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Gian Marco con los niños de Pisco - Ponle alegría a mi corazón

© UNICEF/Perú/2007

Se bajó del carro cubierto con una mascarilla que le tapaba el rostro. Avanzó lentamente frente a las torres de la iglesia, el símbolo más grande del dolor de los pisqueños. El polvo seguía arremolinándose por todas partes. En las calles aledañas, las casas derrumbadas aún forman parte de la dramática vista que envuelve la ciudad. Gian Marco Zignago, Embajador de Buena Voluntad de UNICEF inició de esta manera su primera visita a una de las zonas más devastadas por el terremoto del 15 de agosto. “Ninguna fotografía o video es comparable a lo que uno experimenta cuando llega aquí. El dolor se puede percibir en todas partes y los peruanos tenemos mucho que hacer para levantar a este pueblo”.

En Pisco y sus distritos aledaños existen 24 albergues. Dos de ellos son el Santa Rosa y Teobaldo Pinillos. En el primero, las 30 familias viven frente a lo que queda de sus casas derrumbadas. Con sábanas, frazadas, cartones y plásticos han armado sus carpas y son de aquellos a quienes la ayuda les llega a cuentagotas. Hace una semana UNICEF instaló en este lugar un contenedor de agua de 1500 litros de capacidad para que los niños y sus familias puedan preparar sus alimentos con agua limpia.

Al mediodía del miércoles 5 un grupo de madres de estaba cocinando, otro lavaba ropa mientras que otro atendía a los niños que jugaban por el lugar.

En esas estaban cuando de pronto una de ellas dio un grito de alegría: ¡Gian Marco!!! ¡Salgan todos…Gian Marco nos ha venido a visitar!!!! La incredulidad y la conmoción los agarró a todos de sorpresa. Chicos y grandes, hombres y mujeres salieron de donde estaban y corrieron para abrazarlo. Los niños lo miraban pasmados y las mujeres coreaban su nombre pidiéndole una canción. Abrumado por el recibimiento, el cantante abrazó a doña Gisela, la lideresa del albergue y empezó con ella y con las que se fueron sumando, una conversación sobre la vida después del terremoto.

-Tenemos muchas necesidades –dijo doña Gisela- Pero tratamos de vencerlas como podemos. El problema son nuestros niños. Ellos tienen mucho miedo y la vida para todos cambia después de las seis de la tarde. A esa hora, los niños se abrazan de sus madres y se ponen a llorar. Otros se orinan. Otros se vuelven agresivos y dicen que nadie nos va a salvar de otro terremoto. Gritan. Es terrible para nosotros poder controlar lo que les está pasando a nuestros hijos.

Los niños se habían juntado alrededor de Gian Marco cuando de pronto él les dijo que les contaría una  historia. ¿La quieren escuchar? Síiiiiiiii, corearon todos al unísono. Bueno –dijo-, hace muchos años cuando yo era chiquito hubo un terremotazo. Era 1974 y me acuerdo que cuando ocurrió el temblor me estaban bañando. De pronto la tierra comenzó a temblar y mi mamá me sacó envuelto en toallas. Todo el edificio se movía y yo me asusté mucho, así como ustedes están ahora. Pasaban los días y lloraba y lloraba porque eso es normal. No es malo llorar de miedo porque el miedo existe y uno tiene que sacarlo de alguna manera. Pero lo que quiero decirles es que luego que pasa el super terremoto, vienen varias réplicas pero eso no quiere decir que va a haber un tsunami. Pónganse eso en sus cabecitas y no le hagan caso a quienes dicen que se va a salir el mar porque el mar no se va a salir.

© UNICEF/Perú/2007

-Pero en San Andrés se salió y se llevó muchas casas –dijo uno de los niños con cara de susto.

-Sí, -contestó Gian Marco- fue una ola grande que salió pero eso ya pasó. Cuando pasa una cosa de estas ocurre sólo una vez. Luego puede haber réplicas pero el mar no se volverá a salir nuevamente –le dijo tratando de calmarlo. Pero ahora, qué les parece si en vez de hablar del terremoto nos vamos a jugar un rato a la canchita de al lado.

Al costado de este albergue en el estadio Teobaldo Pinillos vive otro grupo de familias. Cuando apareció Gian Marco se armó otra asonada de entusiasmo y los niños salieron felices a jugar con él.

Obviamente todos querían ser de su equipo y como no hubo forma de separarlos en dos, Gian Marco les pidió a los más grandes que sean los retadores. Al final el equipo del cantante estaba formado por él y 24 niños mientras que del otro lado cinco muchachos le hacían frente a los contrincantes.

Las palabras no podrían relatar lo que ocurrió en esos 40 minutos que duró el partido. Cada gol marcado por los más pequeños era celebrado como la final del mundial. Gian Marco se tiraba al piso como palomita y todos caían sobre él riendo una y mil veces. Lo apachurraban, lo abrazaban y otros hasta tomaban viada para volverse a tirar encima de él una y otra vez. Uno con los cabellos enrulados y crecidos era Higuita y otro moreno se convirtió de repente en el popular “jotita” Manco, mientras que otro decía que lo llamen Hermoza como el arquero de la sub 17. Ya, -dijo Gian Marco- entonces yo soy el “Huevo” Ruiz por lo pelao. Miles de risas acompañaban las ocurrencias y así fue pasando la mejor tarde que estos pequeños tuvieron después de muchos días de incertidumbre y terror. Después vinieron las fotos. Yo también quiero tomarles fotos a ustedes –les dijo. Ya, pónganse acá. A ver con cara de ángeles. Y todos posaban juntando las manos. Ya, ahora con cara de locos, y todos se reían y volteaban los ojos y sacaban la lengua. Listo! Y ahora con cara de alegres, entonces todos estiraban la cara en una sonrisa que por fin era de pura y sincera felicidad.

Al final del encuentro un padre de familia del albergue, don Jesús Gonzales se acercó a Gian Marco y lo estrechó en un fuerte abrazo. “Mil gracias –le dijo- esta alegría que usted le ha dado a nuestros hijos es algo que ellos no olvidarán jamás y nosotros tampoco”. El Embajador de Buena Voluntad de UNICEF se secó el sudor de la frente y acompañado de este buen hombre fue hasta el auto que lo llevó hasta allí y sacó unas cajas con cuentos. Las madres de los albergues Santa Rosa Y Teobaldo Pinillos estuvieron felices. Cien cuentos para leerles a sus hijos. Cien cuentos que ojalá conviertan el miedo de las seis de la tarde en un momento de placer.

-Cuándo regresas Gian Marco – le preguntó una de las niñas al final de la visita
-No me iré nunca - le dijo. Ustedes siempre estarán en mi corazón.

Para mayor información
Marilú Wiegold, mwiegold@unicef.org, UNICEF Perú
Elsa Úrsula, eursula@unicef.org, UNICEF Perú
www.unicef.org/peru/spanish/ 

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Acerca de UNICEF
UNICEF trabaja sobre el terreno en más de 150 países y territorios para ayudar a los niños y niñas a sobrevivir y avanzar en la vida desde la primera infancia hasta la adolescencia. UNICEF es el mayor proveedor de vacunas para los países en desarrollo, y apoya la salud y la nutrición de la infancia, el abastecimiento de agua y saneamiento de calidad, la educación básica de calidad para todos los niños y niñas, y la protección de los niños y las niñas contra la violencia, la explotación y el SIDA. UNICEF está financiado en su totalidad por las contribuciones voluntarias de individuos, empresas, fundaciones y gobiernos.

 

 
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