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Discurso de Paulo Sérgio Pinheiro sobre la violencia

© 2006/S.Ochoa
Paulo Sérgio Pinheiro

Discurso presentado por el Experto Independiente, Paulo Sérgio Pinheiro, en ocasión del lanzamiento regional del Estudio mundial sobre violencia contra los niños, niñas y adolescentes, el 16 de noviembre del 2006 en la Ciudad de Panamá, Panamá.


Excelencias, Autoridades del gobierno de Panamá, representantes de Organizaciones Internacionales, representantes de Organizaciones No Gubernamentales de Latinoamérica, representantes de la sociedad civil organizada, representantes de los grupos de jóvenes participantes, señoras y señores: 

Buenas tardes:

Con gran placer presento para América Latina y el Caribe el Informe Mundial sobre la Violencia contra los Niños. El estudio examina las causas, consecuencias y posibilidades de prevenir la violencia contra los niños, niñas y adolescentes. Pero la elaboración de un informe global como éste sólo tiene sentido si logramos a partir de ello provocar o reforzar acciones concretas que ayuden a mejorar la situación de niños, niñas y adolescentes.   Es para hablar de tal desafío que hoy nos reunimos aquí.

Nadie necesita argumentos para condenar la violencia contra los niños. Pocos temas en la comunidad internacional y en los debates nacionales disfrutan del mismo apoyo como la protección de los derechos de los niños. La casi universal ratificación de la Convención sobre los Derechos del Niño es el ejemplo más obvio de tal consenso. 

A pesar de todo esto, el Estudio de Naciones Unidas ha confirmado que dicha violencia continua existiendo en todos los países y regiones del mundo, en el Norte y en el Sur. En nuestra región hay un inmenso desequilibrio entre los compromisos que han asumido los países en el  contexto internacional y la realidad vivida por los niños, niñas y adolescentes.
 
En todas las regiones, niños, niñas y adolescentes viven bajo la amenaza  de sufrir distintas formas de violencia cuando están en sus casas, en las escuelas, en las comunidades, en las instituciones de protección o detención o en el los espacios de trabajo. 


Señoras, Señores:
 
Las estimaciones contenidas en mi informe, y detalladas en el libro que lanzaremos en la próxima semana en Ginebra, indican la remarcable magnitud del fenómeno de la violencia en el mundo actual y en nuestra región: 

• La Organización Mundial de Salud, basándose en datos muy limitados, indica que en 2002, 53.000 niños murieron víctimas de homicidio. Es ampliamente sabido que el número de homicidios en Latinoamérica y Caribe en general es más del doble de la media internacional.

• 150 millones de niñas y 73 millones de niños menores de 18 años sufrieron experiencias sexuales forzadas u otras formas de violencia sexual durante el 2002.

• La Organización Internacional del Trabajo informa también que en 2004, cerca de 218 millones de niños eran trabajadores infantiles, de los cuales 126 millones tenían trabajos degradantes.
En Latinoamérica hay casi 5,7 millones de niños y niñas trabajadores entre 5 y 14 años. De éstos, 2 millones son trabajadores domésticos. Un grupo extremadamente vulnerable.

Pero todas estas estadísticas, pese a ser impresionantes, no describen la realidad de la situación. La mayor parte de la violencia contra niños, niñas y adolescentes es totalmente invisible, simplemente no existe en estadísticas nacionales o internacionales. La historia de la violencia contra los niños es una historia del silencio. 

A pesar de la carencia de informaciones, investigaciones científicas en distintos países han detectado que la vulnerabilidad de los niños a la violencia está frecuentemente ligada a su edad y sexo.  Los niños y niñas  más jóvenes son más vulnerables a la violencia física, y la violencia sexual afecta predominantemente a los adolescentes. Los niños sufren mayor riesgo de violencia física y homicidios, por su parte las niñas sufren mayores riesgos de violencia sexual, abandono y explotación sexual. Algunos niños y niñas, debido a su raza, su origen étnico, a una deficiencia física o mental o incluso a su condición socioeconómica, son particularmente vulnerables.

Factores como las actitudes discriminatorias, los estereotipos sobre los roles de cada género contribuyen a la violencia. Así como también es sabido que muchas veces, la desigualdad económica, la inestabilidad política, los conflictos armados son factores que contribuyen a aumentar los riesgos de violencia. Latinoamérica y el Caribe tienen estadísticas más preocupantes de muertes violentas de adolescentes  del mundo y la mayoría de los homicidios son causados por el uso de armas de fuego.


Señoras, Señores:

¿Qué hacer frente a tales desafíos? ¿Por dónde empezar? ¿Cuáles son las prácticas adoptadas en algunos países con resultados positivos?

Las recomendaciones que presentamos a la Asamblea General, fueron producidas por un largo proceso participativo que incluyó consultas a expertos y amplias consultas regionales y nacionales donde participaron representantes de gobiernos, ONG, Organizaciones Internacionales y niños, niñas y adolescentes.

En Port of Spain y en Buenos Aires tuvimos respectivamente una consulta con los países del Caribe y con los países de Latinoamérica que nos han ofrecido una excelente información. De hecho, hoy aquí se están lanzando los excelentes estudios preparados a partir de la compilación del conocimiento organizada para tales consultas, además de un resumen de lo que los niños, niñas y adolescentes dijeron en las 22 consultas que fueron organizadas con la participación de más de 2.000 niños, niñas y adolescentes

El fin de la violencia no se conquista con discursos “mano dura”. La violencia no va a terminar si todos los esfuerzos que hacemos están dirigidos a aumentar penas y castigar indiscriminadamente. El combate a la violencia es un largo trabajo que combina las medidas represivas con medidas preventivas que efectivamente cambien el escenario en que se produce la violencia. Es necesaria una estrategia de acción inteligente que incluya a los distintos sectores del Estado como educación, salud y no sólo la justicia y policía. Es necesario promover el establecimiento de planes y metas con recursos claramente asignados. 

Quiero destacar algunas recomendaciones generales que son muy importantes y que considero que pueden ser incorporadas ampliamente.

1) El informe evidentemente  insta a  todos los Estados a que prohíban toda forma de violencia contra los niños en todos los contextos, inclusive el castigo físico dentro de las casas y escuelas. Las leyes no son artefactos mágicos para cambiar la realidad, pero difícilmente la realidad cambia sin el amparo de leyes - sin ellas es imposible traducir en la práctica muchos de los compromisos asumidos. Las leyes facilitan la movilización de la sociedad.

2) Debe darse prioridad a la prevención de la violencia contra los niños abordando sus causas y considerando los factores de riesgo. Es esencial dedicar recursos a la intervención una vez que se ha producido la violencia. Los Estados deberían asignar recursos adecuados a abordar los factores de riesgo y prevenir la violencia antes de que ocurra. Es mucho más efectivo, incluso en términos de costo para el Estado, invertir en las políticas de prevención que en las consecuencias graves de la violencia.

3) Hay que promover valores no violentos y capacitación. Los Estados y la sociedad civil deben contribuir para  transformar las actitudes que aceptan o consideran normal la violencia contra los niños, incluida la aceptación de los castigos corporales y las prácticas tradicionales dañinas. Hay ejemplos de países que han puesto en marcha programas para ayudar a los padres y madres a no utilizar más la disciplina del castigo físico con resultados muy positivos. Los medios de comunicación también deben ser cautelosos para evitar glorificar la violencia o estigmatizar a los niños tenidos como violentos. Esto es importante en esta región porque asistimos a una estigmatización de la figura del adolescente pandillero y violento; esto sólo refuerza el miedo e incluso crea una atracción adicional por el crimen.

4) Es importante la creación de sistemas de registro de denuncias y servicios accesibles y adecuados para los niños.  Han tenido mucho éxito los mecanismos como líneas telefónicas de ayuda mediante los cuales los niños, niñas y adolescentes pueden denunciar los abusos, hablar con un asesor capacitado de manera confidencial y pedir apoyo. En Port of Spain, visité a un grupo de la Child Helpline que me relató los resultados de sus esfuerzos. Es necesario apoyar estas iniciativas ya que tanto los niños, niñas y adolescentes que viven con sus familias como los que viven en instituciones, necesitan un canal fácil, independiente y rápido para denunciar y solicitar apoyo.

5) Para las víctimas y abusadores es fundamental que funcionen los servicios de recuperación y reinserción social. Invertir en el apoyo de la víctima y la recuperación del agresor es fundamental para romper el ciclo de violencia. Hay iniciativas que concentran en un sólo espacio todos los servicios que necesitan las víctimas de abuso sexual, por ejemplo, en Sudáfrica, estos servicios incluyen: Policía, servicios de salud, apoyo psicológico, apoyo judicial así como  programas de amparo a víctimas y familias de víctimas.   

6) Es crucial asegurar la rendición de cuentas y poner fin a la impunidad. La impunidad, principalmente en los casos en que la violencia es cometida por funcionarios del Estado, es un terrible combustible para más violencia. Todos los esfuerzos son necesarios para mostrar a la población que la justicia es eficaz e imparcial respetando los derechos de todos. Casi dos décadas de democracia en todo el hemisferio aún no han cambiado un patrón de funcionamiento ineficiente y frecuentemente violento por parte de las fuerzas de seguridad.  Un policía que mata y abusa de la fuerza como los policías de nuestro continente jamás van ser eficientes.

7) Los Estados deben mejorar sus sistemas de datos e información. Solamente basándose en un sistema de datos eficiente se puede planificar de forma efectiva las políticas públicas y hacer un seguimiento de los progresos alcanzados. El mínimo para cualquier política de protección a la niñez eficiente es tener registros universales sobre nacimientos, defunciones y matrimonios. También es inadmisible que los servicios de justicia no tengan claros los números de adolescentes en conflicto con la ley y los números de detenidos. Sin transparencia, sin inteligencia, tampoco es posible acabar con  la violencia.


Señoras, Señores:

Las familias tienen el mayor potencial para proteger a los niños, pero tienen que ser amparadas para hacerlo. Proteger a los niños no significa tener derechos ilimitados sobre ellos.

En los casos en que los niños, niñas y adolescentes entran en conflicto con la ley (muchas veces después de una larga historia de abusos dentro de la casa) las terribles condiciones de detención en que se encuentran muchas veces no cambian nada el escenario de violencia, sino que lo empeora.

En muchas regiones como la nuestra en que fue tan importante la lucha por la transición de las dictaduras a las democracias, muchas veces tengo la impresión de que cuando se trata de la niñez y los adolescentes, la democracia aún ha llegado para ellos. Mientras los adultos continúen mirando a los niños como mini seres humanos con mini derechos, será muy difícil reducir la violencia. Mientras que continuemos negándonos a escuchar lo que piensan y sienten los niños y niñas, seguiremos teniendo dificultades en la defensa de sus derechos.

El mensaje principal del estudio de Naciones Unidas es que ninguna forma de violencia es justificable y todas las formas de violencia pueden ser prevenidas. Solamente las acciones continuas de prevención y justicia, siempre basadas en datos confiables, podrán cambiar la realidad actual.

Los niños están hartos de ser considerados el futuro. Ellos quieren vivir en un mundo sin violencia en el presente.

 

 

 
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