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¿Y si fuesen tus dedos?

Por: Gordon Jonathan Lewis*

SAN SALVADOR, 18 de diciembre de 2012 - La Navidad, especialmente para los niños, es época de alegría, de reuniones familiares, de compartir, de regalar... Pero lamentablemente también es la época del año con más afluencia de niñas y niños, en los pabellones de quemados de los hospitales del país.

Desde el 1.º de noviembre, cuando arrancó la campaña “Vigilancia para quemados”, hasta el 11 de diciembre, el Ministerio de Salud reportó un total de 31 personas víctimas de quemaduras de pólvora, 18 de las cuales —casi el 60%— tenían menos de 18 años de edad: ocho eran menores de 10 años y 10 adolescentes.

Las víctimas reportan quemaduras graves, amputación de extremidades, lesiones oculares y trauma emocional. Preocupante, esta cifra representa el doble de casos que en el mismo período de 2011. Todos los años la misma cosa.

Quemar pólvora es una costumbre muy arraigada en El Salvador y el resto de Centroamérica. No abogo por cambiar el folclore nacional, pero cuando las tradiciones atentan contra la integridad física de los niños hay que detenerse para reflexionar. El artículo 56 de la Ley de Control y Regulación de Armas, Explosivos y Artículos Similares prohíbe expresamente la fabricación, comercialización y el uso de productos pirotécnicos como silbadores y morteros que excedan de los dos gramos de mezcla explosiva o de medidas conocidas como n.º 5.

Es obvio que la ley no se cumple, ya que ocho del total de los 31 casos de quemados registrados en población infantil, fueron como consecuencia del estallido de un mortero. Además de no cumplirse esta ley, es insuficiente, ya que seis de estos casos resultaron quemados como consecuencia de cohetillos, los cuales no están prohibidos. Los datos demuestran que muchas de las víctimas no estaban acompañadas por adultos en el momento del accidente. De los ocho que ha registrado el Hospital Benjamín Bloom desde el 1.º de noviembre, seis no estaban supervisados por un adulto.

En este sentido, el Ministerio de Gobernación y el Cuerpo de Bomberos presentaron en febrero de este año ante la Asamblea Legislativa una propuesta de reforma de la ley anteriormente citada, la cual propone que se incluya la prohibición expresa de la venta o suministro de material pirotécnicos a los menores de 18 años de edad y cita textualmente que “los padres o tutores no deberán permitir que menores quemen pirotécnicos”.

Once meses han pasado y todavía no se reforma la ley.

La situación es grave. El uso de la pólvora es totalmente peligroso y puede tener consecuencias físicas y psicológicas irreversibles, por lo que los niños no deben utilizar ni estar expuestos a artefactos pirotécnicos. Lo dice la Ley de Protección de la Niñez y Adolescencia, LEPINA, en el artículo n.º 33, que prohíbe las acciones que faciliten el acceso, uso, posesión y portación de armas de fuego, municiones y explosivos de cualquier clase por niñas, niños y adolescentes.

Hay que respetar la ley y crear mecanismos para que esta sea respetada. Los artefactos pirotécnicos son peligrosos y ponen en grave riesgo la salud física y mental de las niñas, los niños y adolescentes del país. La pirotecnia no es juego de niños.

Las Navidades de los 18 cipotes que están hospitalizados no van a ser alegres. Navidad es tiempo de recuerdos. El Estado, las familias y la sociedad en general pueden elegir qué tipo de recuerdos quieren que tengan de estas fiestas las niñas y los niños de El Salvador para el resto de sus vidas.

*El autor es Representante de UNICEF en El Salvador.

 

 

 

 
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