Madre muda combate el vih/sida para ayudar a su hijo

 

 

 

 

María* es muda, pero en este momento es el menor de los muchos problemas que le consumen su vida. Ella tiene 32 años y es VIH positivo. El padre de su hijo, Ricardo*, y su hijo, Jaime* también son VIH positivos. Abandonada por su madre siendo muy pequeña, Maria ha confrontado, y sigue confrontando varios obstáculos en su vida, pero ninguno tan desafiante como vivir con el VIH y a la vez cuidar de su bebé.

Ella prefiere recordar la época de su infancia cuando vivía con su tía abuela, quién la adoptó. Esa etapa la describe como maravillosa - la mejor de su vida.


Ahora, dice que su vida como adulta ha sido “una pesadilla hecha realidad,” ya que ha tenido que experimentar todo tipo de rechazos. Su incapacidad también la ha llevado a un nivel de desesperación mayor, ya que sólo puede comunicarse a través de la escritura para transmitir sus emociones.

María vive en el Oeste de Ruimveldt, una comunidad sub-urbana en la ciudad de Georgetown, Guyana, junto a una familia de nueve, tres de los cuales son VIH positivos: María, su hijo, y el tío. Nadie le habla en casa, excepto su tío. Lo interesante de esta situación es que la esposa de este último, que también vive en la misma casa, no sabe que su esposo es VIH positivo. Y María, a todo esto, alega que desconoce cómo se infectó su tío.

Viviendo en semejantes condiciones, ella se siente despreciada, discriminada, y peor aún, rechazada en su propio hogar. “A mí me dijeron que no me podía ni sentar en las sillas del comedor para el desayuno,” enfatiza María en su mensaje escrito.

María se infectó por medio de su novio Ricardo, quien también es mudo. En el 2002, ella y Ricardo tuvieron un hijo que murió afectado por el virus, tres meses después de su nacimiento. Ahora tienen un segundo hijo, Jaime, que apenas de año y medio recibe tratamiento medico. Jaime utiliza más de 68ml de distintas medicinas diariamente, tres de las cuales no le pueden faltar y deben ir acompañadas de una dieta balanceada, para no poner en peligro su vida.

La casa de dos habitaciones en la que vive, le fue entregada a María por su tía abuela poco antes de su muerte. Ella y su bebé tienen un cuarto en esta casa, pero lo tienen que compartir con cuatro personas más y se han visto forzados a vivir en una esquina demarcada por cortinas. María adora a su hijo y desea verlo crecer y convertirse en un hombre, pero sabe que esto puede que no sea posible. Esto la agobia, porque está consciente que no puede hacer mucho para ayudarlo. También sabe que no puede conseguir un trabajo que le permita cubrir sus necesidades básicas.

Esta madre de 32 años nunca ha trabajado, y si lo hiciera, tendría problemas para cuidar a su hijo. Estos pensamientos cruzan por su mente a diario. “Pero preocuparse no es bueno para María, pues se debilita con mayor facilidad”. Así piensa la matrona retirada y consejera, Hermana Persis Halley, quien aconseja a María como parte del programa Prevención de la Transmisión madre - hijo(a) (PMTCT), manejado por el Ministerio de Salud en colaboración con UNICEF Guyana.

Desde hace seis meses, María recibe visitas periódicas de la Hermana Persis Halley, quien la ayuda en lo que puede. La Hermana es consejera del programa PMTCT en el Hospital Demerara del Oeste, y conoció a María en el 2004 cuando nació Jaime. María había estado en el hospital buscando ayuda médica mientras vivía con Ricardo cerca del hospital. La relación entre ambas ha evolucionado hasta el punto de que la Hermana Persis se ha convertido en casi una madre para María

“Aunque María recibe su tratamiento anti-retroviral (ARV) en la Clínica David Rose, y su hijo recibe tratamiento del VIH en el hospital St. Joseph Mercy en Georgetown, yo todavía la visito con regularidad para evaluarlos y ofrecerle consejos,” dice la Hermana Halley. María trata de tener un estilo de vida sano, decisión apoyada por su consejera. “Nosotros la informamos sobre una nutrición adecuada, sobre cómo confrontar y evitar conflictos y estrés. Hoy he venido para revisarla y aparenta haber perdido peso nuevamente. Nosotros tratamos de ayudar, pero hay un límite para lo que podemos hacer,” dijo la Hermana Halley. María se anima con las visitas de la Hermana Halley y el programa de conserjería le es de gran utilidad. “Ella me dice que me comporte,” escribió María, sonriendo, al comentar sobre su consejera.

“Su discapacidad la hace vulnerable, ella necesita amor, cuidado y ayuda emocional y financiera,” explica la Hermana Halley. “Está dispuesta a aprender, ya escribe y lee con rapidez y eso es una buena señal.”

Sin embargo, comenta la Hermana Halley, recientemente la situación se ha vuelto insoportable para María, cuando se enteró de que el amor de su vida, Ricardo, ha estado teniendo relaciones con otras mujeres, y que también tuvo otros hijos. “Ellos también lo tienen…” escribe María con tristeza.

A pesar de la situación, las esperanzas de María han revivido gracias a la ayuda de un grupo humanitario. Visitaron su hogar, bajo el auspicio de la Hermana Halley, y se comprometieron a suplirla de comida nutritiva y ropa. Jaime ha estado creciendo de manera sana con los tratamientos, a pesar de que se desconoce el paradero de su padre.

La confianza de María aumenta como resultado de su participación en el programa de PMTCT, al saber que hay esperanza detrás de todo esfuerzo bueno y honesto.

 

 

 

* Nombres ficticios