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UNICEF afirma que las generaciones futuras corren peligro a menos que se realicen esfuerzos por eliminar la desnutrición con carácter urgente

Nueva York, 11 de noviembre de 2009 – Unos 200 millones de niños y niñas menores de cinco años del mundo en desarrollo sufren retraso en el crecimiento como resultado de la desnutrición materna e infantil crónica según el informe Seguimiento de los progresos en la nutrición de los niños y las madres, que dio a conocer hoy UNICEF.

La desnutrición es uno de los factores determinantes en más de una tercera parte de las muertes de menores de cinco años en el mundo. Por lo general, la desnutrición no presenta síntomas hasta que tiene carácter grave, de manera que los niños parecen saludables cuando, en realidad, su salud y desarrollo están amenazados de manera grave y, en algunos casos, permanente.

“La desnutrición roba la vitalidad del niño y hace que una serie de enfermedades contra las que el organismo podría defenderse en circunstancias normales sean mucho más peligrosas”, afirmó Ann M. Veneman, Directora Ejecutiva de UNICEF. “Más de una tercera parte de los niños y niñas que mueren de neumonía, diarrea y otras enfermedades podrían sobrevivir si no estuvieran desnutridos”.

Los 1.000 días que median entre la concepción de un niño o niña y su segundo cumpleaños constituyen el período más crítico de su desarrollo. La deficiencia nutricional durante ese lapso crítico puede reducir la capacidad de los niños de combatir y sobrevivir a las enfermedades, y puede limitar su capacidad mental y social.
 “Quienes sobreviven a la desnutrición suelen tener deficiencias físicas durante el resto de sus vidas”, añadió Veneman. “Además, la desnutrición a edad temprana puede afectar la capacidad cognoscitiva, lo que reduce la capacidad de aprendizaje y las posibilidades de obtener ingresos decentes. Esas personas quedan atrapadas en el ciclo intergeneracional de la pobreza y la salud deficiente”.

El retraso en el crecimiento es consecuencia de la nutrición deficiente a largo plazo en la primera infancia. Esa deficiencia está relacionada con los problemas de desarrollo y, con frecuencia, se trata de un mal imposible de corregir. El niño que sufre cortedad de talla generalmente tiene por delante una vida de salud deficiente y escaso progreso personal. Ante tal amenaza, la única respuesta es la prevención. Más de un 90% de los niños y niñas que sufren retraso en su crecimiento viven en África y Asia.

Otra consecuencia de la nutrición inadecuada es el peso inferior al normal. Los niños con peso inferior al normal tienen problemas de desarrollo y de salud similares a los de los niños afectados por el retraso en el crecimiento. Sin embargo, esos problemas pueden remediarse si esos niños reciben durante el resto de su infancia mejor nutrición y atención de la salud.

Pese a la gravedad de la situación, hay un aspecto positivo, ya que es posible reducir y eliminar la desnutrición. En tiempos recientes se han logrado enormes avances hacia la solución del problema por medios eficaces en relación a su costo, como el suministro de micronutrimentos a los sectores vulnerables de la población mundial.

Entre esos avances figuran, por ejemplo, los que se han logrado en materia de distribución a nivel mundial de sal yodada y suplementos de vitamina A, que han ayudado en gran medida a reducir las tasas de mortalidad infantil y en la niñez. Entre 2000 y 2008, la proporción de niños y niñas menores de cinco años que recibieron suplementos de vitamina A aumentó a más del doble, ya que se elevó del 41% al 88%.

 Otra de las intervenciones de éxito comprobado, el amamantamiento exclusivo durante los primeros seis meses de vida y el suministro de alimentos adecuados desde el punto de vista de la nutrición, puede tener importantes consecuencias positivas con respecto a la supervivencia infantil, ya que podría llegar a reducir entre un 12% y un 15% la tasa de mortalidad de los menores de cinco años en los países en desarrollo.

Incluso en Asia y África, los continentes donde vive un 90% de los niños y niñas del mundo afectados por el retraso en el crecimiento, se han logrado importantes progresos. En Asia, la prevalencia de la cortedad de talla se redujo entre 1990 y 2008 del 44% al 30%, mientras que en el África descendió del 38% en 1990 al 34% en 2008.

“Para responder a las graves cuestiones que se ponen de relieve en este informe, es necesario que el temario mundial incorpore mayores compromisos de todo el mundo con respecto a la seguridad alimentaria, la nutrición y la agricultura sostenible”, señaló la Sra. Veneman. “A menos que combatamos hoy las causas de la desnutrición infantil y materna, los costos serán mañana considerablemente más elevados”.

Para mayor información
Patrick McCormick, pmccormick@unicef.org, UNICEF, Nueva York
Saira Saeed Khan, sskhan@unicef.org, UNICEF, Nueva York,
Kathryn Donovan,  kdonovan@unicef.org, UNICEF, Nueva York,
Tamar Hahn, kdonovan@unicef.org, UNICEF América Latina y Caribe

Acerca de UNICEF
UNICEF trabaja sobre el terreno en más de 150 países y territorios para ayudar a garantizar a los niños y las niñas  el derecho a sobrevivir y a desarrollarse desde la primera infancia hasta la adolescencia. UNICEF es el mayor proveedor de vacunas para los países en desarrollo, trabaja para mejorar la salud y la nutrición de la infancia; el abastecimiento de agua y saneamiento de calidad; la educación básica de calidad para todos los niños y niñas y la protección de los niños y las niñas contra la violencia, la explotación y el VIH/SIDA. UNICEF está financiado en su totalidad por las contribuciones voluntarias de individuos, empresas, fundaciones y gobiernos.



 

 

 
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