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Honduras: primer año de agua para la infancia de la comunidad Cerritos II

© UNICEF Honduras/2011/Marcos González
Selvin se asea y lava la cara, ahora que el agua ha llegado a su pequeña casa en la comunidad de Lepaera (Honduras).

Doce meses después de apoyar la construcción de un sistema de agua y saneamiento, UNICEF regresa a esta pequeña comunidad del oeste del país para comprobar cómo han cambiado las vidas de sus habitantes desde la llegada de agua pura y segura a sus casas.

Por Marcos González

Lepaera,  Honduras, 18 de mayo de 2012 - “Antes nos tocaba ir bien temprano al naciente a por agua. Caminábamos durante mucho tiempo para recogerla y traerla a casa. Después, había veces en que nos enfermábamos. Pero ahora todo ha cambiado”. Quien lo cuenta es Selvin Hernández, un niño de 12 años que hasta hace unos meses no había visto nunca salir agua de un grifo. “Nunca pensé que llegaría a ver algo así en nuestra casa”, dice sonriente.

Estamos en la comunidad de Cerritos II, en el municipio de Lepaera (Lempira), en el oeste de Honduras. Llegar hasta aquí no es fácil. El acceso hasta la zona, situada a unos 1,200 metros de altura sobre el nivel del mar, se realiza a través de empinados caminos de tierra que se vuelven prácticamente intransitables en los días de lluvia.

Precisamente por su complicada orografía, no fue fácil para el Servicio Autónomo Nacional de Acueductos y Alcantarillado (SANAA), y gracias al apoyo de UNICEF, instalar un sistema de agua y saneamiento en la zona. Finalmente, el agua llegó hace un año a cada una de las cuarenta viviendas de esta comunidad. Y sus vidas cambiaron por completo.

“Antes nos enfermábamos hasta tres veces al mes -nos sigue contando Selvin-. A mí me pegó rasquiña en todo el cuerpo, y nos dijeron que era por el agua. Pero ahora ya no nos ocurre”. La tendencia a la baja de enfermedades relacionadas con la insalubridad del agua la confirman en el centro de salud comunitario.

Su responsable médico, el doctor Juan Carlos López, nos asegura que sus pacientes sufren menos problemas de diarrea o infecciones en la piel, por ejemplo. “Además, lo notamos en que ya apenas vienen niños por falta de peso. Antes, los parásitos transmitidos por el agua les robaban nutrientes”, recuerda.

Educación para la responsabilidad
Pero la falta de agua potable no sólo afectaba a la salud de las niñas y niños de Cerritos II. También perjudicaba seriamente otro de sus derechos: el de recibir una educación de calidad.“Conozco niños que iban a jalar agua en cántaros cada mañana. Algunos me decían que por eso no podían venir siempre a la escuela”, dice Selvin.

Visitamos la pequeña escuela José Trinidad Reyes y comprobamos que la situación allí, en efecto, ha cambiado sustancialmente. Fátima Santos, su única profesora, cuenta que la búsqueda de agua potable ha dejado de ser un obstáculo para que las niñas y niños asistan a clase o para que puedan estudiar sin problemas. “Antes no teníamos ni letrinas -recuerda-, tenían que ir a casa de alguien para hacer sus necesidades”.

Ahora, un grupo de niños se pelea por mostrarnos orgullosos cómo se lavan las manos con el agua que, a la vez, les obligó a aprender a utilizarla de manera responsable. “Los hemos educado para ello, que siempre es costoso, pero lo cierto es que se han adaptado muy bien”, nos cuenta Fátima. “Claro, hoy el agua la cuidamos. He aprendido a lavarme las manos, o a cepillarme los dientes... y a cerrar siempre después la llave, para no derrochar”, dice Selvin.

El trabajo conjunto de todas las personas que viven en la comunidad ha sido fundamental para llevar adelante el proyecto. Nos lo explica la tesorera de la Junta de Aguas, María Aidé Funes. “Creemos que en la organización está la fuerza -asegura-. Todos trabajamos en algo: poniendo nuestros carros, con la mano de obra, colocando tubos...”.

El cambio es más que evidente en sus vidas cotidianas. “Antes teníamos que usar mangueras para tener agua en casa. Caminábamos hasta un kilómetro para conseguirla. Para beberla, había que hervirla o comprarla embotellada...”, rememora. Todo eso forma parte de un pasado que muchísimas personas en el mundo ni han vivido, pero que en Cerritos II es más que reciente. De hecho, el suministro eléctrico llegó a las casas de esta comunidad pocos meses antes que el agua corriente.

Un millón sin acceso a agua
El desarrollo de planes para que los municipios puedan contar y mantener su propio sistema de agua y saneamiento es una de las prioridades en las líneas de cooperación de UNICEF en Honduras, así como la promoción de buenas prácticas en higiene, vigilancia y control de aguas para el correcto crecimiento y desarrollo de todas las niñas, niños y adolescentes del país.

Según el Programa de Monitoreo Conjunto de las Metas en Agua y Saneamiento de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (JMP/OMS-UNICEF), cerca de un millón de personas no tiene acceso a agua potable en Honduras y unos 2,2 millones viven sin acceso a saneamiento básico, de las que aproximadamente la mitad son niñas y niños.

Para mayor información:
Héctor Espinal, hespinal@unicef.org, UNICEF Honduras
Tamar Hahn, thahn@unicef.org, UNICEF América Latina y el Caribe
www.unicef.org/honduras
www.unicef.org/lac

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Acerca de UNICEF
UNICEF trabaja sobre el terreno en más de 190 países y territorios para ayudar a los niños a sobrevivir y a desarrollarse desde la primera infancia hasta la adolescencia. El mayor proveedor de vacunas para los países en desarrollo, UNICEF apoya la salud y la nutrición de la infancia, el abastecimiento de agua y saneamiento de calidad, la prestación de educación básica de calidad para todos los niños y niñas y la protección de los niños y niñas contra la violencia, la explotación y el SIDA. UNICEF está financiado en su totalidad por las contribuciones voluntarias de individuos, empresas, fundaciones y gobiernos.

 

 

 

 

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Vea cómo la llegada del agua ha transformado las vidas de los habitantes de la pequeña comunidad de Cerritos II, al oeste de Honduras
©UNICEF Honduras/2012/Eduardo Cálix
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