Historias de vida

Historias de Vida de UNICEF Honduras

 

El derecho a una educación de calidad: ¿garantizado?

La Convención sobre los Derechos del Niño, ratificada por 188 países en 1990, recoge en su artículo 28 una de las claves para el desarrollo de la infancia: la enseñanza. César David nos cuenta cómo se desarrolla este derecho en Honduras.


Giacomo Pirozzi, Unicef Honduras 2007.

 

Febrero 2009, Tegucigalpa. - “Los Estados Partes reconocen el derecho del niño a la educación y, a fin de que se pueda ejercer progresivamente y en condiciones de igualdad de oportunidades, deberán adoptar medidas para fomentar la asistencia regular a las escuelas y reducir la tasa de deserción escolar”. La Convención sobre los Derechos del Niño, ratificada por 188 países en 1990, recoge en su artículo 28 una de las claves para el desarrollo de la infancia: la enseñanza.

 

Quien muestra una fuerte conciencia de ello es César David Láinez, estudiante de secundaria, que contesta sin titubeo a cualquier asunto relacionado con la educación. Preside el Gobierno Escolar de su colegio, El Patria, ubicado en el departamento de Puerto Cortés. Nada más oír los datos sobre deserción escolar, su opinión se escucha segura a través del teléfono. “Influye el factor económico de las familias, pero también la infraestructura de los colegios. En mi escuela somos 5.000 estudiantes en las tres jornadas y tenemos hacinamiento en todas las aulas”, explica con la vehemencia de quien conoce la vida cotidiana en las escuelas. Por no hablar del deterioro de los sanitarios o de las paredes de la biblioteca, para la que hace poco organizó una actividad conjunta de reconstrucción.

 

Durante los últimos años, se han producido avances gracias al impacto del Programa Matrícula Gratis –de

“Influye el factor económico de las familias, pero también la infraestructura de los colegios. En mi escuela somos 5.000 estudiantes en las tres jornadas y tenemos hacinamiento en todas las aulas”

2005 a 2008, la matriculación ha crecido en más de 200.000 niños y niñas-, la cobertura en el acceso a la educación básica o la mejora en el rendimiento de las matemáticas y el español. Sin embargo, el sistema educacional en Honduras sigue caminando lento en Centroamérica, con una tasa de deserción escolar preocupante: 15.000 jóvenes abandonan las aulas cada año, según datos del Ministerio de Educación.

 

Responsabilidad compartida

El país ha recorrido, pero aún está lejos de cumplir con las metas del Plan Todos con Educación de Calidad (EFA), impulsado por el Gobierno y la Cooperación Internacional. Como apunta César, la solución vendrá de asumir que se trata de una responsabilidad compartida de la comunidad educativa. “El Gobierno debe seleccionar a profesores de calidad y los padres tienen que implicarse en la educación de sus hijos, preocupándose por las notas o protestando si es necesario”, señala. También admite el conformismo de los estudiantes con las huelgas, que fulminaron 30 días del curso pasado en su colegio: “Nos alegramos cuando no tenemos clase, pero no nos la vamos a pasar jugando siempre. Tenemos derecho a divertirnos, pero también a estudiar”, reconoce César, que escogerá la carrera de Dirección de Empresas y sabe que es su futuro el que está en juego. A su entender, el Estado y las instituciones internacionales deben garantizar el respeto de los derechos y las libertades; pero “nosotros también debemos exigirlos”.

 

Hipólito Láinez, padre de César y Presidente de la Sociedad de Padres de Familia del Instituto Patria, tiene un panorama completo del sistema y sus carencias. A la hora prevista, nos atiende por teléfono desde la fábrica de tela en la que trabaja, donde los supervisores le animan en su “pacto” con la educación. Sabe que sus hijos, como alumnos con potencial a desarrollar –el hermano pequeño de César es campeón departamental de matemáticas- son los principales afectados. Él, como padre, trata de combatir el déficit como puede: “A la educación hay que dedicarle rigor y cariño. Si hay paro, lo denuncio ante el director cuando corresponde y trato de que mis hijos aprovechen ese tiempo estudiando en casa”.

 

 

Inversión y resultados

El Estado dedica el 35 % de sus presupuestos generales a la educación. Son 18 mil millones de lempiras los que entran cada año en las arcas de la enseñanza. Los resultados no compensan la inversión en el sector, la más alta de la región, por encima de lo recomendado por la UNESCO.

 

De la totalidad del gasto, un 90 % recae en los salarios de los profesores, un gremio que durante los últimos

 “El Gobierno debe seleccionar a profesores de calidad y los padres tienen que implicarse en la educación de sus hijos, preocupándose por las notas o protestando si es necesario”, explica César David

años coloca la mejora salarial y los “pagos atrasados” en el centro de sus manifestaciones. “Tienen todo su derecho a reclamar, pero puede hacerse con orden, organización y diálogo”, apunta César. A su manera, continúa aportando soluciones. “Podrían designar a suplementes para evitar interrupciones en el ciclo escolar”, expresa, dejando entrever su experiencia en reivindicaciones. Y es que este muchacho lideró una por la subida del bono educativo familiar, para la que tuvo el apoyo de estudiantes, profesores y asociación de padres. César cambia los roles de la entrevista y cierra lanzando una interrogación: ¿“Por qué cuándo los profesores hacen huelga no lo manejan igual?”.

 

Objetivos del Ministerio

Los planes se antojan favorables para 2009. Omar Palacios, portavoz del Ministerio de Educación, incide en la medición del rendimiento académico del docente, incluida la publicación de sus resultados. Las capacitaciones a los maestros en horarios que no coincidan con el escolar y el cumplimiento de los 200 días lectivos conforman las metas del Ministerio de Educación en lo que a supervisión se refiere. “Este año es político y el sistema educativo no está exento de verse afectado, por eso –concluye- es necesario planificar muy bien el sistema”.

 

Palacios, director también del Plan Educación para Todos, pone como ejemplo el método de los docentes de El Salvador que, gracias a una escala de presiones, evitan que se paralice el sistema educativo. Lamenta, además, que las reclamaciones  sean siempre salariales y nadie hable de una agenda de transformación educativa, como hacían los líderes gremiales docentes de la década de los 80.

 

 
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