Declaración de UNICEF en ocasión de la Semana Mundial de Acción contra la Violencia con Armas de FuegoNils Kastberg Director Regional de UNICEF para América Latina y el Caribe se posiciona contra la violencia con Armas de Fuego Junio 2008 - América Latina y el Caribe se han ganado la reputación desagradable de ser la región con la mayor tasa de violencia en el mundo. Los niveles de violencia armada en la región han llegado a proporciones epidémicas – el 42% del número total de homicidios a nivel mundial tienen lugar aquí, alimentado por la fácil disponibilidad de armas pequeñas y una brecha creciente entre los segmentos más ricos y más pobres de la sociedad. La violencia social y el delito armado también están creciendo en general en la mayoría de los países de la región. Desafortunadamente, los niños y adolescentes son objeto de la violencia: el Caribe está en primer lugar, a nivel mundial, en cuanto a tasas de asesinato y tiene las mayores tasas de homicidio entre adolescentes de 15-17 años de edad. Los varones tienen una probabilidad seis veces mayor de ser víctimas que las niñas. En Jamaica, durante los últimos cinco años más de 300 niños y niñas, principalmente varones, han sido asesinados; y en los últimos tres años las armas de fuego han sido responsables de casi la mitad de los asesinatos de niños. En 2005, 418 niños fueron asesinados en Guatemala, y 322 de esas muertes fueron causadas por armas de fuego. En Haití, el secuestro de niños ha aumentado exponencialmente en el transcurso de los últimos días y meses. Hasta la fecha, en el presente año por lo menos cincuenta niños y niñas han sido secuestrados – más de la mitad de ellos niñas. Durante los primeros cinco meses del año pasado, 31 niños habían sido secuestrados. Si bien erradicar el comercio ilegal de armas pequeñas es un componente crucial de la lucha contra la violencia armada, es importante no mirar la violencia relacionada con armas de fuego en forma aislada. Existen vínculos estrechos entre la violencia armada contra los niños y otras formas de violencia. Por ejemplo, presenciar violencia en el hogar o ser víctimas del abuso físico o sexual puede acondicionar a los niños o adolescentes a ser víctimas o perpetradores de violencia armada, y es esencial comprender estos factores para formular políticas y programas efectivos para prevenir la violencia. La violencia pesa sobre las vidas de los niños y adolescentes aun cuando no son asesinados o heridos con armas de fuego. En 2006, el estudio pionero del Secretario General de las Naciones Unidas sobre la violencia contra los niños reveló que los niños y niñas son expuestos de manera rutinaria a violencia física, sexual y psicológica en sus hogares y escuelas, en los sistemas de atención y justicia, en los lugares de trabajo y en sus comunidades. Todo esto tiene consecuencias devastadores en su salud y bienestar, ahora y en el futuro. La violencia contra los niños y niñas daña profundamente no solamente a sus víctimas sino también a sus familias, amigos y comunidades. Sus efectos se ven no sólo en la muerte, lesión y discapacidad sino también en términos de la calidad de vida. Los niños y adolescentes que viven atemorizados, con el sonido de las balas y la constante amenaza de violencia como el telón de fondo de su vida diaria están siendo privados de sus derechos más fundamentales: el derecho a la protección, el derecho a vivir en un entorno libre de daño para que se puedan desarrollar y prosperar, y – en muchos casos – el derecho a la vida. La violencia armada que involucra a los jóvenes reduce o revierte el progreso económico al aumentar mucho los costos de los servicios de salud y sociales, reduciendo la productividad, disminuyendo el valor de la propiedad e interfiriendo con una gama de servicios esenciales. De igual importancia es atacar las grandes brechas de desigualdad social y económica en la región; los niveles de pobreza están disminuyendo en general en América Latina y el Caribe, pero durante la última década las disparidades han aumentado. Debemos trabajar en un enfoque multidimensional unificado, que comprenda liderazgo, movilización adecuada de recursos, reforma legislativa, redes de apoyo social y mecanismos de intervención temprana. Prevenir y responder a la violencia contra los niños y niñas debe ser asunto de todos. La tarea es demasiado grande para cualquier actor único y los recursos son demasiado escasos para ser desperdiciados. Es por eso que UNICEF coopera activamente con otras agencias de la ONU en busca de soluciones a nivel nacional, regional y mundial. Una amplia red de aliados ha de manifestarse y actuar de manera concreta si queremos crear un camino que lleve a los niños y adolescentes de América Latina y el Caribe fuera de este espiral de muerte y temor.
• América Latina y el Caribe, la región del mundo que presenta las tasas más altas de violencia armada, aquí tiene lugar el 42% de los homicidios a nivel mundial. --------------------- Para mayor información Wivina Belmonte, wbelmonte@unicef.org, UNICEF América Latina y el Caribe
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