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“Mi familia y yo hemos venido aquí para salvar nuestras vidas”

© UNICEF El Salvador/2011/Naiara Gutierrez
Juan Carlos forma parte del grupo de jóvenes voluntarios del Instituto Nacional Cantón Tierra Blanca.

Juan Carlos es un adolescente de 17 años que se vio obligado a abandonar su hogar por el peligro que suponía para su integridad física quedarse en la casa. Al llegar al Instituto Nacional Cantón Tierra Blanca, ubicado en el Departamento de Usulután y hoy convertido en albergue, se ofreció como voluntario para  ayudar en lo que hiciera falta.

Bahía de Jiquilisco, El Salvador, 21 de octubre de 2011 – Un grupo de jóvenes voluntarios del Instituto Nacional Cantón Tierra Blanca recibe la visita de UNICEF con mucho entusiasmo. Son adolescentes que están dispuestos a colaborar  “en lo que haga falta” y eso se nota en todas las actividades en las que participan por el empeño demostrado. El grupo nos indica que hay un muchacho menor de edad que llegó con su familia hace tres días y que al llegar se ofreció como voluntario para ayudar en las tareas organizativas. Se llama Juan Carlos y nos recibe con un apretón de manos bien fuerte y con una sonrisa de cortesía, aunque sus ojos reflejan la preocupación generada por esta emergencia. Él intenta que no se le note, pero se dice que la cara es el espejo del alma y en este caso su semblante serio y maduro nos indica que algo le inquieta.

Juan Carlos vivía con su familia en la Comunidad Limonera del Bajo Lempa, ubicada en el Departamento de Usulután, uno de los lugares donde se ha recibido más asistencia humanitaria debido a las devastadoras consecuencias de las lluvias.  “Nuestra casa está inundada hasta el techo, fíjese que tenemos ganado que hemos tenido que abandonar” y eso les preocupa porque no saben si ha sobrevivido y desconocen en qué condiciones ha quedado su casa. A  la fecha, las instituciones de gobierno y de apoyo continúan recolectando datos sobre la pérdida que la emergencia ha supuesto para la economía nacional, se estima que un 31% del total de productores de todo el país, han sido afectados en los 67 municipios impactados directamente por las lluvias. 

“Nosotros hemos venido para salvar nuestras vidas, fue necesario poder encontrar refugio”, nos dice mostrando una madurez admirable. Seis miembros de su familia le acompañan en el albergue, dos de ellos sus hermanos, también menores de edad. “Cuando llegamos al albergue decidí ser voluntario porque aquí hay mucho que hacer y yo quiero ayudar”, para ello Juan Carlos echa una mano en el recuento del censo del albergue  y en todo tipo de gestiones que requieran cuentas, escritura o lectura. “Yo estudio octavo curso y tengo el privilegio de saber leer y escribir, así que ayudo en lo  que la comunidad necesite de mí”, nos dice mostrando una fuerza y un saber estar admirables.

En cuanto  a las necesidades del albergue, Juan Carlos observa que muchos niños, niñas y adolescentes (NNA) están traumatizados.  “Cuando llegue aquí, hubo niños que venían llorando, porque sus papás se habían quedado cuidando la casa”. También está preocupado por la salud de los pequeños, ya que “muchos se están enfermando, hacen falta colchonetas porque no hay suficientes y no sabemos cuándo llegará la comida”. Hasta la fecha, el programa Mundial de Alimentos (PMA) ha distribuido unas 81,000 raciones diarias individuales de galletas fortificadas a 4,278 familias en todo el país y el Sistema Nacional de Protección Civil reporta un total de 51,738 raciones entregadas en los 14 departamentos de El Salvador.

El muchacho confiesa estar preocupado porque la incertidumbre que le genera todo esto le hace sentirse triste, “sólo queremos volver a casa pero al mismo tiempo tememos el momento porque no sabemos en qué condiciones estará”.

Hasta la fecha se calcula que al menos 1 millón de salvadoreños han sufrido el impacto cercano a consecuencia de la emergencia. De las casi 56,000 personas albergadas, se calcula que hasta un máximo del 50% podrían ser niños, niñas y adolescentes. La historia de Juan Carlos pone rostro a esa desorbitada cifra. Es por esto que UNICEF participa activamente en las comisiones técnico-sectoriales de protección y educación establecidas por el Sistema Nacional de Protección Civil, para priorizar la ayuda y hacer cumplir el derecho a la atención y vigilancia en el cuidado de los niños, niñas y adolescentes afectados, especialmente los que se encuentran en albergues.   

Para mayor información:
Karla Rodríguez, krodriguez@unicef.org, UNICEF  El Salvador
Tamar Hahn, thahn@unicef.org, UNICEF América Latina y el Caribe
www.unicef.org/lac

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Acerca de UNICEF
UNICEF trabaja sobre el terreno en más de 150 países y territorios para ayudar a los niños y niñas a sobrevivir y avanzar en la vida desde la primera infancia hasta la adolescencia. El mayor proveedor de vacunas a los países en desarrollo, UNICEF, apoya la salud y la nutrición de la infancia, el abastecimiento de agua y saneamiento de calidad, la prestación de educación básica de calidad para todos los niños y niñas y la protección de los niños y niñas contra la violencia, la explotación y el SIDA. UNICEF está financiado en su totalidad por las contribuciones voluntarias de individuos, empresas, fundaciones y gobiernos.

 

 

 
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