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Recordando el nacimiento de un Niño

Por: Nils Kastberg

 

Al llegar a las festividades más grandes de nuestro hemisferio, recordando el nacimiento de un Niño y el llegar a otro 31 de Diciembre con su bien establecido sentir de representar el fin de una, y el abrir de otra página de vida y labor, hacen de este período festivo uno particularmente reflexivo para nosotros que trabajamos en UNICEF.
 
El Niño que celebramos y recordamos no era privilegiado. Algunas de estas circunstancias serían también de mucha preocupación para nuestros colegas del UNFPA (Fondo de Población de las Naciones Unidas), con quienes compartimos oficinas estos días: Nació después que su madre adolescente viajara muchos días en lomo de mula. Nació fuera de instalaciones hospitalarias y ciertamente diríamos que nacer en un establo pertenece a ejemplos de exclusión en las políticas públicas, además de exclusión social. Las razones directas de las circunstancias tan azarosas para un parto adolescente, con riesgo a la vida de la madre, fue un censo totalmente politizado y promovido por fuerza. Hasta allí podríamos decir que toca todos los temas que hoy forman parte del mandato del UNFPA. Con seguridad nuestros colegas de la OPS/OMS (Organización Panamericana de la Salud/Organización Mundial de la Salud) nos apoyarían para lograr mejorar la capacidad de la provisión de las necesidades básicas de las instalaciones de salud para que este tipo de partos no se tengan que repetir.
 
Los únicos que parecieron apreciarle en sus primeros días de vida, fuera de sus padres, eran extranjeros que viajaban desde el oriente, que probablemente con sus dones dieron su apoyo financiero en un momento clave en la vida de esta familia, en una sociedad donde no existía un sistema de protección social, algo que hoy día también sería objeto de análisis por parte de la CEPAL (Comisión Económica para América Latina) y del PNUD (Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo), como mínimo, ya que claramente estaban bajo el nivel de pobreza, viviendo con menos de una canasta familiar básica, y tal vez al borde de la pobreza extrema. Esos dones tal vez dieron la base de los recursos financieros, adicionales al animal doméstico que poseían, un asno, necesarios para poder emprender la drástica huída que tuvieron que realizar poco después, pero ya llegaremos a ello.
 
Este niño nace en un sistema de gobierno opresivo, dictatorial y con un régimen militar brutal, y creo que los colegas de la Oficina del Alto Comisionado de Derechos Humanos estarían promoviendo que los países de la comunidad internacional denuncien la situación, redactando el borrador de una resolución en el Consejo de Derechos Humanos en Ginebra. El PNUD tal vez trataría de dialogar temas de gobernabilidad y estado de derecho, liderado por el Coordinador Residente local, aunque temiendo que esto pudiera generar el riesgo de ser declarado persona non grata.
 
La matanza de niños que se diera poco después de su nacimiento - se estimaba en la época que más de dos mil niños menores de dos años fueron buscados y brutalmente asesinados - sería hoy reportado por la (o el) Representante Especial del Secretario General (RESG) para Violencia en contra de la Niñez - cuya designación se esperaba este año que se realizara por el Secretario General de la ONU  (Organización de las Naciones Unidas) - al Consejo de Seguridad y sería objeto de tratamiento por sus miembros. En esa labor, sería apoyada (o apoyado) por la excelente colega Radhika Coomaraswamy, la RESG para violencia contra la niñez en conflictos armados, que diariamente denuncia y revela la situación de brutalidades que se da en contra de la niñez en situaciones de guerra y conflicto. En el Consejo de Derechos Humanos esta brutalidad en contra de la niñez sería condenada, probablemente en su sesión de marzo, y se discutiría si fue un genocidio. El Fiscal de la Corte Penal Internacional, el colega argentino Moreno, trabajaría inmediatamente en recabar información y obtener documentos y pruebas para llevar a los responsables ante la Corte.
 
Esa brutalidad y el peligro a su vida, hizo de sus padres y de Él mismo, refugiados. Si dos mil niños murieron en esta matanza, hablamos entonces de miles de familias afectadas, de los diez y veinte miles de niños y niñas, madres y padres, abuelos y abuelas aterrorizadas, traumatizadas, que por la inseguridad generada, y viendo tal brutalidad, buscarían huir inmediatamente. Este niño y sus padres, presintiendo lo que se venía, huyeron a Egipto, donde el ACNUR (Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados) hoy día, trataría de colaborar con las autoridades y asegurar que se les permitiera el asilo, que no se les obligara a regresar a su país de origen en contra de su voluntad, y que se les concediera el estatus de refugiados, como parte de sus responsabilidades de protección. El PMA (Programa Mundial de Alimentos) estaría movilizando barcos, camiones, y personal para organizar distribución de alimentos para proteger el derecho a la alimentación. En UNICEF junto con nuestros aliados, apoyaríamos al ACNUR y al PMA en esa difícil labor. OCHA (Oficina de Coordinación de los asuntos humanitarios) nos convocaría para coordinar planificación, acción y abogacía conjunta y procesaría el desembolso de recursos de emergencia iniciales.
 
En esa época no existía la Federación de las Cruz Roja y Media Luna, que estaría apoyando al ACNUR en la recepción de refugiados, ni el Comité Internacional de la Cruz Roja, que estaría negociando que aquellos heridos en el camino fueran socorridos, o tratando de visitar diligentemente las cárceles donde se encontraban muchos sin procesamiento, tratando de documentar formularios para incluir sus nombres que pudieran comprobar su existencia, para que sus ansiosos y desesperados familiares reciban una cartita anunciando que todavía vivían y que tenían esperanza por recibir tal visita de la Cruz Roja.
 
Tal vez el Consejo de Seguridad adoptaría medidas para el mantenimiento de la paz internacional, interponiendo fuerzas entre las fuerzas romanas que controlaban el área, y Egipto, para que no persigan al flujo humano que huía de esta persecución y evitar que la brutalidad de este régimen militar siguiera su atentado contra la paz y la seguridad internacional. Soldados de tan diversos países como por ejemplo Argentina, Uruguay, Chile, Brasil, Jordania, Nepal, Canadá, Noruega, Suecia, Guatemala o El Salvador, hoy sirviendo en el Congo, en Haití y en el medio Oriente, estarían coordinados por una personalidad como nuestro colega Sergio Vieira de Mello, que falleció con otros 21 colegas cumpliendo esta función bajo las bombas que destruyeron su oficina en Bagdad hace más de cinco años, y operando bajo la dirección de la Oficina de Mantenimiento de Paz del Secretario General. Todos los medios hablarían del número de la resolución - "la 1612" o "la 242" o el número que se le diera, donde se pondría por escrito lo que los 15 miembros del Consejo de Seguridad acordarsen para tal envío de fuerzas y su mandato.
 
Es claro que los comunicadores romanos eran muy hábiles al proclamar que sus medidas eran justificadas como parte de las medidas internacionales necesarias para establecer “Pax Romana” en territorios de muchas tensiones étnicas y religiosas. ONGs y miembros de la sociedad civil protestarían ante tal falacia, tal falsedad, y ante la crueldad de crímenes contra la niñez. La Alianza de Save the Children estaría en las barricadas haciendo saber al mundo lo sucedido, Plan Internacional ofrecería apoyo, y Médicos sin Fronteras tendría a enfermeras y médicos para apoyar los campos de refugiados en Egipto o por el camino entre Jerusalén y Alejandría.  Muchos en pleno desierto, sin agua y con sus medios de transporte dañados y sus vidas en riesgo. Tal vez la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura) y UNESCO (Organización de las Naciones Unidas para la educación, la ciencia y la cultura)  nos habrían ayudado a los que apoyábamos a estos refugiados si esto fuera hoy.
 
El papel de las Iglesias me preocupa: no leo en las crónicas si los líderes religiosos de la época jugaron el papel de denuncia y apoyo que deberían haber prestado ante eventos tan cruentos como esta matanza de niños. Tal vez recordaba este niño dolorido las historias de la huída que sus padres le contaron durante su infancia, cuando tres décadas más tarde, denuncia de un modo claro lo que significaba estar sufriendo malherido en la vera del camino, y el sacerdote que pasó, así como el levita, aceleraron la marcha, no para socorrerle, sino para alejarse, por las dudas no fuera que los malhechores todavía estuvieran merodeando por allí. El lujo de detalle con que describe la situación del malherido y la descripción del buen samaritano que se preocupa hasta la recuperación final del sufriente, asegurándose que el prójimo tuviera ayuda, vivienda, alimento, sólo lo podría decir alguien que lo vivió en carne propia o por lo menos describe lo que hubiera deseado que sucediera.
 
Vemos que a pesar de todo, su nombre se registró, tuvo padres que lo protegieron, y que al regresar a su patria como un retornado, entrando a la adolescencia, ya había sido educado y tenía amplios conocimientos. Se había desarrollado con mente independiente y era capaz de argumentar con adultos expertos que a su vez le trataron con respeto y aceptaron sus puntos de vista y sus interpretaciones.
 
Sin embargo, lo anterior podría ser la descripción de la realidad de muchos niños y niñas y adolescentes hoy día. Por ello estamos luchando. Espero que no nos volvamos los burócratas que por tener otras prioridades, entrevistas, planes de trabajo, no podamos hacer frente a las realidades del prójimo.

 

En cualquier contexto para UNICEF, las palabras bíblicas resuenan contundentes cuando dicen: ¿Quién es el mayor en el reino de los cielos? con la tácita respuesta que son el niño y la niña. Al fin y al cabo, lo que deseamos es que en los reinos terrestres se logre el interés superior del niño y la niña y el adolescente en todas las políticas públicas de cada gobierno y cada sociedad y así lo hemos expresado en nuestra estrategia de medio término, área de enfoque número cinco.

 

La ilustración que sigue también impacta: “Y llamando Jesús a un niño, lo puso en medio de ellos, y dijo: De cierto os digo, que si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos. Así que cualquiera que se humille como este niño, ése es el mayor en el reino de los cielos.” Un niño sobreviviente de una matanza, sabe cuán importante es que los adultos no vean a los niños como objetos, sino como sujetos de derechos, y el derecho a la vida y supervivencia como fundamental para que se cumplan todos los otros. En su reino, ser como un niño es el ideal a ser alcanzado si deseamos un mundo sin esas matanzas, en paz.

 

Desde el punto de vista de protección, no se qué oficial de protección diría “cualquiera que haga tropezar a alguno de estos pequeños que creen en mí, mejor le fuera que se le colgase al cuello una piedra de molino de asno, y que se le hundiese en lo profundo del mar.” Si pusiéramos estos carteles fuera de los hoteles con este mismo texto para advertir a aquellos que quieren abusarse de niñas en sus viajes de turismo, o si lo pusiéramos en las calles dónde criminales adultos se mueven para reclutar a niños a la violencia, me pregunto que nos dirían. Sin embargo, esa advertencia al uso y abuso de la niñez ya se hizo hace dos mil años.

 

“…no es la voluntad de vuestro Padre que está en los cielos, que se pierda uno de estos pequeños” no deja dudas sobre el objetivo de este líder. Así desearíamos que cada Presidente, Ministro, Gobernador, Alcalde dijeran durante el 2009. Qué logremos reducir las cuatrocientas mil muertes prevenibles de niños y niñas que si no se darían durante 2009.

 

Pensando en el viaje de este niño de regreso a su patria, sediento al pasar por el desierto, donde tal vez alguien le extendió un vaso de agua fría a él y a sus padres, no me extraña que años más tarde él viera hasta en un vaso de agua fría a un niño como un gran gesto a ser recompensado.

 

La celebración del nacimiento de un niño y lo que este niño dijera luego sobre niñez, más allá de la fe o la religión que representa, tiene lecciones importantes para darnos. Siento mucho que los adornos, el materialismo, consumismo y comercialismo que se dan hoy día, no tienen nada que ver con esta historia que es la que yo veo pintada y reflejada en este relato de hace dos mil años. Celebrar con 60 niños y niñas con capacidades especiales, como vi a la familia de uno de nuestros embajadores de Buena Voluntad, hacer hace unos días, es un ejemplo de cómo celebrar la verdadera navidad, y se que muchos de modos conocidos o no, así lo hacen.

 

Al entrar y celebrar este período de fiestas, y al iniciar el nuevo año, que la historia real y no la fantasía de Santa Claus, sea la que nos inspire. Reflexionemos cómo podemos buscar y poner a los niños y las niñas y los adolescentes excluidos, en el centro de nuestros contextos. Sigamos haciéndolo durante todo el 2009 en nuestro trabajo diario, y creo que en la próxima Navidad, habremos avanzado más en que esto no sólo sea una esperanza para el reino de los cielos, pero para la paz y la felicidad que deseamos con la niñez, la adolescencia y con todas las mujeres y todos los hombres aquí en la tierra.

 

Felices fiestas!

Nils Kastberg

Director Regional

UNICEF América Latina y el Caribe

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Acerca de UNICEF
UNICEF trabaja sobre el terreno en más de 150 países y territorios para ayudar a garantizar a los niños y las niñas  el derecho a sobrevivir y a desarrollarse desde la primera infancia hasta la adolescencia. UNICEF es el mayor proveedor de vacunas para los países en desarrollo, trabaja para mejorar la salud y la nutrición de la infancia; el abastecimiento de agua y saneamiento de calidad; la educación básica de calidad para todos los niños y niñas y la protección de los niños y las niñas contra la violencia, la explotación y el VIH/SIDA. UNICEF está financiado en su totalidad por las contribuciones voluntarias de individuos, empresas, fundaciones y gobiernos.



 

 
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