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UNICEF Panamá: Mano Justa

La mano justa

Por: Fernando Carrera Representante de UNICEF Panama

Desde hace algunos años diversos países latinoamericanos (y también, notablemente, los Estados Unidos) se han enfrentado con el fenómeno de adolescentes que cometen crímenes. A veces se trata de incidentes menores, como hurtos en la calle sin mayor violencia para las víctimas. Pero en ocasiones (muchas menos afortunadamente) se trata de crímenes más graves como asesinatos y violaciones.
Frente a este fenómeno social los países han ensayado diferentes respuestas. En el extremo más represivo de esas respuestas, se encuentran las campañas de limpieza social donde básicamente se trata de encerrar en cárceles, o incluso asesinar extrajudicialmente, a los adolescentes que cometen crímenes (aun si su delito es solo un hurto simple en la calle). En el otro extremo se encuentran propuestas desde una perspectiva psico-social, que proponen un alto a la violencia de los adolescentes a través de sanciones socio-educativas orientadas a reconstruir el proyecto de vida de los que han cometido delitos, con el fin de alejarlos de la violencia de manera definitiva.

Diversas experiencias en América Latina y Estados Unidos han demostrado que la limpieza social (la llamada mano dura) no brinda resultados sostenibles porque no permite superar el círculo de la violencia. Más temprano que tarde las cárceles atestadas de adolescentes y los asesinatos en las calles se traducen en una criminalidad mayor y más peligrosa. Como sucede hoy en Irak, la violencia ha traído más violencia, y las prácticas violatorias de los derechos humanos han contribuido a generar una respuesta aún más despiadada de parte de los adolescentes. Ante las respuestas represivas, los jóvenes se defienden profesionalizándose en el crimen: el que ayer asaltó con un arma blanca, ahora asalta con un arma larga; el que robó unos centavos ahora quiere cientos de dólares; y el que ayer solo hurtaba, hoy también abusa sexualmente de sus víctimas. Sin duda hay argumentos de derechos humanos para oponerse a la mano dura; pero además hay que rechazarla por que ha agravado aún más el círculo de la criminalidad en los adolescentes.

En el otro lado del espectro, las respuestas basadas en la reconstrucción del proyecto de vida de los adolescentes han permitido disminuir la inseguridad y la violencia, por lo que es importante estudiar qué factores han permitido arrojar estos resultados más positivos.

En primer lugar, es importante tener claro que un programa de reconstrucción de proyectos de vida de adolescentes exitoso necesita un sistema de justicia basado en al menos cuatro principios:

Cero impunidades: Toda violación a la ley debe ser confrontada y los infractores deben asumir sus responsabilidades. La impunidad genera más criminalidad y por lo tanto un mundo más violento e inseguro. Una sociedad más violenta es algo muy malo para Panamá, pero es algo aún peor para los adolescentes. Los adolescentes se benefician mucho de una sociedad con mayor seguridad jurídica.

Debido proceso: La Ley 40 establece claramente cómo deben ser procesados los adolescentes que son acusados penalmente. El debido proceso permite que la justicia se alcance de manera transparente. Para un adolescente esta es una lección importante: entender que la transparencia es un valor esencial para alcanzar la justicia en la sociedad y la comunidad en que vive, y que los fallos judiciales no responden a caprichos de los juzgados y tribunales.

Proporcionalidad y discernimiento: Las sanciones deben ser proporcionales al delito. Pero en los adolescentes esto además significa que debe ser proporcional a su edad. La proporcionalidad con respecto a la edad significa reconocer que el discernimiento sobre lo correcto y lo incorrecto es algo que el adolescente aún está construyendo. Precisamente porque el discernimiento es algo modificable en el adolescente, podemos afirmar con certeza que se puede reconstruir su proyecto de vida, ayudándolo a escapar del círculo destructivo de la criminalidad.

Un sistema de sanciones que permita romper efectivamente el círculo de la criminalidad: El propósito fundamental de las sanciones contra los adolescentes debe ser evitar que continúe cometiendo crímenes. La sociedad muchas veces se confunde, y espera que las sanciones sean sobre todo un castigo para el infractor. Si bien este es un concepto muy popular en nuestras sociedades, su nivel de aceptación va de la mano con su inefectividad. Los programas de sanciones más efectivos son aquellos que han buscado reconstruir proyecto de vida a partir de un acompañamiento socio-educativo. En este enfoque la palabra que importa no es castigo, sino responsabilidad. Construir ciudadanos responsables socialmente, no castigar y destruir las vidas de adolescentes excluidos.

Romper el círculo de la violencia y la criminalidad en los adolescentes también requiere de políticas públicas esenciales que interactúen y refuercen al sistema de justicia:

Una política de protección social efectiva que apoye la inclusión de los más excluidos. Los subsidios condicionados son un primer paso en esa dirección.

Una política educativa que asegure acceso, permanencia y calidad de la educación para todos los adolescentes. Sin educación es más fácil delinquir, y la exclusión educativa es uno de los principales factores de riesgo que favorecen las actividades ilícitas entre adolescentes. El fracaso y el rezago escolares deben dejar de ser vistos como un problema escolar y de los alumnos, y comprenderlo más bien como un problema familiar y comunitario.

Una política de combate a la irresponsabilidad paterna y de eliminación de la violencia intrafamiliar: Las conductas de adolescentes que infringen la ley están fuertemente asociadas con hogares donde los hombres no asumen sus responsabilidades paternas (abandonan a sus parejas, dejándolas como únicas encargadas del cuidado de los hijos), así como con hogares donde se experimenta mucha violencia intrafamiliar (siendo el abandono y el descuido una de las formas que asume dicha violencia).

En conclusión, romper con el círculo de la violencia en los adolescentes tiene mucho que ver con una política pública que involucre a la comunidad, a la escuela y a la familia. Como se dice en África, "cuidar a un niño requiere de una comunidad". Y los adolescentes están esperando que su comunidad les dé una mano para escapar de la trampa de la criminalidad. Tal vez lo que más necesitan es una mano justa que les ayude a encontrar el camino hacia una vida ciudadana más responsable.

El autor es representante de UNICEF Panama

(este artículo fue publicado en el diario La Prensa de Panamá, julio 17, 2006)

 

 
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