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Los adolescentes como prioridad

Por: Susana Sottoli, Representante de UNICEF México

 

25 de febrero de 2011

 

Están en la segunda década de su vida, han dejado de ser niños, pero aún no son adultos. Sin embargo, ya tienen ante sí un sinnúmero de desafíos que van a impactar profundamente sus trayectorias de vida: el vertiginoso proceso de globalización e innovación tecnológica, las crisis financieras, los efectos del cambio climático, las fluctuaciones del mercado de trabajo, entre otros. Se trata de los 1,200 millones de adolescentes de 10 a 19 años de edad que en 2009 registraban los censos a nivel mundial. Ellos representan el 18% de la población global.

 

UNICEF dedica en este año su informe sobre el Estado Mundial de la Infancia a las y los adolescentes por ser actores de un presente y un futuro lleno de retos. El documento proporciona argumentos y evidencias sobre la importancia de una mayor y mejor inversión en aspectos relacionados con la adolescencia.

 

En este periodo de vida tienen lugar cambios esenciales para el desarrollo y la construcción de la identidad y del proyecto de vida del ser humano. Junto con la adquisición de nuevas responsabilidades, los adolescentes experimentan cambios en sus cuerpos y en sus emociones, en la forma de relacionarse con su comunidad y en su autovaloración como miembros de una sociedad adulta con la que empiezan a enfrentarse. En un proceso gradual, ellos aprenden a conocer su entorno y a hacerlo suyo, comienzan a reclamar independencia y a cuestionarse a sí mismos y al mundo que los rodea.

 

Las decisiones tomadas durante la adolescencia pueden ser determinantes para toda la vida. Al tratarse de una etapa de formación ofrece asimismo una oportunidad valiosa para cimentar valores sociales democráticos, solidarios, de equidad y justicia.

 

Ser adolescente implica también una condición de vulnerabilidad asociada a la pobreza, la falta de oportunidades, la ausencia de redes de apoyo y de entornos protectores que garanticen un desarrollo en igualdad de oportunidades. Los adolescentes que viven en situación de pobreza o marginalidad tienen menos probabilidades de avanzar de la educación primaria a la secundaria y corren mayor riesgo de ser objeto de explotación, abuso y violencia, especialmente si se trata de niñas.

 

En México, viven 21 millones de personas de 10 a 19 años de edad. Como en la mayor parte del mundo, no son un grupo homogéneo; viven en circunstancias diversas y por lo tanto tienen necesidades y experiencias distintas. Una adolescente nacida en una comunidad indígena de Oaxaca que asiste a una telesecundaria no tiene las mismas oportunidades que un adolescente de escuela privada de las comunidades más pudientes de la ciudad de México. En esta diversidad, la inversión social de un país —del Estado y de la sociedad— es una herramienta clave para igualar oportunidades y ofrecer opciones de vida amplias y productivas. Porque más allá de la diversidad que en algunos casos se torna en inequidad, todos los y las adolescentes tienen los mismos derechos y es obligatorio instrumentar los mecanismos para garantizarlos.

 

Para que los adolescentes puedan vivir esta etapa de su vida de manera plena y positiva y construir su presente y su futuro en un contexto de oportunidades es fundamental realizar inversiones oportunas y estratégicas. Es necesario complementar las inversiones en la primera década de la vida con una mayor atención y con mayores recursos en la segunda década.

 

Invertir en los adolescentes es la manera más efectiva de consolidar los importantes logros que se han registrado en todo el mundo desde 1990, en aspectos como la reducción del 33% en la tasa mundial de la mortalidad de niños menores de cinco años, la eliminación casi total de la disparidad entre los géneros en la matriculación en la escuela primaria en varias regiones en desarrollo, entre otros avances. Dicho de otro modo, no destinar a los adolescentes la atención y los recursos necesarios podría invalidar o revertir en la segunda década de la vida los logros alcanzados en la primera.

 

La inversión necesaria no es sólo financiera. Inversión significa asimismo tiempo, esfuerzo, empatía y cuidado para poder sintonizar con una generación que refleja y desafía las contradicciones de la sociedad adulta. Abordar este desafío es imprescindible para ampliar las oportunidades de los y las adolescentes, y con ellos, de la sociedad toda.

 

 

 

 
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