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Desnutrición crónica y mortalidad infantil


                                             

El respeto de los derechos de los niños a la supervivencia y al desarrollo ha avanzado con lentitud. La tasa de mortalidad infantil se redujo de 39 a 29 por 1.000 nacidos vivos entre 1991- 1992 y 2006. El resultado se debe a la reducción de la mortalidad neonatal de 20 a 11 por 1.000 nacidos vivos. Aunque la tasa nacional de mortalidad de menores de 5 años es de 37 por mil nacidos vivos, supera los 50 por 1.000 nacidos vivos en dos de los 18 departamentos del país: Copan e Intibucá.

De los menores de 5 años -838,365 en 2006- el 31 % padece desnutrición crónica. O sea, tres de cada 10 niños están crónicamente desnutridos. La tasa de mortalidad materna, de 108 por cada 100,000 nacidos vivos, es inaceptablemente elevada y en las zonas de acceso más difícil llega a duplicar el promedio del país. Las coberturas de agua potable y de saneamiento básico siguen siendo reducidas, especialmente en las zonas rurales y entre las poblaciones dispersas.

Las causas principales de la mortalidad infantil son las infecciones respiratorias agudas, las enfermedades diarréicas, las complicaciones en el parto y los accidentes. La mortalidad materna bajó durante la década de los 90, aunque el nivel actual se desconoce por falta de estadísticas oficiales. En 2001, la proporción de jóvenes de entre 20 y 25 años que tuvieron su primer hijo antes de los 18 años alcanzó el 28 %.

Apróximadamente, el 18 % de la población no tiene acceso a servicios básicos de salud, el 10 % no tiene acceso a agua potable y el 32 % no dispone de saneamiento. La proporción de niños nacidos en hospitales y clínicas aumentó del 54 % en 1996 al 62 % en 2001, pero la calidad de los servicios siguió siendo baja. Muy pocos niños menores de cinco años reciben atención integral que incluya su desarrollo cognitivo y psicosocial. A finales de 2005 se elaboró la Política Nacional de Salud Materno Infantil, la Política Nacional de Nutrición y Seguridad Alimentaria y el Plan Nacional de Salud 2021.

La malnutrición crónica apenas descendió -del 38 % al 33 % entre 1997 y 2001-. Sigue siendo elevada por la escasa disponibilidad de alimentos, las prácticas nutricionales inadecuadas y las repercusiones de las enfermedades. Este problema es más grave entre la población rural y los pueblos indígenas -UNICEF estima que la malnutrición es 1,6 veces mayor entre los niños lenca y chortí que entre los ladinos-. En 2001, sólo el 43 % de las madres practicaron la lactancia materna exclusiva y 150.000 hogares no consumían sal yodada.

 

 
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