el VIH. El país más afectado de la región es Haití, donde se calcula que hay 74.000 niños huérfanos debido al SIDA. Pero los sitios donde la epidemia tiene resultados más devastadores son las regiones meridional y oriental de África, donde, después de varias décadas de constante mejoría, las tasas de esperanza de vida se están desplomando.

En su informe de febrero de 2001 ante el Período extraordinario de sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas sobre el VIH /SIDA, el Secretario General se refirió a la epidemia del SIDA diciendo que representa una crisis de buen gobierno y una crisis de dirección. Y agregó que “la dirección, tanto en el plano internacional como nacional, constituye el factor individual más importante para poder revertir la epidemia”. En el inicio de una intensa campaña en las más altas esferas de la cooperación internacional, el Secretario General propuso en abril de 2001 la creación de un fondo mundial para el SIDA y la salud con el apoyo de los gobiernos donantes, los países en desarrollo y el sector privado.

Capacidad de liderazgo en la formulación de políticas

Algunos gobiernos nacionales han demostrado su capacidad de liderazgo al admitir la importancia suprema de una política especifica, y luego haber movido cielo y tierra para ponerla en práctica. Un claro ejemplo de esto fue la decisión que tomó Malawi en 1994 de garantizar la educación primaria universal gratuita. Se trató de una decisión enormemente popular mediante la cual la asistencia escolar aumentó de 1,9 millones a 2,9 millones de estudiantes. Aunque el sistema escolar sigue aún tratando de satisfacer la nueva demanda, la educación universal y gratuita continúa vigente.

Camboya, China y la República Democrática Popular Lao ofrecen ejemplos especialmente notables en materia de inmunización. Por medio de la realización de varios Días Nacionales de Inmunización y la ejecución de una política basada en la movilización y respaldada por un firme compromiso gubernamental, tanto China como la República Lao lograron que se las certificara libres de la poliomielitis a fines de 2000. Camboya obtuvo la misma distinción tras eliminar la poliomielitis en tres años, a pesar de tener que superar para ello difíciles obstáculos. En 2000, ese país demostró su compromiso con la inmunización de los pobladores de regiones distantes que no recibían suficientes servicios, e inmunizó a un 65% de la población de esas regiones. En Tailandia, entretanto, la inmunización es prácticamente universal. El Gobierno se hace cargo de los gastos del programa con fondos de su propio presupuesto, y ha hecho hincapié en que puede garantizar que ningún niño menor de cinco años morirá debido a enfermedades susceptibles de prevención. La meta de liberarse de la poliomielitis también ha sido conquistada por las Naciones Insulares del Pacífico, que tienen grandes posibilidades de eliminar también el sarampión y el tétanos neonatal. En esa región, siete países han logrado y mantenido una cobertura de inmunización del 90%.

La capacdad de liderazgo empresarial

La capacidad de liderazgo no se limita al sector público, sin embargo. Existen amplias posibilidades para que las corporaciones – sobre todo las empresas farmacéuticas – demuestren que son capaces de ocupar una posición de liderazgo en la lucha mundial contra el VIH/SIDA, y muchas lo han hecho en respuesta a las numerosas presiones internacionales para que asumieran esta función.

La empresa Coca-Cola anunció recientemente que pondrá su enorme red de distribución en África, mediante la cual logra enviar sus bebidas hasta los rincones más recónditos del continente, para hacer llegar condones, equipos de pruebas y materiales impresos a las clínicas más remotas de África. Coca-Cola es una de las muchas empresas que se han sumado al Consejo Mundial de Empresas para la lucha contra el VIH/SIDA, una iniciativa para movilizar al sector privado encabezada por William Roedy, presidente de MTV Networks International, y en el que participan, entre otras, las firmas AOL Time Warner, Daimler-Chrysler, MAC Cosmetics y Unilever.

Algunas empresas privadas han demostrado aptitudes diferentes de liderazgo al haber descubierto la forma en que las actividades comerciales de alta tecnología y de vanguardia pueden ayudar a satisfacer las necesidades de los más pobres. Nokia, la gigantesca empresa de telefonía portátil finlandesa, ha puesto en marcha iniciativas sociales orientadas a los niños en muchos países. La venta de teléfonos portátiles también ha beneficiado a niños palestinos, ya que la compañía egipcia MobiNil donó 140.000 dólares a varios programas del UNICEF en la Margen Occidental y en Gaza. En Bangladesh, entretanto, GrameenPhone dona al UNICEF dos dólares por cada teléfono que vende.

La capacidad de liderazgo personal

Las personas famosas que utilizan su celebridad y popularidad para lograr un mejor bienestar general pueden ejercer también una enorme influencia. Un clásico ejemplo de esta capacidad de liderazgo en favor de la infancia se produjo en octubre de 1999, cuando 23 de los principales intelectuales de América Latina y el Caribe, entre ellos Carlos Fuentes, Gabriel García Márquez, Elena Poniatowska y Ernesto Sábato, dieron a conocer un franco y conmovedor manifiesto en el que desafiaron a los gobiernos y a los ciudadanos de la región a que dejaran de lado sus diferencias y establecieran un “pacto social” que beneficiara a los 192 millones de niños y adolescentes de la región.

En el ámbito internacional, Nelson Mandela, ex Presidente de Sudáfrica, junto a Graça Machel, ex Ministra de Educación de Mozambique y líder mundial en materia de los niños en los conflictos armados, tratan de lograr con el apoyo del UNICEF y otros importantes organismos dedicados a las cuestiones de la niñez, que los líderes mundiales se comprometan a hacer todo lo que sea necesario para crear un mundo justo para los niños. “El futuro de nuestros niños depende de sus dirigentes y de las decisiones que tomen”, han dicho ambos. “Exhortamos a todos aquellos a quienes ya nos hemos dirigido en el pasado para que se unan a nosotros en una nueva alianza mundial en favor [del cambio]. Invitamos a todos aquellos que nunca se han reunido con nosotros a que se unan al movimiento mundial en favor de la infancia”.

II. Cambiar el mundo con los niños

Desde sus primeros días de existencia, el UNICEF ha tratado de concienciar al mundo sobre la situación de los niños: sobre los numerosos menores que han sufrido por la manera en que funcionan las sociedades nacionales y la economía mundial; sobre la forma en que los niños han sufrido porque sus padres eran pobres; sobre la manera en que su salud se ha resentido debido a la carencia de alimentos o de inmunización; sobre cómo unas malas condiciones de salud, el maltrato o la falta de educación han afectado su desarrollo. Ante todo esto, el UNICEF ha actuado con el fin de reparar esos daños. Durante el decenio de 1980, el UNICEF concentró sus energías en la revolución de la salud infantil, consciente de que los procesos de fácil comprensión, como la inmunización, la lactancia materna y la terapia de rehidratación oral, podían salvar las vidas de millones de niños. Los avances que se lograron fueron notables, y demostraron que mediante la convergencia de la voluntad política, los conocimientos y los recursos adecuados era posible solucionar problemas aparentemente insolubles.

Y en ese momento, la Convención sobre los Derechos del Niño, que fue aprobada en 1989 por la Asamblea General de las Naciones Unidas y que entró en vigencia al año siguiente, modificó profundamente la naturaleza del compromiso del mundo con los niños. De manera similar a la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948, la Convención interpretó los elementos fundamentales del sentido de identidad de la humanidad y se convirtió en un hito y un punto de referencia para las generaciones futuras. De manera absolutamente original, la Convención ofreció una visión coherente de los derechos de los niños y sobre las maneras en que la sociedad podía hacerlos efectivos mediante los términos de un documento jurídico que instaba a los gobiernos nacionales a que aprobaran esos términos y que a partir de entonces rindieran cuenta sobre la manera en que acataban el nuevo tratado.

A la luz de la Convención, un niño es un miembro activo de su familia, su comunidad y su sociedad, a las que aporta sus propias contribuciones. Resulta cada vez más evidente que todo cambia cuando los adultos se relacionan con los niños respetando sus derechos. Y sin embargo, son raras las ocasiones en que a los niños y adolescentes se les solicita su opinión de manera sistemática. Con miras a recabar sus opiniones de manera más metódica, el UNICEF ha comenzado a realizar una serie de encuestas regionales sobre la opinión de los jóvenes que tiene como propósito establecer una base de datos que permita a la organización evaluar si se están respetando los derechos de los niños.

Los gobiernos deben encontrar las fórmulas necesarias para poder tomar más en cuenta las opiniones de los niños, y especialmente de los adolescentes. En ese sentido, la proliferación de los parlamentos juveniles resulta un avance digno de mención. Algunas de las democracias que emergen en Europa Oriental y la Comunidad de Repúblicas Independientes, especialmente Albania, Azerbaiyán, Georgia y la República de Moldova, han sentado importantes precedentes en ese sentido. En África también ha prendido la idea de los parlamentos infantiles, ya que casi prácticamente todos los países del continente cuentan con organismos de esa índole, aunque de características diversas.

El Movimiento Mundial en favor de la Infancia

Durante el último decenio del siglo XX, la Convención sobre los Derechos del Niño ejerció una influencia profunda que continúa aumentando mes a mes, a ritmo pausado pero seguro. Cada día que pasa, más gente descubre el concepto de los derechos de los niños; todos los días los funcionarios de los gobiernos nacionales y locales toman conciencia de las consecuencias que conlleva la obligación jurídica de respetar esos derechos; y todos los días un número mayor de niños y adolescentes avanza en el ejercicio de su derecho a que se les escuche y a transformar el mundo modificando los puntos de vista de los adultos que los rodean. Una vasta corriente de opinión y activismo dirigida hacia un propósito común está creando un movimiento mundial compuesto por los niños, sus familias y todas las personas que se interesan por los derechos de los niños.

A fin de que esta tendencia cada vez más poderosa pudiera contar con una voz pública, seis de las principales organizaciones dedicadas a la causa de los niños –BRAC, Netaid.org Foundation, PLAN International, Save the Children, el UNICEF y World Vision– se unieron para anunciar la puesta en marcha de un Movimiento Mundial en favor de la Infancia. El objetivo de ese movimiento global e integrador consiste en convocar a todos los que creen que se debe dar prioridad absoluta a los derechos de los niños: desde los padres preocupados por sus hijos hasta los ministros de gobierno, y desde las empresas comerciales responsables hasta los maestros y los funcionarios a cargo de la protección de la infancia. Se trata de un movimiento que acumula un ímpetu y una fuerza moral que los políticos harían bien en no ignorar. Todos los aspectos del Movimiento Mundial en favor de la Infancia, incluso el hecho de que los niños sean aliados plenos y necesarios, se relaciona con la capacidad de liderazgo.

Durante los meses previos a la Sesión Especial en favor de la Infancia de las Naciones Unidas, el Movimiento ha estado cosechando apoyo en todo el mundo en favor de un programa de 10 puntos que tiene como meta “cambiar el mundo con los niños”, y que se difunde en aldeas, pueblos y ciudades de todo el mundo como parte de una campaña que cuenta con un amplio apoyo popular. A jóvenes y adultos se les propone que digan “sí por los niños”. La misma pregunta y el mismo pedido se formulan en la Red a quienes se conectan a www.gmfc.org y ofrecen su apoyo. El sitio en la Red del Movimiento Mundial fue creado y es mantenido por Netaid.org, una entidad de carácter mixto público y privado nacida de la alianza entre el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo y Cisco Systems. Netaid.org representa el tipo de iniciativa que el Movimiento Mundial trata de inspirar, y que World Vision, otro aliado fundador del Movimiento Mundial en favor de la Infancia, impulsa con especial empeño.

Las presentaciones nacionales de “Decir sí por los niños”, que comenzaron en marzo de 2001 en diversas partes del mundo, fueron espectaculares tanto por su diversidad como por la importancia de quienes participaron en las ceremonias. Presidentes y primeros ministros, músicos y deportistas famosos, y dirigentes religiosos y escritores sumaron sus fuerzas a las de miles de niños, todos con el objetivo compartido de “cambiar el mundo con los niños”.

III. Accones que pueden cambiar el mundo

La inversión en la niñez constituye, pura y simplemente, la mejor inversión que puede realizar un gobierno. Ningún país ha ingresado en la senda del desarrollo significativo y sostenido sin haber realizado una inversión considerable en beneficio de sus niños. Según el Banco Mundial, una de las principales razones por las que los países de Asia Oriental tuvieron mucho más éxito en materia de desarrollo económico durante los decenios de 1970 y 1980 que los de África al sur del Sahara, además de su buena capacidad de gestión macroeconómica, fue que habían realizado grandes inversiones en los niños en los decenios previas. El éxito se debió a que estaban cosechando lo que habían sembrado en los decenios de 1950 y 1960 en el fértil suelo de la salud, la nutrición y la educación de los niños.

La capacidad de liderazgo estratégico

Las decisiones de los dirigentes políticos tienen efectos profundos en las vidas privadas de las familias, desde los primeros años de la vida del niño hasta la edad escolar; los años del aprendizaje, que abarcan de manera general el período de la enseñanza primaria; y los años de la adolescencia, cuando el niño confronta la compleja realidad del mundo.

El desarrollo del niño en la primera infancia

La atención de buena calidad en la primera infancia es un requisito indispensable para el desarrollo humano saludable. También se trata de un derecho humano fundamental. Los dirigentes mundiales deben garantizar que todos los niños, sin excepciones, sean inscritos al nacer; que puedan comenzar sus vidas a salvo de la violencia y el abuso; que reciban una nutrición suficiente, agua potable, saneamiento ambiental adecuado y atención de la salud. Y lo que resulta igualmente importante, las comunidades deben garantizar que se satisfagan las necesidades de los niños en cuanto a su desarrollo intelectual y emocional; que los niños reciban suficientes estímulos y oportunidades de aprender a edad temprana; y que sus padres y las otras personas que los atiendan dispongan de suficiente apoyo e información para ofrecerles un ambiente donde los niños reciban amor y se enriquezcan intelectual y emocionalmente. Los gobiernos nacionales que no les ofrezcan todo esto estarán cometiendo un costoso error, y estarán faltando a las obligaciones morales y jurídicas que les fija la Convención sobre los Derechos del Niño.

Los buenos programas de desarrollo del niño en la primera infancia abarcan todas las metas de la supervivencia del niño con las que se ha identificado tradicionalmente el UNICEF: la salud materna, el alumbramiento seguro, consultas médicas periódicas tras el parto, la inmunización, la lactancia materna como método para garantizar el crecimiento del lactante, la alimentación complementaria y la educación de los padres acerca de la nutrición y la salud. Pero también cubren el desarrollo mental, social, emocional y espiritual de los niños en sus primeros años, especialmente la atención física y psicosocial y los estímulos que reciben.

La educación básica

Los beneficios de invertir en la educación básica de alta calidad, especialmente en la educación de las niñas, han sido evidentes en multitud de casos. La educación enriquece la vida y amplía las oportunidades de todo el mundo.

Las niñas que disponen de la oportunidad de ir a la escuela no sólo tienden a contar con mejores oportunidades y más posibilidades en la vida, sino que aumentan las de sus futuros hijos y familias, así como las de las sociedades en que viven. Se ha demostrado que la educación de las niñas reduce la mortalidad infantil, mejora la nutrición y la salud de los niños y de las mujeres, y reduce el aumento de la población, ya que las mujeres educadas tienden a contraer matrimonio a mayor edad y a tener menos hijos. Las sociedades que invierten de manera equilibrada en la educación de los niños y las niñas también cosechan enormes beneficios con respecto a su desarrollo.

La adolescencia

Estos niños de más edad son los que confrontan las amenazas más graves a sus derechos como niños, desde el peligro del VIH/SIDA y la explotación sexual hasta los riesgos del trabajo infantil en condiciones de explotación, los conflictos armados y el reclutamiento como soldados. Los adolescentes se ven obligados a correr esos graves riesgos sin contar con la información, las aptitudes y los servicios de apoyo que necesitan.

Los gobiernos que han ratificado la Convención sobre los Derechos del Niño deben reconocer que los adolescentes disfrutan de derechos inalienables que en la actualidad no se toman en cuenta. Los adolescentes tienen derecho a obtener información fidedigna y pertinente de fuentes diversas, como sus padres, sus maestros, los medios de comunicación y la educación entre pares. También tienen derecho a aprender las aptitudes para la vida que necesitan durante los años de adolescencia, cuando buscan su identidad e independencia. Se trata de las aptitudes para resolver las diferencias de opinión, para resolver conflictos de manera pacífica, para ejercer un pensamiento crítico, para tomar decisiones, para comunicarse y para ganarse la vida. Cuando se aseguran y garantizan estos derechos no sólo se está ayudando a los jóvenes sino a toda la sociedad humana.

Responsabilidades sin fronteras

Todos los países tienen diversos incentivos económicos para invertir en los niños. Todo estado que haya ratificado la Convención sobre los Derechos del Niño está obligado a cumplir la cláusula que establece que los gobiernos nacionales deben respetar todos los derechos enumerados en la Convención “hasta el máximo de los recursos de que dispongan” y debe acatar la obligación jurídica y moral de emplear el interés superior de los niños como principio rector cuando se vean obligados a tomar decisiones espinosas. Los ministros de finanzas y las instituciones financieras nacionales y provinciales deben hacerse cargo de las responsabilidades que les caben con respecto a la forma en que los países emplean los fondos públicos para invertir en los niños.

Pero la Convención también contiene una cláusula adicional que establece que “cuando sea necesario” se deben obtener esos recursos “dentro del marco de la cooperación internacional”. Los países en desarrollo deben hacer al respecto todo que esté al alcance de sus posibilidades, pero está absolutamente claro que a menos que se produzca un importante aumento de la ayuda externa y una mayor infusión de los recursos provenientes del alivio de la deuda, la mayoría de ellos no logrará conquistar para 2015 las metas que la comunidad internacional ratificó en la Cumbre del Milenio.

La Iniciativa para la reducción de la deuda de los países pobres muy endeudados (PPME), que se puso en marcha de una forma muy lenta y limitada, ha comenzado por fin a cobrar ímpetu. Para principios de 2000, la Iniciativa para la reducción de la deuda de los PPME sólo había ayudado a cuatro países: Bolivia, Guyana, Mozambique y Uganda. Hoy en día, y en una versión “mejorada”, la Iniciativa ha comenzado a dar resultados más positivos, ya que 22 países pobres reciben beneficios del alivio que en el futuro totalizarán unos 34.000 millones de dólares, lo que debería ayudarles a reducir sus deudas a una tercera parte de sus montos al comenzar el proceso.

Otro acontecimiento extremadamente esperanzador fue el anuncio por parte de los países del Grupo de los Siete de que condonarán el 100% de la deuda bilateral que mantenían con ellos varios países de la Iniciativa para la reducción de la deuda de los PPME.

Las naciones que se adjudican el liderazgo de la economía mundial deben dejar atrás las promesas incumplidas del siglo pasado. Deben responder al llamamiento que efectuó el Director Gerente del Fondo Monetario Internacional, Horst Köhler, en favor de “una campaña de movilización en pro de la acción para que todos los gobiernos y parlamentos de la ODCE cumplan con la meta del 0,7% durante este decenio”. Obtener ese respaldo público no debería resultar difícil: una encuesta realizada hace poco en los Estados Unidos indicó que la mayor parte de la población supone que su gobierno asigna mucho más del 20% del presupuesto federal a la asistencia externa. Cuando se preguntó a los encuestados cuál era en su opinión un nivel adecuado de asistencia externa, la respuesta promedio fue un 14% del presupuesto.

En febrero de 2001 ocurrió en Londres un acontecimiento profundamente esperanzador. El Ministro de Finanzas del Reino Unido, Gordon Brown, y la Ministra para el Desarrollo Internacional, Clare Short, convocaron una conferencia de un día sobre la acción internacional contra la pobreza infantil que trajo consigo un notable cambio de perspectivas. Asistieron a la reunión los ministros de finanzas de muchos países del mundo, así como los jefes del Banco Mundial y el FMI, y delegaciones de los principales organismos de las Naciones Unidas y de ONG. La reunión constituyó un reconocimiento tácito de que no había manera de conquistar las metas para el desarrollo que la comunidad internacional se había comprometido a lograr para el año 2015 si todas las partes no colaboraban con un grado de compromiso mucho mayor al que se había demostrado hasta entonces, y especialmente si no se contaba con la participación de los ministros de finanzas y las instituciones financieras internacionales que controlan los recursos.

Nelson Mandela se dirigió a los presentes mediante una transmisión televisiva por satélite en la que les dijo: “Debemos dar prioridad a los niños en el temario mundial. Debemos modificar las estrategias dirigidas a reducir la pobreza de manera que otorguen prioridad a las inversiones en los niños”.

Entre las iniciativas que se pusieron en marcha durante la conferencia figuró una propuesta del Gobierno de Italia, que aprovechó la capacidad de liderazgo propia de su condición de presidente de los países del Grupo de los Siete para proponer la creación de un Fondo Fiduciario para la Salud, al que las 1.000 empresas más grandes del mundo donarían por lo menos 500.000 dólares cada una. Los gobiernos de los países industrializados equipararían esas donaciones de manera que el fondo contaría con 1.000 millones de dólares como mínimo, y esos fondos se emplearían para ayudar a los países a conquistar sus metas de salud para el 2015.

La Sesión Especial en favor de la Infancia

La Sesión Especial en favor de la Infancia de la Asamblea General de las Naciones Unidas, que se celebrará en septiembre de 2001, es la culminación de varios años de trabajo por parte de miles de organizaciones. Tal como sucede con casi todas las conferencias importantes de las Naciones Unidas, la Sesión Especial se producirá tras una serie de reuniones preparatorias en las que se han estudiado y debatido sus aspectos fundamentales.

La gama más amplia posible de organizaciones de la sociedad civil que trabajan con los niños y para ellos. Los representantes de las ONG han contado ahora con acceso pleno a los borradores de los documentos y han contribuido de manera notable al proceso. Han establecido una alianza multidireccional con el propósito de garantizar que los dirigentes mundiales se tomen con seriedad la idea de que los niños disfrutan de derechos humanos fundamentales, y de que debemos dedicarles con carácter prioritario nuestras energías, nuestro compromiso y nuestros recursos.

Se trata, asimismo, de una alianza que no se limita a tratar de representar las necesidades y los intereses de los niños, sino que se propone basarse en su participación. No hay ámbito más adecuado para la participación de los niños que la Sesión Especial y las importantes reuniones previas a ese acontecimiento. A ello se debió que en abril se reuniera en Jomtien, Tailandia, un número sin precedentes de niños de entre 11 y 18 años provenientes de países de Asia Oriental. Ese mismo mes se reunieron en Budapest niños de 27 países de Europa y Asia Central, a fin de elaborar un temario juvenil regional. En noviembre de 2000 se llevó a cabo un Foro Juvenil Regional de características similares en Amman, al que acudieron niños de Oriente Medio y África Septentrional, mientras que en Katmandú, en abril de 2001, un grupo conocido como Los factores del cambio, donde estuvieron representados niños de ocho países de Asia Meridional, dieron a conocer su visión del futuro a los jefes de las empresas más importantes de la región.

Un mundo justo para los niños

La Sesión Especial en favor de la Infancia ofrecerá a las naciones del mundo una oportunidad inédita de dejar atrás una época en que cientos de millones de niños cayeron en la pobreza o la explotación laboral, fueron condenados a pasar hambre todos los días o se les denegaron los beneficios de la enseñanza. Quienes asistan a la Sesión Especial tendrán ocasión de participar en una ocasión histórica, cuando los dirigentes del mundo se comprometan a crear un mundo justo para los niños en el plazo de una generación. En los últimos decenios, hemos aprendido mucho durante las actividades relacionadas con el desarrollo acerca de las diversas maneras en que se pueden descartar o eludir las promesas o su cumplimiento, y sobre la manera en que los niños terminan pagando las consecuencias de esta negligencia. Hemos aprendido que las metas y los objetivos deben ser específicos, sujetos a plazos establecidos y mensurables, y que los avances que se logren deben ser vigilados y examinados cuidadosamente. A los delegados que asistan a la Sesión Especial en favor de la Infancia se les pedirá que se comprometan a cumplir metas concretas:

  • en materia de salud infantil
  • educación
  • lucha contra el VIH/SIDA
  • protección de los niños ante el maltrato, la explotación y la violencia.

Pero más que eso, también deberán aceptar rendir cuentas de sus logros y fracasos.

En la Sesión Especial los gobiernos deberán demostrar que han comprendido por fin que, por el bien de todos, se debe dar prioridad a los derechos de los niños. Como ha afirmado Nelson Mandela: “Una nación o una sociedad que no cuida a sus niños no es una nación”.

Ahora es el turno para cambiar las cosas de quienes detentan el poder político y la confianza de la opinión pública, aquellos que tienen las mayores oportunidades y responsabilidades. Los millones de personas de todos los países del mundo que han comprometido su apoyo con la causa de los derechos de los niños les estarán observando más detenidamente que nunca. Quienes se consideran dirigentes deben dar de sí mismos todo lo necesario, porque menos que eso no sería suficiente para crear un mundo justo para los niños.

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Photo:  Kurdish girl. Iraq, 1997. Copyright Sebastiao Salgado/Amazonas

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