Historias de vida

Historias de Vida de UNICEF Honduras

 

Jóvenes que dejan atrás maras y tatuajes apuestan por hacer ‘Borrón y vida nueva’

UNICEF apoya este proyecto para prevenir la violencia, rehabilitar a jóvenes que abandonan pandillas y borrar sus tatuajes que los estigmatizan e impiden una correcta reinserción social. Óscar decidió dar ese valiente paso y está a punto de concluir todo el proceso.

 © UNICEF Honduras / 2011 / Eduardo Cálix
VÍDEO: El de 'Roberto' es otro caso de un joven que un día decidió tatuarse y que hoy, sin quererlo, lo estigmatizan y le ligan a una de las organizaciones criminales más temidas de Honduras. UNICEF lo acompañó a su primera sesión en el proyecto 'Borrón y Vida Nueva' para deshacerse de esas marcas.


Por Marcos González

 

Tegucigalpa, 18 de agosto de 2011.- Estamos en Nueva Jerusalén, una colonia considerada como ‘zona caliente’ por la policía en la capital hondureña. Las niñas y niños que habitan en ella parecen vivir ajenos a los crímenes y delitos que se registran con demasiada frecuencia en la zona, y juegan riendo por sus calles, entre pequeñas viviendas construidas de forma precaria y en las que no siempre están cubiertas las necesidades más básicas.

 

Óscar nos recibe sonriente en una de ellas. Él conoce muy bien las actividades delictivas que le rodean: vivió buena parte de su infancia y adolescencia como miembro de la Mara 18, una de las pandillas más violentas de cuantas operan en Honduras.

 

Apenas tenía nueve años cuando entró en contacto con el grupo. Creció con la pandilla, y asegura que la consideraba su auténtica familia. “Mis padres ya habían muerto, así que sentía que ellos me daban el cariño que me faltaba”, recuerda. Esta situación de vulnerabilidad le llevó a integrar en el grupo, en el que fue ascendiendo escalas hasta convertirse en uno de los líderes de la pandilla en varios sectores.

 

Óscar sólo tiene 25 años, pero su rostro demuestra que ha pasado por experiencias que no le corresponden a un joven de su edad. Sorprendentemente, transmite paz y tranquilidad cuando habla. También cuando rememora el tráfico de droga, robos e incluso homicidios en los que participó siendo miembro de la mara.

 

“En mi conciencia siempre permanecerán aquellas acciones por el sufrimiento que causé a muchas personas. Son cosas que a uno le hacen sentir mal, muy mal, pero ya uno no puede retroceder… Menos mal que ahora todo es diferente a la vida anterior”, rememora.

  © UNICEF Honduras / 2011 / M. González
Óscar llegó a ser uno de los líderes en la mara de la que formaba parte. Desde hace años, se dedica a ayudar a quienes se encuentran en situaciones vulnerables.

 

Nueva vida

Óscar denomina “vida anterior” a todo lo sucedido antes de 2004. Por aquella época, él tenía 18 años y permanecía encerrado en una cárcel junto a otros componentes de su misma mara. Fue justo entonces cuando, impulsado por una fuerte fe y convicción religiosa, decidió abandonar la pandilla y empezar una nueva vida. Pero no fue fácil.

 

“Cuando yo decido irme, las cosas cambian. La mara ya no era mi familia, ya no había amor sino odio, un gran rechazo, desprecio, insultos y golpes”, recuerda. Asegura que tuvo que soportar palizas por parte de sus ex compañeros durante más de siete horas, algo que él califica como “parte del proceso” para dejar el grupo.

 

A la hora de pasar página, sin embargo, Óscar se encontró con grandes obstáculos. Sus tatuajes fueron uno de ellos. Los grandes dibujos identificativos de la mara que recubrían buena parte de su cuerpo le causaban el rechazo de quienes le rodeaban.

 

“Si descubren tus tatuajes es muy difícil, por ejemplo, encontrar un puesto de trabajo -dice-. También es un riesgo importante si te encuentras con algún miembro de pandillas contrarias”.

  © UNICEF Honduras / 2011 / M. González
Óscar posa junto a su famiila ante la vivienda que habitan en la colonia Nueva Jerusalén. Su vida cambió por completo cuando decidió dar el paso de abandonar las maras.

 

‘Borrón y vida nueva’

Fue entonces cuando Óscar comenzó a participar en el programa ‘Borrón y vida nueva’. Este proyecto, gestionado por el Programa Nacional de Prevención, Rehabilitación y Reinserción Social  con varias ONGs y apoyado por UNICEF, pretende prevenir la violencia desde la escuela y evitar que niñas, niños y adolescentes ingresen en maras. Por otro lado, trabaja por lograr la reinserción social de quienes ya son miembros y deciden abandonar el grupo.

 

Para ello, se les somete a un proceso de rehabilitación de posibles adicciones a drogas y/o alcohol, y se les capacita con conocimientos para desempeñar oficios como carpintería o construcción. Finalmente, se les ofrece el borrado con avanzadas máquinas de rayos láser de los tatuajes que los estigmatizan como criminales de por vida frente al resto de la sociedad.

 

El proceso de borrado se logra con una maquina laser Q YAG 5, cuyo costo asciende a 66,000 dólares y que UNICEF proporcionó para hacer realidad el deseo de jóvenes que hoy quieren borrar de sus cuerpos las señas que en el pasado se tatuaron por integrar una pandilla o por mera curiosidad. 

 

“El  que se eliminen de su cuerpo estos tatuajes les permite ser vistos por la sociedad con otros ojos, porque si no se borran las marcas que la mara les impuso, la gente sigue viéndolos como pandilleros. Aunque deseen salirse de esos grupos, en la mayoría de los casos no son aceptados en las entrevistas de trabajo por lucir un tatuaje”, comenta Enoc Padilla, médico encargado del proyecto.

Óscar está a punto de concluir esa última fase, y los resultados son más que evidentes desde la quinta o sexta sesión. Con orgullo, aunque también con cierto recelo, nos muestra su cuerpo. Hoy apenas queda nada de las marcas de tinta que antes existían sobre su espalda, brazos y pierna. “En el pecho tenía cuatro letras con mi sobrenombre en la mara, pero la máquina lo quemó todo. Aún quedan pequeños restos, pero los eliminaré en breve”, nos cuenta esperanzado.

  © UNICEF Honduras / 2011 / R. Castro
El médico Enoc Padilla utiliza la máquina que permite la retirada de los tatuajes sobre la piel de un participante en el programa 'Borrón y Vida Nueva'

 

Ayudar a la gente

La vida actual de Óscar poco o nada tiene que ver con sus años de adolescencia. Algunos de sus seis hijos corretean por su alrededor mientras charla con nosotros, bajo la tímida mirada de su esposa Brenda. Además de trabajar desde hace dos años en una empresa, ahora colabora activamente con el Programa Nacional de Prevención y sale a la calle o acude a cárceles para hablar con jóvenes que estén en maras o en riesgo de exclusión social. “Lo que más deseo es ayudar a esa gente”, subraya con una gran sonrisa.

 

Con ellas y ellos comparte sus experiencias y les transmite un claro mensaje. “Al principio todo se mira bonito, pero lo peor es que después no resulta nada fácil salir de estos grupos. Quien entre, que tenga claro que lo que le toca es la muerte. Y que tenga en cuenta que su familia lo rechazará, que perderá el amor de los suyos, así que… ¡evite las pandillas a toda costa!”, concluye.

 

Durante el año 2010, el Programa de Prevención Nacional desarrolló sesiones de borrado de tatuajes con más de 650 jóvenes en las ciudades de Tegucigalpa, San Pedro Sula y La Ceiba. Según este programa, en Honduras hay más de 5,000 niñas, niños y adolescentes que pertenecen a pandillas como la Mara 18 y la Mara Salvatrucha (MS).


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